Equivocarse es humano. Lo viene siendo desde que el mundo es mundo. Ya sea por falta de información o mal contraste de la misma. Ya sea por cambios en proyectos una vez comenzados. O por simple descuido.

En Sevilla se pueden encontrar, ya interiorizados como parte de la tradición y la leyenda, diversos ejemplos de discordancia entre representación y realidad. Desde rotulaciones hasta azulejos conmemorativos, pasando por esculturas de mérito artístico.

Pues lo cortés no quita lo valiente, y no hay nada más valiente que haber mantenido en el tiempo los errores que integran esta lista.

1. Cruce incorrecto

Los polémicos pies del Cristo de Las Mieles, que según la leyenda le costaron la vida a Antonio Susillo / Vanessa Gómez

Los polémicos pies del Cristo de Las Mieles, que según la leyenda le costaron la vida a Antonio Susillo / Vanessa Gómez

Es el caso más famoso, especialmente por la leyenda negra que lo envuelve. Antonio Susillo gubió al Cristo de Las Mieles, fundido en bronce, que remata una de las glorietas centrales del Cementerio de San Fernando.

Y lo hizo con el pie izquierdo sobre el derecho, según relata la historia, al revés de la disposición que marca el canon cristífero de las Artes. Al día siguiente se suicidó, lo que la tradición achacó a la mala resolución de la talla. Probablemente la causa estuviera en la situación de penuria económica que venía atravesando desde años antes.

El relato, sumado a ciertas mieles que manaron de sus ojos, no por milagro sino por albergar un panal en su interior, le han servido para ser reclamo turístico. Y eso que, actualmente, los pies figuran como «debe ser»: el derecho sobre el izquierdo.

2. La mano «del Perdón»

Una mano parece sujetar la ménsula sobre la que se encuentra San Pablo, circunstancia que no se da en la estatua conjunta / Fran Piñero

Una mano parece sujetar la ménsula sobre la que se encuentra San Pablo, circunstancia que no se da en la estatua conjunta / Fran Piñero

Se trata del error de la asimetría, si es que se considera «lógico» que una mano carente de cuerpo «sostenga» otros elementos arquitectónicos al igual que una cariátide es pilar de carga de los antiguos templos griegos.

Situémonos. Para encontrarla habría que colocarse frente a la Puerta del Perdón de la Catedral de Sevilla. Bajo el relieve de los mercaderes, a ambos lados del arco apuntado hay sendas ménsulas con una escultura sobre cada una.

Nos interesa la estatua de San Pablo, a la derecha según queda el acceso en frente. Como si de un agarre en piedra se tratara, una mano emerge del muro de la antigua Mezquita, sin que haya réplica bajo la efigie de San Pedro.

Tal vez su autor, Miguel Florenti, optase por esculpirla de manera intencionada, o bien las prisas fueron malas consejeras… en el siglo XVI.

3. Rosa y verde

Detalle del azulejo de María Auxiliadora en el arco de piedra que sirve de acceso al recinto salesiano / RetabloCerámico.net

Detalle del azulejo de María Auxiliadora en el arco de piedra que sirve de acceso al recinto salesiano / RetabloCerámico.net

María Auxiliadora, una de las advocaciones marianas con mayor devoción en Sevilla se presenta a sus fieles coronada en la Trinidad. Pero también «ataviada» de forma distinta .

Es bien sabido que los colores de la guía de San Juan Bosco son el rosa y el celeste, como así lo demuestran las banderas que adornan los distintos centros educativos de la orden salesiana.

Sin embargo, el retablo cerámico que corona el arco de acceso al recinto, aún en la propia calle María Auxiliadora, muestra a la virgen con una túnica verde, lo cuál no se ha podido corresponder con la imagen al contar ésta con las vestiduras de talla y policromía. En oro, rosa y azul.

Incluso el Niño Jesús, que si «viste» verde en la efigie anónima, se muestra con ropajes celestes en el azulejo de Antonio Hermosilla Caro.

Eso sí, no es él quien erró al crearlo, pues su obra vino a sustituir al original de 1956, con el que conmemorar la efemérides de la Coronación.

