Que la capital hispalense tenga uno de los cascos antiguos más extensos de Europa, y que ese centro se trace a través de calles sinuosas y cargadas de historia, hace que sean inagotables los rincones de la ciudad por descubrir.

Ya les ofrecimos una ruta por diez plazas ocultas, y con encanto de Sevilla. Hoy queremos ampliar esa lista de lugares que se encuentran muy cerca del circuito más popular, pero por los que a menudo no suele repararse, o resultan desconocidos, pese a la belleza y riqueza en detalles que presentan. Abra los ojos, e imprégnese de este nuevo decálogo a la sevillana.

 

1) Refinadores

La Plaza de los Refinadores, con la estatua de Don Juan Tenorio en el centro / Fran Piñero

La Plaza de los Refinadores, con la estatua de Don Juan Tenorio en el centro / Fran Piñero

En el límite extramuros del barrio de Santa Cruz se halla esta plaza, ignota para muchos sevillanos pero en la que se encuentran dos símbolos de la capital hispalense.

El primero, y más evidente, es la efigie de Don Juan Tenorio. Si en la cercana plaza de Alfaro se encuentra el legendario Balcón de Rosina, punto clave de la ópera «El Barbero de Sevilla», aquí se rinde homenaje al pícaro galán gestado por la mente de José Zorrilla, debidamente descrito en el pedestal de esta estatua labrada por Nicomedes Díaz.

El segundo es la casa que hace esquina, con su vistoso balcón, su remate superior en arco, su estilo regionalista y su regia portada, ya en la calle Cano y Cueto. Se trata de una obra de Aníbal González para la vivienda de Luis Prieto, ejecutada entre 1915 y 1919.

El tipo gremial del nombre de esta plaza se repite en una línea imaginaria que se trazaría en dirección a la puerta de Carmona. En esa travesía hallará la plaza de los Curtidores y la de los Zurradores. Dos remansos de paz paralelos a la avenida de Menéndez Pelayo.

 

2) Archivo de Indias

Los asimétricos jardines del frontal del Archivo de Indias culminan en una «plaza» y fuente central / Fran Piñero

Los asimétricos jardines del frontal del Archivo de Indias culminan en una «plaza» y fuente central / Fran Piñero

Tal vez le sorprenda esta instantánea ¿Se encuentra en el interior del recinto? Puede que piense. Lo cierto es que se trata de un rincón realmente visible, pero oculto por la magnitud del contexto en el que se inserta: el conjunto Patrimonio de la Humanidad que suponen los Reales Alcázares, la Catedral y El Archivo de Indias.

Hablamos de la recoleta plaza que sirve de eje a los pequeños, y asimétricos, jardines que embellecen el frontal del edificio renacentista creado a finales del siglo XVI como Casa Lonja de Mercaderes.

Quizás así se le escape. Sólo habrá que mencionar que, prácticamente dos siglos más tarde, en 1785, la construcción se convertiría en Archivo de Indias, para reunir en una única construcción todos los documentos relativos al comercio con América, hasta entonces repartidos entre Simancas, Cádiz y la capital hispalense.

El enclave presenta doble forma octogonal, en la de la propia plaza y en la forma de la fuente en la que rematan un par de peces, o criaturas marinas, enroscadas. Para acentuar la sensación de conjunto, los tonos del mármol son análogos a los de la fachada.

Concluyen la escena cuatro leones que apoyan una de sus patas delanteras sobre la bola del mundo, y una exótica vegetación donde destacan las palmeras datileras.

 

3) Jardines de Montesinos

Un busto de Antonio Mairena remata la escultura que articula la plaza central de los jardines de Montesinos / Fran Piñero

Un busto de Antonio Mairena remata la escultura que articula la plaza central de los jardines de Montesinos / Fran Piñero

Es éste otro de los sitios donde hay que saber mirar, para así encontrar un tranquilo rinconcito en medio del amplio y transitado Paseo de Cristóbal Colón. Para llegar a él basta con dejar atrás el Puente de Isabel II y adentrarse en los jardines que llevan el nombre del Hijo Predilecto de Sevilla, y Doble Premio Nacional de Literatura, Rafael Montesinos.

En el centro está la plaza, con sus sevillanos bancos de forja, y una estatua en torno a la que se dispone el lugar. El idílico momento tan sólo será roto por el incesante ruido del tráfico de la avenida. Para ello concéntrese en el rostro de Antonio Mairena, homenajeado en el busto. Seguro que sentirá los pulsos del flamenco.

Como explica el crítico Manuel Martín Martín, la estatua, de bronce, mira «de reojo a Triana sin perder de vista Sevilla pero siempre con la mirada en dirección a Cádiz». Para cerrar el simbolismo, el granito, material del pedestal de la obra de Augusto Morilla, analogía de la dureza de este cante.

