Que Sevilla es una de las capitales mundiales con mayor número de templos o edificios de índole religiosa no es ningún secreto. Aunque el paso del tiempo haya «maquillado» su ausencia, tampoco es desconocido que, a lo largo de la historia más reciente de la ciudad, se han desacralizado un importante número de ellos, llegando incluso a la desaparición.

Ya les propusimos una selección de diez antiguos conventos o monasterios que «mudaron la piel», pero la lista es tan extensa que aquí les ofrecemos otra serie de espacios sevillanos que una vez albergaron cenobios.

 

1) San Acasio

Antiguo claustro del Convento de San Acasio, hoy patio del Real Círculo de Labradores / Rocío Ruz

Antiguo claustro del Convento de San Acasio, hoy patio del Real Círculo de Labradores / Rocío Ruz

Posiblemente uno de los grandes desconocidos, sobre todo por el carácter privado de la institución que ha terminado desarrollando su actividad entre sus muros: El Real Círculo de Labradores.

Allí, en la confluencia de Sierpes con Pedro Caravaca, entonces calle Leones, se levantó el citado cenobio en el segundo cuarto del siglo XVII, como sede de los monjes agustinos que, hasta 1633, habían radicado en el convento de la Cruz del Campo.

No fue uno de los más extensos, de hecho se circunscribía al recinto que ocupa la citada institución desde 1948, tras una etapa como Administración de Correos y Academia de las Tres Nobles Artes.

En cambio fue uno de los mejor considerados, culturalmente hablando. Lo fue debido a albergar la «primera biblioteca pública de Sevilla». Hablamos de los más de 7.000 volúmenes de los que el religioso Gaspar de Molina y Oviedo hizo acopio durante su vida y que, tras su muerte, en 1749, quedaron a disposición del público. Los fondos documentales terminaron engrosando el catálogo de la Biblioteca Provincial.

Lo que ha llegado hasta nuestros días es poco más que el patio porticado, de Leonardo de Figueroa, profundamente remodelado y acristalado. El resto de las dependencias actuales se edificaron en 1951.

 

2) Santa María de Pasión

El aspecto del antiguo solar del convento de Santa María de la Pasión, entre Azofaifo y Vargas Campos, es puramente comercial

Aspecto actual del antiguo solar del convento de Santa María de la Pasión, entre Azofaifo y Vargas Campos

Prácticamente enfrente del de San Acasio, Sevilla se encontraba con otro convento, llamado de Santa María de la Pasión. De nuevo, de la orden dominica. De nuevo, desaparecido.

Su origen habría que buscarlo en 1586 pero en la collación de San Gil. No obstante, se trató de una breve estancia que terminó por llevar a las monjas al citado recinto de la calle Sierpes, que podemos concretar entre el callejón de Azofaifo y Vargas Campos.

Su fin, como el de tantos otros, vino ligado a la Desamortización, aunque, paradójicamente, la iglesia continuó celebrando cultos hasta La Gloriosa, una iglesia que fue breve sede de hermandades como la Sagrada Lanzada o Vera+Cruz a mediados del siglo XIX. Tres años más tarde se demolería, levantando viviendas y espacios como el Comercial Sierpes.

Aunque se lograron salvar varias pinturas pasionistas de Francisco Pacheco, expuestas en el Museo de Bellas Artes, el retablo mayor contaba con un relieve de Francisco de Ocampo que se perdió presumiblemente en los sucesos 1868.

Representaba el momento en que la Virgen, descendiendo de un trono de nubes y con el niño en su regazo, entregaba el Rosario a Santo Domingo. Como explica Lina Malo, la composición y «sus principios pueden ser apreciados en el relieve que Ocampo ejecutó en 1617 para el ático del Retablo Mayor de la Capilla de la Merced de la Parroquia de San Pedro, en Carmona».

