Sevilla tuvo hasta bien entrado el siglo XIX trece puertas y cinco postigos que permitían la entrada y salida de la ciudad amurallada. Sin tener la importancia de las puertas, que en algunos casos determinaban el inicio de la actividad o los puntos cardinales, su función era la misma. Al igual que los accesos de mayor rango, todos fueron derribados a excepción del postigo del Aceite, que sigue en pie.

Postigo del Carbón

Postigo del Carbón

Los postigos eran lo que se conoce en la actualidad como puertas de servicio. De hecho, estos accesos toman su nombre de los productos que por ellos transitaban. Estaba el del aceite, el del carbón, el del jabón y el de la basura, además de otro accidental, el del Cuco. «La diferencia principal con respecto a las puertas está en el rango que tenían», explica el periodista Juan Miguel Vega, autor del libro ’20 maneras de entrar en Sevilla’, que profundiza en la historia de las puertas que tuvo la ciudad.

«Existían puertas principales, algunas se mantenían abiertas durante las 24 horas del día, otras servían para determinar la salida del Sol; después estaban los accesos, que desempeñaban un papel secundario, los postigos, que se cerraban al caer la noche», detalla Vega. A pesar de su papel, meramente funcional, alguno ha sido testigo de hechos relevantes para la historia de Sevilla.

Postigo del Carbón

Es el caso del Postigo del Carbón a través del que, según cuenta la leyenda, el caid Axataf abandonó la ciudad para capitular ante Fernando III de Castilla e  el año 1248. Estuvo en la actual esquina de las calles Postigo del Carbón y Tomás de Ibarra y, por su localización junto a las carbonerías de la zona, tomó el nombre del Carbón. Aunque también tuvo otro nombre, el de las Atarazanas, por estar cerca de estas, y de los Azacanes, o mozos de cuerda que ofrecían su trabajo junto a la Aduana. Se derribó en el año 1868.

Postigo del Aceite

Postigo del Aceite

Postigo del Aceite

La denominación de de los Azacanes también se da en en único postigo que se mantiene en pie en la actualidad, el del Aceite, ubicado cerca de donde un día estuvo el del Carbón y que se corresponde con la confluencia de las actuales calles Dos de Mayo, Almirantazgo y Arfe. Su nombre definitivo se generaliza a partir del siglo XV por hallarse en las inmediaciones el mercado y almacén de aceites ubicado en esta zona desde, como mínimo, 1413. Declarado como Monumento Histórico Artístico, «en su frontispicio está, labrado en piedra, el escudo de la ciudad más antiguo que se conserva», explica Juan Miguel Vega. La construcción alberga una capilla con la imagen de la Inmaculada Concepción.

Postigo del Jabón

Situado en la antigua judería, que en tiempos estuvo amurallada, se situaba el Postigo del Jabón. Debe su nombre a su localización, junto a una collación ocupada por artesanos dedicados en gran parte al cuidado y la reparación de la ropa. Este acceso fue una de las puertas de la muralla de la judería, situada en lo que es la actual calle Tintes.

Postigo de la Basura

«En las crónicas aparece citada en algunas ocasiones como Puerta Nueva», explica Vega. Como su nombre indica, servía para entrar y salir del estercolero que en tiempos fue la actual Resolana. El Postigo de la Basura se hallaba al final de la calle Feria. «No consta quien mandase abrirla ni su autor. Sí se sabe que fue una de las puertas por las que penetró el agua durante la gran inundación de 1626, la mayor que ha sufrido Sevilla en su historia», detalla el periodista.

Postigo del Cuco

Postigo del CucoSituada a unos cuarenta metros de la puerta de la Macarena, el postigo del Cuco debe su nombre a una colonia de estos pájaros que anidó en ella. En sus inicios, este acceso no puede considerarse como una puerta, era una brecha aparecida en la muralla, construida a base de frágil tapial. Con el tiempo se convirtió en entrada y salida del centro de la ciudad, por la que evitar pagar los impuestos a la entrada de productos a la ciudad.