 

4) Gandesa

Regias fachadas, las de la calle Gandesa / F.P.

Regias fachadas, las de la calle Gandesa / F.P.

Lo que aquí se presenta es más una barreduela que una plaza, de las que se necesita precisa instrucción para poder encontrar, dada su posición puramente oculta y la reja que hace creer al visitante que se trata de un recinto privado.

Realmente de eso se trata, pues es el espacio al que confluyen cuatro casas particulares en el entorno de la calle Corral del Rey, antesala de la Judería sevillana.

Al atravesar el umbral encontrará una fachada de lo más llamativa, con sus persianas de esparto convenientemente terciadas, en medio de una arquitectura de líneas rectas y con el detalle de un azulejo en la parte superior.

Como explica la web retablocerámico, se trata de la Virgen del Coral, en una pieza de Montalván creada en la década de los años 20.

Igualmente llamativa es la casa número 3, en especial por las molduras del balcón.

Como apunte, fue en esta calle donde tuvo su sede las Escuelas Francesas desde su fundación, en 1903, hasta su llegada al Palacio de Juana Peyré, en la calle Abades.

Cuesta creer, dada la tranquilidad del lugar, que un día viese «desfilar» a los 700 alumnos que llegó a tener el centro educativo en esta época.

 

5) Buen suceso

Fachada de la iglesia del Buen Suceso, en la plaza del mismo nombre

Fachada de la iglesia del Buen Suceso, realizada por Leonardo Figueroa, en la plaza del mismo nombre

Este es otro de los rincones inesperados del centro hispalense, otra pequeña plazuela a la espalda del Cristo de Burgos, en dirección a la Alfalfa. Así, en el cruce de Mercedes de Velilla con Ortiz de Zúñiga se describe este recoleto espacio triangular, donde no falta la fachada señorial, el par de naranjos que la «escoltan» y la iglesia, que destaca por sus líneas rectas y su fachada de ladrillo, restaurada en la última década.

Como dato histórico, la plaza era denominada como «de la Calceta», por ser el lugar de los calceteros, hasta que se erigió en ella un hospital que seguía las trazas de la desaparecida iglesia del Buen Suceso de Madrid, sita en uno de los extremos de la Puerta del Sol.

Lo único que queda del recinto es la iglesia, construida entre 1690 y 1730 bajo la pericia de Leonardo Figueroa. En su interior es posible ver trabajos de Pedro Roldán, como son las columnas que dan mayor sensación de amplitud; las efigies de San Alberto y Santa Teresa, de Alonso Cano; y la imagen de Santa Ana, gubiada por Martínez Montañés, además de la Virgen del Carmen, de Barbero.

 

6) Compás Mortaja

El compás del exconvento de la Paz destaca por su cuidada vegetación y la profusión de detalles / Hermandad Mortaja

El compás del exconvento de la Paz destaca por su cuidada vegetación y la profusión de detalles / Hermandad Mortaja

Si alguna vez ha tenido la ocasión de acceder al templo en que radica la Hermandad de la Sagrada Mortaja, coincidirá con este servidor de que el espacio que sirve de antesala, entre Bustos Tavera y la propia iglesia, es uno de los de mayor encanto de Sevilla.

El compás, junto con el templo, es lo poco que ha legado del que fuera el convento de la Paz, residencia de las monjas agustinas desde su fundación, en 1572, hasta el «temible» siglo XIX, cuando fueron exclaustradas en 1837.

Tras el decisivo episodio, el recinto quedó en desuso hasta la llegada de la Corporación en 1936. Tal vez la esencia de su belleza sea esa: el ofrecer al «visitante» una estampa de la Sevilla monacal que aún rezuma el verdor de sus plantas, los retablos cerámicos de las paredes, los pequeños faroles que enmarcan la sobria cruz negra o el mimo en su mantenimiento.

Como curiosidad, sobre la portada de la iglesia se halla una pintura de Maireles en la que se representa el momento en que fue encontrada la Piedad en la torre de Santa Marina, antigua sede de la Hermandad.

 

7) Molviedro 

El apacible día a día en Molviedro, lejos del bullicio de Semana Santa / Fran Piñero

El apacible día a día en Molviedro, lejos del bullicio de Semana Santa / Fran Piñero

Lo que ocurre con Molviedro es un caso muy curioso. Durante la Semana Santa es uno de los puntos de paso fundamentales, dado el número de cofradías que procesionan por los alrededores y la propia plaza, y por los momentos de recogimiento que ofrece el enclave.

Sin embargo, el bullicioso aforo tiende a fijar su atención en los cortejos, y no a reparar en el propio espacio que, dicho sea de paso «allí se queda», oculto, por norma general, «hasta el año que viene».

