¿Está Gustave Eiffel detrás del diseño de las Naves del Barranco? La pregunta se ha puesto en boga tras la inminente inauguración del mercado «gourmet» que hoy abre sus puertas a escasos metros del Puente de Isabel II. Hierro galvanizado, espacio diáfano, cristaleras, columnas de fundición… Todo apunta al arquitecto parisino, pero ¿fue él?

La antigua Lonja de Pescado, conocida como el Mercado o las Naves del Barranco, es una de las obras arquitectónicas más interesantes en hierro de la Restauración, un estilo que se impuso a mediados del siglo XIX y que tiene al hierro y al acero laminado, hormigón armado o vidrio como elementos básicos de construcción. Estos nuevos materiales facilitan los principales cambios dentro de la arquitectura, impulsados por los avances de la revolución industrial. Priman los espacios funcionales que generen grandes naves, fábricas, puentes y mercados, todos propios de una incipiente sociedad capitalista.

El arquitecto Eiffel se graduó en la École Centrale des Arts et Manufactures de París en el año 1855. Doce años después funda la constructora y consultar Eiffel et Cie, con la que adquiere prestigio internacional por el buen uso que hace del hierro y especializándose en puentes y grandes estructuras. Su gran encargo, y con la que alcanza relevancia mundial, le llega veinte años después con la construcción de una gran estructura de hierro para la Exposición Universal de 1889 de París. «Un arañazo en el bello rostro de París», decían los parisinos. La torre Eiffel, que en la actualidad es el símbolo más reconocido de la Ciudad de la Luz.

En 1883 se inaugura la Lonja del Barranco, que tiene una superficie diáfana de unos 700 metros cuadrados. Con este complejo se cumplía con la petición de los pescadores de Ayamonte, representado por el gremio de los Mareantes, al Ayuntamiento de Sevilla formulada en 1854 a fin de acondicionar un espacio para la venta y contratación de pescados. El conjunto consta de cuatro naves cubiertas con bóvedas de cañón a base de hierro galvanizado soportado por una estructura y columnas de fundición.

Por fechas y estilos arquitectónicos, puede parecer que Eiffel diseñase las Naves del Barranco. El arquitecto parisino se gradúa en 1855 y en 1861 se toma la decisión de construir la lonja. El encargo se produciría en noviembre de 1876. Pero, ¿llamaría el Ayuntamiento de Sevilla a Gustav Eiffel para proyectar el nuevo mercado?

No. La controversia que ha rodeado a esta cuestión se salda consultando la ficha técnica del inmueble en la Gerencia de Urbanismo y en otros documentos de la biblioteca de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Sevilla, a donde señala un estudio del Colegio Oficial de Arquitectos de Andalucía Occidental y Badajoz. Ambos organismos afirman en sus informes a la empresa sevillana Portilla, White y Cía, como autora del proyecto y ejecución de la lonja. Ni rastro de Gustav Eiffel.

Las Naves del Barranco

La construcción del complejo tuvo complicaciones desde su concepción. Según figura en el catálogo de edificios de la Gerencia de Urbanismo, «se suceden los encargos de proyectos a los arquitectos municipales y a particulares sin éxito, como el realizado por Manuel Galiano en 1865, hasta que en 1876 la fundición Portilla, White y Cía presenta una proposición para construir un edificio en dos naves de hierro por 173.000 reales de vellón».

Las dos naves proyectadas se convirtieron en cuatro y, a pesar de cuajar el proyecto arquitectónico, hubo protestas por la ubicación elegida, más arriba del puente, lo que no era idóneo dado que «al parecer, los barcos no podían pasar bajo los arcos del puente en épocas de crecida y, por lo tanto, era imposible descargar la mercancía en la lonja», relata el informe de Urbanismo.

Otra de las cuestiones que provocó la queja de varios sectores de la ciudad fue la adjudicación de la obra que, según denuncia el concejal arquitecto Juan Talavera de la Vega en el año 1877, se hicieron «sin prensa consultas ni concurso». «Las investigaciones que se derivan de esta denuncia dan, en el fondo, la razón a Talavera, pero aconsejan como mal menor que continuase la obra, que finaliza en 1883 con la colaboración del arquitecto municipal Francisco Aurelio Álvarez», explica el documento.

Pero, hasta convertirse a mercado gourmet, este singular edificio ha albergado una lonja, una oficina de información turística o centro de exposiciones. Desde hoy, este espacio de hierro y vidrio saciará el apetito de los más exigentes paladares y amantes de la arquitectura.