Javier y Mar han desempolvado sus máquinas de escribir. Él es guionista y ella periodista. Ambos, en paro. Armados con papel, rollos de tinta y ganas de protestar por la difícil situación por la que atraviesa el sector de las letras se han decidido a vender sus palabras por la voluntad. Sin más.

Cartas de amor, cuentos infantiles, poemas, cartas al director, escritos a la administración… las posibilidades son tantas como las ganas de llamar la atención ante la crisis que rodea a profesiones como la de periodista, escritor, dramaturgo o guionista cuyo nexo común es la palabra. Pero ¿cuánto vale un texto?

Detalle de una máquina de escribir«Los hay que dan un euro, otros cinco y, hasta ocho», explica Javi Barón, uno de los ideólogos de esta iniciativa, que se ha podido ver por primera vez en Sevilla a las puertas de la librería Un Gato en Bicicleta, situada en la calle Regina. «La gente nos pide, sobre todo, cuentos para niños, cartas de amor y, como dado curioso, ayer nos pidieron una receta», detalla este guionista en paro.

«Con esta acción, que hemos llamado ‘Unas letras por caridad’, pretendemos llamar la atención de la gente sobre la difícil situación por la que pasamos los profesionales de las letras en Andalucía», afirma Barón. «La caída de la inversión publicitaria, la irrupción de internet y la crisis de financiación del audiovisual han motivado que en los últimos años muchos de nosotros estemos desempleados y sin apenas esperanza de volver a trabajar en algo que se ha llevado de nosotros mucho esfuerzo y mucho tiempo en formación», argumenta.

El sonido de la Olivetti y de la Olimpia llama la atención de los viandantes. Se paran, sonríen, se acercan, preguntan y, en contadas ocasiones, contratan los servicios ofrecidos. «A la gente les resulta llamativa la acción», asegura Javi. «No es cuestión de protestar llorando, hay que actuar pero sin dramas y, sobre todo, de una forma original para que sorprenda al público», desvela.

Javier Barón escribe una carta«Las letras cuestan dinero, no aparecen escritas porque sí y ese es el mensaje que queremos trasladar a la sociedad con acciones como esta», destaca el organizador. «Escogimos una profesión a la que le hemos dedicado la vida y que ahora se nos plantea como un enorme interrogante. Por eso reclamamos que se ponga en valor nuestro trabajo, porque no sólo se trata de fomentar la lectura, sino también de procurar que los niños del mañana tengan algo que leer», sentencia.

Una mesa y una silla bastan para montar una improvisada oficia en plena calle. Es este fugaz espacio de trabajo también hay lugar para colgar el curriculum, «por si alguien ofrece trabajo», matiza Javi. «Tenemos una carrera bastante consolidada con trabajos en medios importantes, pero ahora no se mueve una hoja», asevera. «Ya no basta con acceder a ofertas de trabajo, ahora hay que ser imaginativos para promocionarse como profesionales, y de ahí también esta iniciativa», confiesa Barón.

Los organizadores ya han afirmado su intención de continuar con esta iniciativa dos días al mes.