Cualquier día es buen momento para recalar en esta tranquila plaza, en contraste con la actividad de las cercanas Zaragoza y Arfe-Adriano. Entonces podrá observar la cruz de forja, o los edificios de corte sevillano, entre los que se encuentran una de las sedes de la Escuela de Hostelería o el taller de orfebrería de Marmolejo, además de la capilla del Mayor Dolor, templo de Jesús Despojado.

Como dato histórico, el lugar recibe el nombre del arquitecto Manuel Prudencio de Molviedro, que reformó a mitad del siglo XVIII lo que era conocido como Compás de la Laguna, o lo que es lo mismo, la mancebía hispalense, comprendida entre la calle Harinas, Zaragoza, Santas Patronas y la antigua muralla almohade, paralela a Adriano. La plaza de Molviedro, concretamente, era lugar de encuentro y fiestas.

 

8) Contratación

Majestuosa fachada del edificio de la Junta de Andalucía que ocupa el lugar de la antigua Casa de la Contratación / Fran Piñero

Majestuosa fachada del edificio de la Junta de Andalucía que ocupa el lugar de la antigua Casa de la Contratación / F. Piñero

Este enclave del Casco Antiguo ofrece un doble juego, una doble «plaza» oculta. Es cierto que, por su situación a la espalda de tres monumentos fundamentales de la ciudad, su presencia no es un completo misterio para el sevillano.

Sin embargo, lo que seguramente no conozca es que, en el interior del edificio principal, hoy sede de la Consejería de Presidencia, y de la Delegación del Gobierno de la Junta de Andalucía, existe un patio almohade, en su tiempo parte de los Reales Alcázares.

Pasarelas, desniveles, cuatro albercas en las esquinas, una fuente central que da forma al conjunto, motivos de sebka en los arcos… Rasgos definitorios del estilo al que pertenece este espacio abierto.

Volviendo al exterior, cabe destacar que el actual edificio, con reminiscencias historicistas, se comenzó a levantar en 1973, con diseño de Rafael Manzano, sobre el solar que ocupaba la emblemática Casa de la Contratación de Indias, integrada inicialmente en el palacio almohade.

 

9) Virgen de las Angustias

A la espalda del antiguo convento de los terceros se encuentra esta plaza rematada en un inmenso ficus / Fran Piñero

A la espalda del antiguo convento de los terceros se encuentra esta plaza rematada en un inmenso ficus / Fran Piñero

¿Sabría decir donde se encuentra la calle Virgen de las Angustias? Una pista: se encuentra a medio camino entre los dos últimos templos en los que ha radicado la hermandad de los Gitanos: San Román, y el Santuario actual en la calle Verónica.

La manera de encontrarla es enfilar Matahacas y, en torno a la mitad, verá como a la derecha se abre un pequeño callejón, de los que engañan, tras una cancela. Esto es así porque realmente pertenece al recinto privado de la Urbanización Escuelas Pías y sus locales comerciales.

Al avanzar por la angosta calle se desemboca en una amplia plaza, aunque lo mejor está por llegar. Al límite del callejón se llega a un nuevo ensanche, con un inmenso ficus de inabarcable copa. De apariencia casi mística.

Se trata de la trasera del antiguo convento de los Terceros, una zona que bien podría corresponder a las amplias huertas de que constaba el recinto, hoy reducido a los dos patios porticados y ciertas dependencias que pertenecen a Emasesa, y la iglesia del mismo nombre. Un lugar en el que parece mantenerse esa sensación de «retiro espiritual» que trascendía antaño.

 

10) San Andrés

El colorido y las formas, rasgos característicos de la plaza de San Andrés, remanso de paz a pocos metros del circuito comercial / Fran Piñero

El colorido y las formas, rasgos de la plaza de San Andrés, remanso de paz a pocos metros del circuito comercial / F. Piñero

Tal vez no sea la más oculta de esta lista, pero tiene un encanto irrefutable. Para aquellos que no la conozcan, San Andrés es un rincón a medio camino entre la Encarnación y el Duque, entre San Martín y la calle Laraña. Realmente es la continuación, hecha plaza, de la calle Orfila.

Una vez situado, la disposición triangular del espacio hará el resto, con el irremediable «punto de fuga» en el templo que da nombre al lugar, creado en el siglo XIV con evidente estilo gótico-mudéjar.

Resulta muy llamativo observar los distintos volúmenes de la iglesia, así como los remates almenados», entre los cuajados y abundantes naranjos que delimitan la plaza, con su característico suelo empedrado. Tome asiento en alguno de sus bancos de forja, y recuerde los 20 rincones «ocultos» de Sevilla que ya no tienen secretos para el que los mira.