Las calles del centro de Sevilla son un buen ejemplo de aprovechamiento de los escasos recursos. El terreno en el que se asienta la ciudad fue pobre de materia prima para la construcción. Sin piedra para edificar, los arquitectos de la época tuvieron que ingeniárselas para solucionar según qué problemas derivados de la fragilidad de los mimbres. En sus paseos por el casco antiguo, miren a las esquinas de la antigua Judería, son las más nobles de Sevilla. ¿Saben por qué?

Esquinas de SevillaLas casas del centro de Sevilla, sobre todo las edificadas en el antiguo barrio de la Judería, están construidas a base de muros de tapial, un compactado de tierra con guijarros. «Estas paredes duran siglos por ser inmunes a la lluvia, al viento, al fuego, siendo más fuertes que cualquier cemento», describe el científico, filósofo, escritor, historiador, naturalista y militar romano Plinio el Viejo en su obra «Naturalis Historia». Sin embargo, este material -bien valorado también por su efecto bioclimático por su efecto vasija- acarreaba problemas de desgaste con el paso de los años y por los continuos roces con los bujes de los carruajes.

Para evitarlos, los arquitectos de la época recurrieron a dos elementos de alta dureza que abundaban en la ciudad, escasa en piedras. Para los muros, ruedas de molino; y para las esquinas, la columnas romanas de las casas palacio. Por este motivo, no resulta extraño ver por las calles del centro de Sevilla un importante catálogo de restos romanos encastrados a modo de guardacantones.

Esquina y ruedas de molino

Los hay de mármol o de granito, los fustes con o sin capiteles, con más o menos detalle… estos materiales de acarreo, provenientes del derribo de otros edificios, generalmente de la época romana, resultaron ser excelentes canteras para la construcción de nuevos inmuebles. Una respuesta lógica, dado que era el material más a mano que existía en una ciudad alejada de las canteras. Reutilización, reciclaje, simplemente, ingenio.