 

3) Santa María del Pópulo

La cárcel del Pópulo en 1930, cuando aún se podía observar la antigua puerta del convento en la calle Almansa

La cárcel del Pópulo en 1930, cuando aún se podía observar la antigua puerta del convento en la calle Almansa

Hablar del Pópulo en Sevilla es evocar una cárcel. Es rememorar las difíciles condiciones de vida de unos presos cuyo único resarcimiento era poder contemplar el paso de las cofradías frente a su ventana. Es hablar de una sentida historia en torno a la Esperanza de Triana.

Todo ello son tristes estampas del siglo XIX, y primer tercio del XX, cuando la penitenciaría se trasladó a la Prisión provincial, pero antes, desde 1624, el solar que hoy es el Mercado del Arenal era el imponente convento de Nuestra Señora del Pópulo, exclaustrado con la Desamortización de Mendizábal.

Curiosamente, los monjes Agustinos Recoletos, sus moradores, lo llamaron inicialmente «de Santa Mónica», pero la leyenda de un milagroso episodio, con la advocación del Pópulo, de marcada esencia agustina, de por medio, les hizo cambiarle el nombre.

Por buscar la descripción gráfica, contaba con dos fachadas. Una daba a la que hoy es la calle Almansa, y otra enfocada al Guadalquivir. Todo el edificio se derruyó en 1937, amén de los radicales cambios experimentados durante la época como cárcel, pero se conservan algunos elementos. Los principales.

Hablamos de los retablos cerámicos que copaban su fastuosa portada, y que podrían pertenecer a pintores afamados de la segunda mitad del siglo XVII que buscasen experimentar nuevas vías de expresión.

Estas piezas se encuentran en el Museo de Bellas Artes, (cenobio en su día, por otro lado), pero sin duda destaca el azulejo de la Virgen del Pópulo con el niño, entonces inmediatamente encima del arco de entrada al recinto, hoy presente en uno de los claustros del museo.

 

4) La Concepción

La calle de Menjíbar, antigua plaza de las Monjas, acogió un parvulario donde estudiaron Manuel y Antonio Machado

La calle de Menjíbar, antigua plaza de las Monjas, fue la sede del convento de la Concepción / Fran Piñero

Los vecinos más antiguos de la collación de San Juan de la Palma recordarán que la recoleta calle Menjíbar era antes conocida como la plaza de las Monjas. El nombre no era gratuito, pues sobre lo que hoy es el recinto de una comunidad residencial, antes existía un convento.

Se denominaba, precisamente, de la Concepción de San Juan de la Palma, y fue fundado por monjas franciscanas en el siglo XV. Como curiosidad, fue sede de la Hermandad de la Soledad de San Buenaventura, antes de ser cofradía, en 1841.

De hecho, la propia hermandad se fragua en el barrio en el siglo XVII, en torno a una Cruz, la de Caño Quebrado, que marcaba el lugar de un antiguo cementerio público entre la citada Menjíbar y la plaza de los Maldonados.

Tras la exclaustración, con la Septembrina de 1868, se levantó un parvulario dirigido por Antonio Sánchez Morales del que fueron alumnos los hermanos Machado, Manuel y Antonio, antes de ingresar en la Institución Libre de Enseñanza en Madrid.

 

5) Santa María de los Reyes

Bello pero decadente claustro del antiguo convento de Santa María de los Reyes, dedicado principalmente a la cuestión expositiva

Bello, pero decadente, claustro del antiguo convento de Santa María de los Reyes, hoy espacio expositivo

La calle Santiago es el resumen perfecto de la Sevilla de antaño. Situada en el centro de la ciudad, y de cierta angostura, alberga a pocos metros de distancia entre sí, un antiguo palacio, un templo y un espacio monacal.

Nos referimos al convento de Santa María de los Reyes, situado a la altura del número 35, y que destaca por su fachada de tintes color albero con dos accesos, uno al atrio y otro a la iglesia. Posiblemente, el único de ésta lista que mantiene su apariencia conventual, aún desacralizado.

Pese a que el recinto se conserva casi en su totalidad, poco queda de su esencia tras quedar deshabitado en 1970, y ser objeto de incendios y actos vandálicos. De hecho el claustro, con una bella fuente octogonal en el centro, está bastante mal conservado. Se encuentra, retranqueado, a la altura de la puerta de menor altura.

