A nadie se le escapa la condición mariana de Sevilla, recogida incluso como título de la ciudad desde 1946, así como la infinidad de templos que van dibujando su fisonomía y su «cielo», desde el centro a los barrios.

La religiosidad es inherente a la capital hispalense, llegándose incluso a crear lugares sagrados en plena calle. Lugares donde, mitad rito, mitad tradición, los sevillanos se santiguan como acto reflejo, aunque a veces el gesto vaya acompañado de una personal oración.

Como inciso, hay diferencias entre las palabras que a menudo actúan como sinónimo de esta acción: santiguarse, que implica hacer la señal de la Cruz sobre frente, pecho y los dos hombros; signarse, cuando se realizan tres señales de la Cruz, en pequeño, sobre frente, boca y pecho; y persignarse, cuando se unen ambas en orden contrario al de esta explicación.

Éste es, por tanto, un repaso por los enclaves más místicos, y rituales, de Sevilla.

Capilla del Carmen

Probablemente el más conocido, y el más local al mismo tiempo, pues generalmente son los trianeros «de toda la vida» los que se santiguan cada vez que atraviesan el Puente de Triana.

El punto exacto son las inmediaciones del Altozano, justo donde se alza el coqueto y regionalista conjunto de Aníbal González que no es otra cosa que una capilla, la del Carmen.

Más allá de la devoción de los transeúntes por el lienzo que allí se custodia, el gesto se traduce en una especie de protección que se pide a lo divino, para volver «sano y salvo» de nuevo a casa. A Triana.

De hecho ni siquiera es preciso detenerse ante la reja, basta con hacer el movimiento de manos mientras si sigue la marcha.

Soledad de «San Fernando»

El azulejo en honor a la Soledad de San Lorenzo, siempre con un «monte» de coronas florales a sus pies / Fran Piñero

El azulejo en honor a la Soledad de San Lorenzo, siempre con un «monte» de coronas florales a sus pies / Fran Piñero

La Soledad de San Lorenzo es protagonista indiscutible del final de la Semana Santa de Sevilla, pero al mismo tiempo está presente en el final de cada historia, de cada ciudadano hispalense.

Así sucede desde 1976, cuando se colocó a la derecha de la entrada principal del Cementerio de San Fernando (antes de traspasar la cancela) un retablo cerámico con la dolorosa, que venía a conmemorar la visita que la imagen realizó al camposanto durante las Misiones Generales de 1965.

Es habitual ver, apilado bajo el gran azulejo de Morilla Galea, un montículo de coronas florales, así como personas que se santiguan buscando de la Virgen el desconsolado apoyo en esos complicados momentos.

El «acueducto» de Luis Montoto

Con la ordenación actual del tráfico, en la que la calle Luis Montoto juega un papel principal en el acceso al barrio de Nervión, es tarea complicada acercarse a un pequeño azulejo que permanece en los restos de los Caños de Carmona.

Sin embargo, no es extraño comprobar que la Virgen, acompañada del niño Jesús, cuenta a menudo con flores en pequeños jarrones y que, en ocasiones, desde la lejanía las personas hacen el signo de la Cruz a su paso.

La pieza que se localiza en los restos del Acueducto es depositaria de una antigua devoción / retablocerámico.net

La pieza que se localiza en los restos del Acueducto es depositaria de una antigua devoción / retablocerámico.net

Todo se fundamenta en el culto a la Virgen de las Madejas, cuya escultura se encontraba en el Acueducto hasta la Revolución Gloriosa de 1868. Entonces pasó a custodiarse en la cercana Iglesia de San Roque, con la mala fortuna del incendio de 1936.

En 1993 se colocó el azulejo en el monumento, restaurado hace relativamente poco tiempo, y un año antes se gubió la réplica de la pequeña talla, que puede venerarse en el citado templo de la Plaza Carmen Benítez.

Santa Ángela con San Pedro

Estatua de Santa Ángela / G. Lobato

Estatua de Santa Ángela / G. Lobato

Bastantes años antes de ser santa, cuando simplemente se la conocía por Sor Ángela, como muchos la siguen llamando cariñosamente, la manzana que describe la iglesia de San Pedro con la calle que lleva su nombre se veía completada con una estatua en honor a la Hermana de La Cruz por excelencia.

En 1965, Antonio Gavira Alba creó esta efigie en piedra arenisca blanca a la que nunca le faltan flores, sencillas y con mesura, ni tampoco las muestras de cariño.

El convento se halla a escasos metros, con la posibilidad incluso de rezar ante el cuerpo de la religiosa, sin embargo, a muchos les basta su representación de la calle Imagen, con suficiente «poder» como para que las personas se santigüen frente a ella.

En la imagen, la estatua de Santa Ángela aún no había sido restaurada, trabajos que vinieron en 2012.

Calle Feria

Los lugares que integran esta lista lo hacen por no ser esencialmente templos. Es decir, porque los motivos del rito no se encuentran en su interior.

El Cristo de Los Afligidos, en su ventana a la calle Feria de San Juan de La Palma / Jesús Spínola

El Cristo de Los Afligidos, en su ventana a la calle Feria de San Juan de La Palma / Jesús Spínola

Por eso, al incluirse San Juan de La Palma no debe de esperar las imágenes titulares de La Amargura ni de ningún otro santo que tenga allí su sede, sino de una talla que se puede contemplar desde la propia calle Feria.

Para quienes no la conocen, a menudo es una sorpresa de las de sobresalto, dada la envergadura y, especialmente, la melena natural que luce el conocido como Cristo de Los Afligidos, situado en una pequeña dependencia de la iglesia.

Para quienes lo veneran, y ante él se santiguan en plena vía, es una dulcísima efigie de Jesús maniatado de Jesús Merino Román, réplica de la que se perdió en el incendio de San Juan de La Palma, y que provenía a su vez del extinto convento de Regina.

Plaza Virgen de Los Reyes

Ofrenda floral en la plaza Virgen de Los Reyes al monumento del Papa Juan Pablo II, ya canonizado / Raúl Doblado

Ofrenda floral en la plaza Virgen de Los Reyes al monumento del Papa Juan Pablo II, ya canonizado / Raúl Doblado

No fue «llegar y besar el santo», aunque con el tiempo, la escultura de bronce que tallara el profesor Juan Manuel Miñarro se haya convertido en el destino de plegarias de propios y extraños.

Hablamos del monumento a Juan Pablo II que, desde 2012, se encuentra a los pies del Convento de la Encarnación, en la Plaza Virgen de Los Reyes, tras 6 años de búsqueda de un emplazamiento que «gustara a todos».

De la Puerta de Jerez a la avenida de La Constitución, pasando por la Plaza de La Contratación, sobre el papel, y del Centro Cajasol al interior de la Catedral, en la realidad. 6 años fueron necesarios para que el Papa santo «mirase» para siempre la Giralda, y sus fieles hacia él. Con la señal de la Cruz.