Casco Antiguo, Triana, Macarena, los arrabales… Los retablos cerámicos son ubicua muestra de la devoción de una ciudad a sus imágenes procesionales, y todo un catálogo público de destreza artística: la de pintores y ceramistas cuyas obras son patrimonio histórico de Sevilla.

Elegir los diez más representativos no es tarea sencilla si se alude únicamente al criterio de la calidad. Por ello, esta lista se fundamenta en la singularidad, en aquellos elementos y curiosidades que hacen del azulejo una pieza única. Sirva este reportaje para completar la selección realizada por la web Retablo Cerámico y la Asociación Niculoso Pisano en un reciente reportaje [VER REPORTAJE] de Pasión en Sevilla.

 

1. El Cachorro en el lateral de su fachada principal

Azulejo del Cristo de la Expiración «El Cachorro»

Azulejo del Cristo de la Expiración «El Cachorro»

El caso de este azulejo es bastante curioso pues, pese a encontrarse en la propia fachada de la Basílica del Patrocinio, la disposición de la misma hace parecer que el retablo luzca en el frontal de una casa particular.

Fíjese bien. Si se sitúa frente al regio portalón, a mano izquierda se encuentra la puerta de acceso a dependencias de la hermandad, un cuerpo estrecho y rematado en balcón que bien podría ser una casa trianera. Justo ahí, y ciertamente camuflado por la vegetación de la zona, se encuentra un retablo cerámico de comienzos del siglo XX.

Poniendo atención se apreciará que no hay un gran virtuosismo en la ejecución si lo miramos desde el prisma del realismo, puesto que la obra es fabulosa. Ya se vio que la pieza que sentó las bases del azulejo «fotográfico» fue la del Gran Poder en San Lorenzo, de 1912.

Sobre su origen hay cierta confusión. Hay autores, como Juan Carrero, que aseguran que la obra es de Antonio Kiernam Flores. Otros, como Palomero, afirman que fue Manuel Arellano quien lo ejecutó, con la centuria recién estrenada, en la fábrica de la Viuda de Gómez.

Lo que sí parece estar claro para Martín Carlos Palomo, portavoz de la Asociación Pisano, es que «fue un encargo de un particular, que terminaría por donarlo a la hermandad. Hay documentos que fechan la existencia del azulejo en la fachada de la antigua capilla en 1923. Manuel Macías, que escribió la Historia de la corporación del Cachorro, habla de cómo la hermandad agradeció a unos tales «Señores Gómez Millán» respecto de este tema».

El retablo se desmontó mientras duraron las obras de la actual iglesia y, una vez bendecida, en 1960, fue recolocado. En un lado. Como si fuera una casa de Triana. Como un guiño a su pasado.

 

2. El Nazareno del Silencio en su calle

En el retablo, el Nazareno del Silencio no abraza cruz de carey

En el retablo, el Nazareno no abraza cruz de carey

Sin duda uno de los más reconocibles, por su ubicación en pleno centro de Sevilla.

El retablo del Nazareno del Silencio merece ser incluido, amén de por su calidad, por ser de las excepciones que presentan tejaroz (dosel de obra, forja o madera) a dos aguas.

Las otras piezas serían el azulejo de la dolorosa, la Virgen de la Concepción, ya en la calle Alfonso XII, y el del Señor de las Penas de San Vicente, en la fachada que da a la calle Cardenal Cisneros.

Como curiosidad, fue desmontado hace unos años por obras de restauración del templo de San Antonio Abad. Al recolocarse, tres azulejos terminaron en lugar equivocado. Son los que se encuentran sobre el pie izquierdo.

La obra, de José Macías y Macías en 1917, y rematada en la fábrica de Manuel Rodríguez y Pérez de Tudela, posee gran realismo sin asemejarse a una fotografía, y llama la atención por el paisaje que envuelve al nazareno, un Jesucristo que no abraza, en este caso, cruz de carey.

 

3. El Museo en su capilla

El retablo cerámico de la Hermandad del Museo llama la atención por aglutinar, en una misma escena, a los dos titulares de la corporación. No es el único de Sevilla que lo hace, pues el que figura en la fachada del Santuario de María Auxiliadora, en la Trinidad, recoge al Cristo de las Cinco Llagas con la Esperanza a sus pies.