4. El ilustre Montañés

doce-sevillanos-ilustres-san-telmo

Los doce sevillanos ilustres de San Telmo fueron elegidos por Murillo por su contribución a la ciudad

A estas alturas nadie pone en duda el virtuosismo de Juan Martínez Montañés con la gubia. Sólo la perfección técnica y emocional del Señor de Pasión le haría merecedor de reiterados homenajes por parte de la ciudad de Sevilla.

Curiosamente, ya los tiene por partida doble. Y es que además de su «presencia» en la Plaza del Salvador, Montañés figura como uno de los Doce ilustres de San Telmo.

Sin embargo, la razón de su inclusión en la exclusiva lista de Murillo era la creencia de que fue el maestro, y no el discípulo Juan de Mesa quien talló al Gran Poder, cuyo busto aparece en la escultura. ¿Eran pues la obra o las manos?

5. «Mirando» al hijo

La Virgen de Las Angustias en el interior del Santuario de la Hermandad de Los Gitanos / RetabloCerámico.Net

La Virgen de Las Angustias en el interior del Santuario de la Hermandad de Los Gitanos / RetabloCerámico.Net

Este gazapo puede pasar inadvertido para cualquier sevillano, a excepción de aquellos cofrades «de detalle», y está relacionado con la Hermandad de Los Gitanos, más concretamente con su estancia en San Román.

Allí lucían, a ambos lados de la puerta, dos retablos dedicados a los sagrados titulares. El Señor de la Salud en la parte izquierda de la fachada y la Virgen de las Angustias a la derecha.

Sin embargo, la dolorosa inclinaba su cabeza hacia la izquierda, en una licencia del autor para que «pudiera contemplar al hijo», pues en la realidad la imagen de Fernández Andés deja caer el rostro hacia el lado derecho.

Las azulejos ya no están… en San Román. Se trasladaron, y restauraron, en 2004 y ahora se pueden encontrar a los pies del Santuario de la Hermandad, en el espacio «zaguán» junto a la tienda de recuerdos.

6. Las provincias

Jaime III protagoniza la escena central del banco de Baleares en la Plaza de España, siendo realmente Jaime II / RetabloCerámico.Net

Jaime III protagoniza la escena central del banco de Baleares en la Plaza de España, siendo realmente Jaime II / RetabloCerámico.Net

Pasear por la Plaza de España no sólo ofrece todo un «espectáculo» de arquitectura regionalista, sino además un curioso juego con las raíces del visitante español como trasfondo.

Es natural ver como los turistas buscan el banco de cerámica que representa a su provincia, lo cuál es posible en 48 de los casos.

Con la excepción de Sevilla por razones obvias, ningún tinerfeño logrará tomar la foto de su banco, pues lo más cercano que encontrará será «Canarias». Tampoco está La Rioja, sino Logroño. Ni Cantabria, pues en su lugar reza Santander.

El motivo, más que un fallo, es la división territorial del país en 1833, la que sirvió de guía a los creadores de la Exposición Iberoamericana (los bancos no los creó Aníbal González).

Pero como el reportaje trata de errores, cabe reseñar que hay uno como tal en el conjunto. Y es que en el espacio de Baleares se recrea el Juramento de los privilegios y franquicias de la Isla por el Rey Jaime III de Mallorca, en el 1335, cuando el monarca en cuestión es Jaime II.

7. Parroquianos descuidados

El azulejo-homenaje a Agustín de Rueda cuenta con un curioso error tipográfico en la palabra «Establecimiento»

El azulejo-homenaje a Agustín de Rueda cuenta con un curioso error tipográfico en la palabra «Establecimiento»

Hay negocios con solera, y otros que, a punto de cumplir los tres siglos y medio de existencia, se convierten en auténticas instituciones, en auténticos puntos del circuito turístico de la ciudad.

Es el caso de El Rinconcillo, el bar que mantiene su histórico aspecto de tienda de ultramarinos y donde no faltan los detalles y los paños de azulejo.

En la pared de la zona más amplia, se encuentra una pieza homenaje a Agustín de Rueda, de vital importancia en el devenir del local. Sin embargo, el mal cálculo del área caligráfica o el efecto de los «medios coroneles» marca de la casa terminaron por dejar mal escrita una de las últimas palabras (establecimiento).

Pero como se suele decir, la intención de los «parroquianos» es lo que cuenta, y el resultado es lo que se cuenta a todo aquel que conoce por primera vez el templo del soldadito de pavía.