El convento fue sede de las dominicas desde 1611, con Sor Francisca Dorotea como primera madre superiora. La iglesia que ha legado no es la primitiva, de 1653, sino otro templo levantado a mediados del siglo XVIII.

La función religiosa dio paso a la expositiva cuando, en 1992, la entonces Consejería de Obras Públicas y Transportes de la Junta de Andalucía lo acondicionó para tal fin. Y para albergar oficinas. Más allá de los contenidos expuestos, merece la pena contemplar el interior del templo, y los artesonados de la primera planta, que, paradójicamente, han superado con éxito los distintos avatares.

 

6) San Telmo

Fachada principal del Palacio de San Telmo, Seminario durante casi todo el siglo XX / Fran Piñero

Fachada principal del Palacio de San Telmo, dedicado a Seminario durante casi todo el siglo XX / Fran Piñero

A lo largo de su historia, iniciada en 1682, San Telmo ha cumplido funciones de lo más variadas. Comenzó siendo sede de una escuela náutica para huérfanos de marineros, dada la necesidad en este sector a finales del siglo XVII. En esa estela se convirtió en Colegio de Mareantes.

El majestuoso edificio se conoce como palacio por haber sido la residencia de los Duques de Montpensier, su utilidad más conocida, y hoy cumple una función política, como emplazamiento de la Presidencia de la Junta de Andalucía, y museística, con visitas concertadas. También se dedicó a la Sociedad del Ferrocarril y, de nuevo en el plano didáctico, a la Universidad literaria.

Pero no se puede pasar por alto su etapa religiosa. Partiendo del hecho de que la construcción se alza sobre terrenos cedidos por el Tribunal de la Inquisición, San Telmo figura en esta lista por ser Seminario durante prácticamente todo el siglo XX. Su conversión se produjo simultáneamente al origen del Parque de María Luisa, pues la duquesa cedió el recinto a la Archidiócesis y los jardines a Sevilla.

Durante este período el edificio es intensamente intervenido, en pos de estancias más amplias para albergar a los novicios. Sin embargo, los cambios dejaron poca riqueza artística en una construcción transformada notablemente con cada etapa.

 

7) San Diego de Alcalá

Los terrenos que hoy ocupa el Casino de la Exposición se corresponden con los del desaparecido Convento de San Diego / Raúl Doblado

Los terrenos que hoy ocupa el Casino de la Exposición corresponden a los del desaparecido Convento de San Diego / R. Doblado

La Orden franciscana, que a finales del siglo XVI ya contaba con dos grandes conventos en Sevilla, decidió levantar el convento de San Diego de Alcalá en unos terrenos cedidos por el Consistorio hispalense en el entorno del Prado de San Sebastián.

Ubicarlo es sencillo. Hablamos del espacio que hoy ocupa el Casino de la Exposición. No era una construcción especialmente extensa pero en cambio incluía una superficie dedicada a huertas que llegaba prácticamente hasta el Guadalquivir. La ornamentación se basaba en el plano vegetal, pues sus fachadas no destacaban por el detalle o el virtuosismo en la ejecución.

En su época de esplendor, el siglo XVII, fue noviciado para la evangelización americana y, sobre todo, entre sus muros se gestó el dogma de la Inmaculada Concepción, que no sería reconocido y promulgado por la Iglesia Católica hasta 1854. No en vano, del poco patrimonio que se conserva destaca la talla de la Inmaculada «del Alma mía», actualmente en la iglesia de San Antonio Abad.

Aunque la orden también sufrió la Desamortización, lo que realmente obligó a los monjes a abandonar el recinto, en 1784, fueron las constantes crecidas del Guadalquivir, en pos de varios emplazamientos.

La vida del edificio no terminaría con ésta marcha, pues albergó una fábrica de curtidos y, con la llegada de los Duques de Montpensier, se convirtió en nuevo espacio palaciego. El desarrollo urbanístico de finales del siglo XIX acabó finalmente con su presencia, tan sólo recordada en la cercana Glorieta de San Diego.