Sin embargo, mientras que en el caso trinitario se muestra una imagen constatada, pues la Virgen de Astorga procesionaba de esta manera hasta que se le creara paso de palio, en el de la hermandad del Lunes Santo podemos hablar del retrato de una efemérides: la única vez que el Cristo de la Expiración y la Virgen de las Aguas procesionaron juntos fue en el Santo Entierro de 1910.

Eso si se quiere buscar una imagen procesional, pues en caso contrario el azulejo sería un retrato del culto diario, pues esa es la disposición que presentan las imágenes en el día a día de su capilla.

El retablo del Museo muestra a los titulares en su disposición de cultos

El retablo del Museo muestra a los titulares en su disposición de cultos, pues la única vez que procesionaron juntos fue en 1910

El retablo, obra de Antonio Morilla Galea, tiene otra singularidad: se encuentra protegido de los agentes externos. Desde el 2000, una lámina de metacrilato cubre el azulejo, situado más al alcance de la mano de lo deseable.

Tanto es así que, en 1985, la hermandad se vio obligada a retirar el limosnero que figuraba en conjunto desde su colocación, en 1964. Era objeto de continuos robos. Desde entonces, y hasta este 2014, en que ha cumplido 50 años de su bendición, la leyenda «Al cielo causa alegría decir Ave María» sustituye la vieja rendija.

 

4. Los Gitanos en su atrio interior

El cofrade más despistado quedará confuso a su paso por San Román. Seguro que, en los lugares dónde hoy figuran Santa Catalina y el santo que da nombre al templo, recordará por ensueños los rostros del Señor de la Salud y la Virgen de las Angustias. Sin embargo, podrá comprobar como, en la fachada del Santuario de los Gitanos, aparecen dos retablos cerámicos que no son los que seguramente recuerde, pues son diferentes. Pero se mantienen ambos.

La historia es la siguiente: La década de los noventa obliga a la hermandad a exiliarse en Santa Catalina por obras en San Román. La vuelta finalmente no se produce, pues se labran templo propio, el actual, para el que se encargan dos retablos nuevos. Los antiguos, obra de Antonio Morilla Galea en 1955, permanecerían en San Román como recuerdo de su señera estancia.

Un incendio obligó a retirar el azulejo del Señor de la Salud de la plaza de San Román. Tras restaurarse, hoy se ella en el atrio interior del Santuario de los Gitanos.

Un incendio obligó a retirar el azulejo del Señor de la Salud de San Román. Hoy, luce en el atrio interior de su Santuario

Sin embargo, en el año 1999, un incendio destroza la mayoría del azulejo del Señor, que se encontraba justo al lado del rótulo de la plaza de San Román. La corporación recoge las piezas salvables, entre ellas, por suerte, la del rostro, y encarga a José Gómez Clérigo su restauración. O una nueva ejecución, según se mire, pues se habían perdido las tres cuartas partes del mismo.

Cómo ya había azulejos en la fachada, los colocan en el atrio interior del Santuario. El Cristo sobre la tienda de recuerdos y la virgen justo enfrente. Una Virgen que inclina la cabeza hacia la izquierda, al contrario que en la realidad. Era así para «mirar» a su hijo. Cuando ambos aún lucían en la plaza de San Román.

 

5. La Soledad de San Buenaventura en su fachada

El retablo de San Buenaventura destaca por su diseño mixtilíneo

El mixtilíneo retablo de la Soledad S. Buenaventura

La particularidad de esta obra atiende a varios motivos. Por una parte, la amistad de su autor, Enrique Orce Mármol con Enrique Piñal de Castilla, Hermano Mayor de la Soledad a principios de los 50, fraguó este encargo, el único que contrajo el ceramista directamente con una corporación penitencial para figurar en una fachada de templo.

Por otra parte, podríamos señalar esta pieza casi como la obra póstuma de Orce, pues, aunque la concluyó en 1951, no se bendijo hasta abril del año siguiente. Fallecería en julio.

Por último, la pieza destaca por su diseño, que abandona la clásica disposición rectangular por esta apariencia mixtilínea y por sus materiales, pues el moldurón incluye escultura en barro.

