Tenía nombre legendario: Miguel Lobo y Malagamba. No, no era un personaje de «La isla del tesoro», todo lo contrario, era un marino que llegó a ser almirante general de la flota española. Tan importante fue Lobo y Malagamba, que Sevilla le puso una calle que desemboca justo en la Torre del Oro, precisamente una atalaya para proteger la ciudad de los ataques navales.

Desde el año pasado, su nombre es noticia por la polémica generada ante la tala de los árboles de la calle a la que da nombre, por parte del Ayuntamiento, que el anterior alcalde defendió por cuestiones de seguridad ante su mal estado. La calle se reurbanizó y en ella se instalaron otros ejemplares de una especie distinta que permitirán ver mejor la Torre del Oro. Pero, ¿quién fue realmente este almirante con nombre de leyenda?

La Puerta de Jerez y el arroyo Tagarete en el siglo XIX, por Joseph de Vigier

La Puerta de Jerez y el arroyo Tagarete en el siglo XIX, por Joseph de

Miguel Lobo y Malagamba se distinguió en las operaciones llevadas a caba por la Armada española en las guerras de Marruecos y del Pacífico, entre 1859 y 1866. Nacido en San Fernando en 1821, era hijo de Manuel Lobo, Caballero de Alcántara, y de Juana Malagamba. Su meteórica carrera le llevó al cargo de coronel del Ejército por su actuación  en el desembarco llevado a cabo en la Batalla de Los Castillejos en Marruecos, en 1866. Entonces, el capitán de fragata Lobo descendió con la caballería del general Prim por el valle en el que habían desembarcado y que consiguieron ocupar casi todos los objetivos, haciendo que el enemigo se batiera en retirada. De esta forma, el gobierno de Leopoldo O’Donnell tenía el camino expedito en su camino a Tetuán para vencer al sultán Muley el-Abbás, que perdió unos 2.000 hombres.

Seis años más tarde, en el combate de El Callao, durante la Guerra Hispano-Sudamericana, tomó el mando de la batalla cuando cayó herido el almirante Méndez Núñez –que también da nombre a una famosa calle comercial de Sevilla–.

Tres años antes de su muerte, tomó parte del bloqueo del puerto de Cartagena cuando la insurrección cantonal de la Península, consiguiendo vencer a los sublevados al mando de las fragatas Almansa, Vitoria y Zaragoza y del vapor Colón. Entonces, fue nombrado capitán general del Departamento de Cartagena.

Lo que no pudieron hacer los soldados marroquíes, sudamericanos ni los sublevados en Cartagena, lo consiguió una enfermedad. En 1876, el almirante Lobo falleció en París.

Estampa antigua de la calle Almirante Lobo, procedente de todocoleccion.net

Estampa antigua de la calle Almirante Lobo, procedente de todocoleccion.net

 

Una calle en la desembocadura del Tagarete

El año de su muerte, Sevilla le dedicó una calle al gran marino español. El lugar para hacerlo era conocido entonces como la calle Pilotos, en recuerdo de la Escuela de Navegación impartidas en el cercano palacio de San Telmo. Pero, esta calle es un lugar estratégico en Sevilla, pues por allí discurre de forma subterránea el arroyo Tagarete, que desemboca justo al lado de la Torre del Oro. En 1864, la calle fue denominada Jerez, pues arrancaba justo en la puerta del mismo nombre, que fue demolida ese mismo año.

Según recoge el «Diccionario histórico de las calles de Sevilla», editado por la Consejería de Obras Públicas y el Ayuntamiento, «la demolición en 1828 de un tramo del lienzo de muralla que unía la Torre del Oro con la Puerta de jerez, y el posterior derribo de ésta en 1864, junto al embovedamiento del Tagarete, permitió la construcción de viviendas apoyadas en la muralla».

Se conoce que sobre el arroyo Tagarete existió durante el siglo XIII «una alcantarilla o pueblecito que permitía el paso por la ribera del Guadalquivir; en el siglo XVIII ya había dos, construyéndose una tercera y, entre 1864 y 1866, fue cubierto ese tramo del arroyo. Sobre él se colocó un arrecife con arbolado y, más tarde, hacia 1903, se le dotó de amplias aceras».

El pasado 2014, esos árboles fueron sustituidos porque las raíces ponían en peligro el embovedamiento del Tagarete. Recuerden que, justo en ese lugar, hace unos años, una perforadora de las obras del metro hizo que se hundiera el famoso quiosco que había en la zona.