¡Ole! No hay mayor verbalización de gozo que un ole. Ese jaleo que nace en lo profundo del alma y que escapa expiante cuando el arte se hace carne. Tres letras que surgen espontáneas y que ocupan un espacio donde mil palabras no cabrían. Si a esta tríada milagrosa se le suma la letra K, el resultado se convierte en un estallido multicolor capaz de sintetizar, con hilo y aguja, la ciudad poliédrica que es Sevilla. Simplemente, ¡Olek!

Dos chicas observan los cuadros de OlekMonteras, chaquetillas, mantillas, volantes, guadañas, carabelas… La vida y la muerte en el ruedo vista por una neoyorquina nacida en Polonia y que aprendió en su niñez a hacer ganchillo. Ágata Oleksiak, conocida internacionalmente en el mundo del arte contemporáneo como Olek, ha cuajado en la difícil plaza de Sevilla una faena digna de vuelta al ruedo. Y todo, sin torear a favor de la querencia del burel y fuera del abrigo de las tablas.

Cuando otros hubiesen apostado por una faena de aliño, al verle amplia la testuz al morlaco y astifinos los pitones, la artista ha echado mano de casta y, apelando a la definición del torero Domingo Ortega, ha llevado el toro allá donde no quiere ir. Los más escépticos han salido convencidos tras demostrar la neoyorquina que ha sido capaz de captar en apenas un mes de estancia en Sevilla de comprender e interpretar las claves de su vida cultural. Y eso que el toro venía castigado del tercio de varas tras los dimes y diretes de un sector de la ciudad con la intervención de Olek en la estatua del Cid Campeador.

«Santa Ágatha, la torera», que es como se llama la exposición que se ha inaugurado este jueves en la galería Delimbo, es una colección de obras coloristas con un punto barroco. Las piezas, tejidas por un equipo de colaboradoras, tienen una importante carga crítica sobre la «importancia de la mujer en el ámbito del arte contemporáneo», como la propia artista confesaba a ABC de Sevilla en una entrevista.

Chaquetilla torera diseñada por Olek

Prueba del éxito de la exposición ha estado en el numeroso público congregado a las puertas de la galería en los minutos previos a la apertura de puertas, la poco torera hora de las nueve de la noche. Al poco de entrar, dos obras ya lucían el cartel de vendidas. Y eso que la pieza más asequible sobrepasaba los mil euros. La más cara, no llega a los cinco mil.

Entre las más cotizadas, una chaquetilla torera hecha, como no podía ser de otra forma, de ganchillo. La mira de cerca Silvia Valle, una de las colaboradoras de Olek, que no esconde su orgullo por haber participado en la confección de la pieza. «Soy una mera herramienta de su obra, aunque la haya hecho yo, es su creación, no mía; por eso ella es la artista, no yo», confiesa.

«Olek es una artista inteligente que tiene muy claro lo que quiere», explica Silvia, quien ha invertido una media de nueve horas de su tiempo las dos últimas semanas en ayudar a la neoyorquina. «Me ha impresionado porque ha sabido capar, además de lo típico y lo tópico, la esencia de la vida sevillana, el espíritu andaluz y tradicional», confirma la ayudante.

Las subalternas disfrutan también del éxito de la artista. A la llegada de Olek, ataviada con un traje de flamenca confeccionado en colaboración con la diseñadora de moda Pilar Vera, la sala se ha convertido en un destellar de flashes. Los focos también han estado sobre la delegada de Cultura del Ayuntamiento de Sevilla, María del Mar Sánchez Estrella, y el director de Infraestructuras Culturales y Patrimonio del ICAS, Benito Navarrete.

Olek junto con su obra«Me interesa el balance entre lo masculino y lo femenino, la lucha encarnada en el ruedo. Me gustaría ejemplificar ese juego de energías entre el toro y el torero envueltas en la espectacularidad de una corrida», defiende Olek. De hecho, «la torera» es la coletilla que acompaña el nombre de su exposición en Sevilla. «La torera es porque lucha por sus derechos, por su independencia. El torero es esa persona que tiene valor. La torera es porque lucha contra ese masculinidad retrógrada», explica la neoyorquina.

Un joven mira la obra de OlekEn la inauguración, muchos guiños a Santa Ágata, una mártir a la que le cortaron los senos. Es la forma de protestar de la artista frente a lo que ella entiende como la «minusvaloración de la mujer en el arte contemporáneo». Un paritorio camuflado entre las piezas de croché, paños de hilo que recuerdan al manto de una virgen… completan la serie que marca la protesta.

«El arte debe provocar cambios, abrir la mente, me gusta hacer pensar a la gente; se puede amar u odiar, me es indiferente, pero sí creo que debe generar una sensación; la obra no estará completa hasta que se el público reaccione ante ella», detalla. «Traer cambios es muy importante para mí», confirma.

Santos, toreros y flamencas; machismo y feminismo; vida y muerte esperan a los sevillanos en la galería Delimbo, situada en la céntrica calle Pérez Galdós, en pleno barrio de la Alfalfa. Hilo y aguja le han bastado a una polaca afincada en Nueva York para retratar a la Sevilla en la que se funden tradición y vanguardia. Pañuelos blancos para la maestra Olek, que ha tomado la alternativa en la patria de Belmonte y se  va cargada de trofeos.