Además se presenta en un color tostado poco corriente, siendo todo el conjunto perfilado en rojo.

Cada Viernes Santo, cuando la Soledad de San Buenaventura alcanza la calle Carlos Cañal se produce una curiosa duplicación de escenas. En el paso y en el retablo. A la misma altura. Casi idéntico tamaño. Virtuosismo por partida doble.

 

6. La Exaltación en Santa Catalina

El azulejo se ha redescubierto al inicio de las obras en Santa Catalina

El azulejo se ha redescubierto al inicio de las obras

La singularidad de esta pieza estriba en su historia, en ser un importante anhelo para la Hermandad de los Caballos que nunca parecía llegar a materializarse. Fueron numerosos los años durante los que se podía ver, en la Casa de Hermandad, el boceto de lo que terminaría siendo el retablo cerámico del Cristo de la Exaltación. Que no se bendijo hasta el año 1986. Una obra muy reciente para una corporación de tanta solera.

Del mismo modo, es curioso por presentar bajo la parte principal una especie de cartela en la que se recoge el misterio que, cada Jueves Santo, procesiona por las calles de Sevilla, así como por el moldurón de escayola sobredorada. Por eso y por la técnica empleada, pues es casi tan fiel al modelo como una fotografía.

Es ahí donde entra en juego la personalidad de su autor, Manuel Cordero Oliva, pintor, pero publicitario. Tras ejecutarlo, y ser cocido en el horno del ceramista Alfonso Carlos Orce Villar, lo donó a la que era su propia hermandad.

Al igual que el del Museo, este retablo se encuentra protegido por una lámina de metacrilato.

En espera de unas obras que no parecían arrancar nunca, el azulejo se cubrió en 2009, permaneciendo así todo un lustro. Hace escasas semanas volvió a descubrirse. Símbolo de que Santa Catalina volverá pronto a ser lo que fue.

 

7.  El Calvario en la Magdalena

Si en el anterior reportaje atendíamos a sustituciones en los retablos cerámicos por cambios en los titulares o en las sedes de la hermandades, en este caso observamos como el estado de conservación puede suponer nuevas obras.

Se trata del azulejo del Cristo del Calvario que figura en la fachada principal de la parroquia de la Magdalena. En ese mismo emplazamiento, en 1928, se colocó un primer retablo, de autor y fábrica desconocida, donado por Antonio Sánchez-Bedoya, Hermano Mayor en la época.

A los pocos años de su bendición, a cargo del cardenal Ilundáin, hubo que retirarlo y, en vez de proceder a la restauración, la Junta de Gobierno prefirió encargar uno nuevo a Alfonso Córdoba, confeccionado en la fábrica de Pedro Navia y bendecido en 1943.

A la izquierda, el azulejo que figura en la Magdalena en la actualidad. A la derecha, la pieza original

A la izquierda, el azulejo que figura actualmente en la Magdalena. A la derecha, la pieza original, hoy en una finca privada

Aunque según los entendidos el actual es de mejor factura, el azulejo primitivo logra plasmar el color amarillento, mortecino, que presenta el crucificado a las claras del alba.

«Fue una gran satisfacción encontrar el original, saber que no se había perdido, aunque las dimensiones que presenta ahora son más reducidas, seguramente por adecuarlo al nuevo espacio físico», explican desde la Asociación Niculoso Pisano.

Ese nuevo punto es la espadaña de la Hacienda Villanueva del Pítamo, a la salida de Sevilla. Un cortijo propiedad de los Sánchez-Bedoya.

 

8. La Esperanza de Triana en Astilleros

La Esperanza ampara a los marineros, desde Triana a la Esclusa

Esperanza, amparo marinero, de Triana a la Esclusa

Seguramente desconocido para el gran público, este azulejo no sólo recuerda la devoción ciudadana a una imagen sino el amparo de una advocación. La Esperanza de Triana, símbolo de los marineros, luce en la fachada de la torre de la Fábrica de Astilleros Elcano, en la carretera de la Esclusa.

