Anteriormente nexo de dos puertas de la muralla de Sevilla, incluida la desaparecida Puerta del Arenal, y el icónico Postigo del Aceite, la calle Arfe es vía fundamental tanto para el tráfico como para la oferta de ocio y restauración de la ciudad, además de señero punto de paso de no pocas cofradías hispalenses.

Curiosamente, el espacio debe su nombre a un diestro orfebre estrechamente vinculado con una de las tradiciones de Sevilla por antonomasia, y no es la Semana Santa. Juan de Arfe y Villafañe fue el encargado de gestar la imponente custodia en plata que procesiona en el Corpus Christi hispalense.

El resultado logrado con los 300 kgs del noble metal le hicieron merecedor, en 1859, de rotular una calle en el Arenal, si bien el homenaje podría hacerse extensible a otros parientes que compartieron su apellido.

Y es que Juan (1535) nació en una familia de orfebres, con especial virtuosismo en el caso de su abuelo Enrique. Una saga de raíces alemanas (de la ciudad germana de Harff deriva el nombre familiar) pese a ser oriundos de León desde 1506.

La Custodia de Arfe sale de La Catedral en los años 20

La Custodia de Arfe sale de La Catedral en los años 20

Con el talento heredado, constancia y formación, el platero creó un conjunto que supera los tres metros de altura y que se subdivide en 4 cuerpos, en los que se representa la Iglesia (militante y triunfal), la Santísima Trinidad y Jesús Sacramentado, y en el que no faltan la Inmaculada Concepción (añadida en 1688) y santos de gran devoción en Sevilla.

No fue la primera custodia que trabajó el ya maduro Juan de Arfe (la realizó entre 1580 y 1587), ni tampoco la última.

Se estrenó con la de la Catedral de Ávila, y completó su producción renacentista con la de la Seo de Valladolid, pieza inspirada en el Jardín del Edén y Adán y Eva, y con las custodias de Burgos y Burgo de Osma, ambas expoliadas salvo ciertos elementos.

Compartió el gusto por estas creaciones que ya habían demostrado el citado Enrique, con su custodia gótica para la Catedral de Toledo, o su padre Antonio, que hizo lo propio con la plateresca de Santiago de Compostela, por citar sólo dos.

Juan se diferenció de sus antecesores por su componente teórico e investigador, que le llevó a confeccionar tratados de anatomía humana y anima. Con medidas hasta de los huesos y músculos, su gran avance. «De varia commesuración para la Esculptura y Architectura» fue el título de este manual editado en Sevilla en 1585.

Hasta su muerte, en 1603, Arfe (en la pintura de Primitivo Álvarez que abre este reportaje) también exploró la gnomónica, disciplina sobre la luz del sol, así como la técnica para relojes basados en la luz del astro rey, y se convirtió en experto quilatador, determinando la valía de piezas de oro, plata y piedras preciosas.

Antigua calle Pescaderías

Si hoy situamos la plaza de la Pescadería en el entorno de la Alfalfa, entre los siglos XV y XVII el negocio del mar daba nombre a la calle Arfe, como «Pescaderías». Incluso en el siglo XVIII, cuando cambió su rotulación, lo hizo por la materia prima en sí, es decir, como calle Pescado.

La cercanía de las Atarazanas, y el propio traslado del negocio a la vía en sí, explicaron esta designación, que no cedió el «privilegio» al platero hasta mediados del siglo XIX, como explica el «Diccionario histórico de las calles de Sevilla».

La calle Arfe vista desde la esquina con Gracía de Vinuesa / Juan Flores

La calle Arfe vista desde la esquina con Gracía de Vinuesa / Juan Flores

Fue en ese siglo cuando la calle se ensancha y se crea, por ejemplo, el pasaje del arco hacia Federico Sánchez Bedoya.

La habitual vida que tiene este enclave viene de siglos. «La Puerta del Arenal era una de las pocas puertas que no se cerraba de noche», y, sobre todo, la vía servía de comunicación entre «el centro comercial de la ciudad y el puerto sobre el Guadalquivir».

A las pescaderías habría que sumar las carnicerías previas al siglo XV, y los posteriores mesones, almacenes, tinglados, puestos de verdura, que en 1927 se reuniría en el edificio que hoy es Lonja de Artesanía, creado como plaza de abastos.

Aún es posible ver las tradicionales «tiendas de ultramarinos», que en un tiempo coparon la calle y que poco a poco van dejando terreno a bares de tapas y copas.