Residencial, aunque al mismo tiempo cumpla su función de comunicación y salida del centro de Sevilla. Exclusiva, por albergar uno de los hoteles Gran Lujo de la ciudad, el Colón, a la par que «asequible» por encontrarse en ella establecimientos de hostelería y negocios varios para todos los bolsillos.

Así es la calle Canalejas, la segunda que integra esta serie dedicada a grandes personalidades que dan nombre al callejero sevillano, sin que siempre quede «a mano» el motivo de tal designación.

En este caso, la vía se consagra a la figura de José Canalejas y Méndez, presidente del Consejo de Ministros durante la Restauración Borbónica. Más allá de sus logros o su implicación con la ciudadanía, que la hubo, la elección del político para esta vía sevillana vino motivada por su inesperado fallecimiento en pleno cargo, en 1912. O, mejor dicho, por su asesinato.

Sus reformas, dentro del regeneracionismo que le definía, y, sobre todo, su particular manera de liderar el Partido Liberal se vieron truncados cuando el anarquista Manuel Pardiñas le disparó a bocajarro en plena Puerta del Sol de Madrid.

Canalejas, que había nacido en El Ferrol en 1854 con claro gusto hacia las letras y el derecho, encauzó su carrera hacia la Política desde 1880 y, especialmente, a partir de suspender las oposiciones de Literatura tres años más tarde.

Martos, Posada Herrera, Sagasta… Nuestro protagonista trabajó con cada uno de ellos, llegando a ser ministro de Fomento y de Gracia y Justicia con el último, pese a no compartir sus ideales conservadores, y mucho menos la relación colonial con Cuba.

A la muerte de Sagasta, y tras un período de cisma en el interior del partido, Canalejas llegó a la Presidencia en 1910, y con él el servicio militar obligatorio, regulaciones en el consumo y horario laboral (en especial en el caso de las minas y de las mujeres) y la «Ley candado», con la que limitó durante dos años la creación de nuevas órdenes religiosas.

Detalle de la fachada del número 14 de la calle Canalejas, obra de Juan Talavera y Heredia

Detalle de la fachada del número 14 de la calle Canalejas, obra de Juan Talavera y Heredia

Poco margen de actividad tuvo el político, que en dos años perdía la vida por lo que pareció ser «una muerte de consolación»: su homicida quiso atentar contra el Rey Alfonso XIII, pero su infranqueable seguridad le motivó a acechar al presidente, que dejó mujer (en segundas nupcias) y seis hijos.

Canalejas, por tanto, es de los pocos dirigentes nacionales que mantienen su presencia en el nomenclátor hispalense, como también ocurre, entre otros, con el citado Sagasta, Diego Martínez Barrio o Eduardo Dato, que compartió su trágico final de balas y pólvora.

Céntrica vía

El ex presidente rotularía una calle casi de nueva creación, pues parte de este entramado surge con la urbanización del solar que había ocupado el extinto convento de San Pablo.

Según el «Diccionario histórico de las calles de Sevilla», durante un tiempo mantuvo el nombre completo del homenajeado, y ya «en los años 20 el Ayuntamiento hace continuas gestiones para derribar el Cuartel de Milicias situado en Julio César, con el fin de prolongarla hasta las proximidades de la estación de ferrocarril», pues inicialmente terminaba en Gravina.

«Un expediente municipal de 1926 aprueba dicho derribo y el de un trozo de muralla que obstaculizaba también el proyecto», aclara el texto.

Mayor amplitud y ornamento, al menos en el caserío. Y es que la calle fue «receptora» de inmuebles obra de los arquitectos en auge del momento, como el del número 2, de Pablo Gutiérrez, hoy otro hotel, o el 14, casa regionalista de Juan Talavera y Heredia.

También de Talavera fue la derribada del número 8 (en la imagen derecha que abre este reportaje), y que fue la sede del Colegio Mayor Guadaira, actualmente localizado en el Paseo de La Palmera.

Sea como fuere, el resultado es una calle agradable, cuajada de naranjos y de habitual trasiego por su cercanía al centro más comercial de Sevilla, ese sector que, entre otros, reguló aquel presidente que le cede su nombre.

Personajes ilustres

Gravina

Méndez Núñez