Lejos de su Triana, pero cerca de quienes le imploran, la Virgen reparte allí Esperanza desde 1956, año en que Cerámica Santa Ana concluyó el trabajo de Antonio Kiernam Flores, esta vez con la participación de Facundo Peláez, su discípulo más avezado, en el boceto y en gran parte de la obra, y de Emilio García García, en las molduras.

Ese fue el año de la inauguración oficial de la empresa, de la que surge la iniciativa, «en parte gracias a varios altos cargos de Astilleros que eran hermanos de la corporación trianera», en palabras de Martín Palomo García. Con la construcción de buques como sector en auge durante la década de los 50 en España, nada mejor que contar con esa «guía» religiosa. La bendición fue oficiada por el propio arzobispo Bueno Monreal.

 

9. La Amargura en San Juan de la Palma

Este azulejo es especialmente llamativo por la iconografía representada: La Virgen de la Amargura acompañada por San Juan Evangelista. Son siete las dolorosas sevillanas que procesionan de este modo, pero es éste el único retablo que así lo recoge. El de la Virgen de la Concepción del Silencio era otro, pero al sustituirse la talla antigua por la de Sebastián Santos, la Hermandad decidió cambiar también el retablo cerámico, por el que luce en la actualidad.

Fue ejecutado en el taller «La Bética» por el Marqués de Benamejí y de las Cuevas, y hermano de la Amargura, Manuel de la Lastra. En la zona inferior del retablo se puede leer una leyenda explicativa de este origen.

Este es el único retablo en el que la Virgen aparece junto a San Juan

Este es el único retablo en el que la Virgen aparece junto a San Juan

Destaca también el difuso fondo que circunda a las dos imágenes, así como el manto azul de Rodríguez Ojeda que luce la Virgen, hoy propiedad de la Hermandad del Desconsuelo de Jerez, y con el que procesionó hasta 1926.

Y, por supuesto, la evidente réplica del modelo de hornacina de Pérez de Tudela con el Gran Poder. No en vano este retablo de San Juan de la Palma data de 1918, sólo 6 años después de la insigne creación. Eso sí, el retablo de la Amargura tiende a una forma casi cuadrada, no al clásico y esbelto rectángulo.

 

10. La Piedad del Baratillo en el Postigo

La magia del paso de las Hermandades por el Arco del Postigo se debe a varias razones. A la angostura, que provoca maniobras medidas en la trabajadera. Al enclave, en un barrio del Arenal que destila sevillanía y, como no, a este retablo cerámico que es el detalle, el cierre perfecto.

Realmente se encuentra en la fachada de las Reales Atarazanas. La Hermandad no quiso acercarlo más a la capilla de la Pura y Limpia para no restarle importancia devocional a la Inmaculada. Pero en cambio logró su objetivo, situarlo en un lugar, «no lejos de la capilla y que fuese típico, plasmando así la gran devoción de Sevilla por los titulares del Baratillo», como explica Manuel Gil en el boletín número 62 de la corporación.

La Piedad del Baratillo, con el Cristo de la Misericordia en su regazo, solo luce en este azulejo y en la de la calle Luis Montoto

La Piedad del Baratillo, con el Cristo de la Misericordia en su regazo, solo luce en este azulejo y en la de la calle Luis Montoto

Conviene reparar en este azulejo, porque tiene sus curiosidades. «Para empezar el Cristo de la Misericordia no es la talla actual, pues la obra se colocó dos años antes del cambio», explica Martín Carlos. Se bendijo, para mayor ceremonia, un Miércoles Santo. El de 1949.

Por otra parte, es el único, junto con el que representa la decimotercera estación del Viacrucis, sito en la calle Luis Montoto, que muestra a la Virgen de la Piedad con el Cristo de la Misericordia en el regazo, pues en la fachada de la capilla sólo figuran las dos dolorosas.

El retablo del Postigo combina el paño central de azulejos, obra de Alfonso Chaves Tejada en la fábrica de los hijos de Ramos Rejano, con las molduras de Antonio Delgado Roig y Alberto Balbontín.

La úlltima singularidad llega precisamente ahí, en la moldura. Sirvió de ajustada referencia para el retablo que se colocó en 1997 en la calle Pastor y Landero, en la esquina opuesta al de la Esperanza de Triana, con la Virgen de la Caridad en su Soledad. Salvo detalles, el marco es el mismo.