A las espaldas del Museo de Bellas Artes, entre las calles Bailén y Alfonso XII, existe una calle que debe su nombre a un personaje desconocido. ¿Quién fue Cepeda? Se trata de un misterioso personaje, relacionado con la Carrera de las Indias a buen seguro, a quien se le atribuyó históricamente de forma errónea, la autoría del vecino Cristo de la Expiración del Museo.

Eran (y son) muchos los enigmas en torno al escultor que realizó al Cristo manierista, Marcos Cabrera. Vacíos históricos que acarrearon que fuera confundido con otro hombre, el «capitán Cepeda», su alter ego, que llegó a arrebatarle el honor de ser quien figurara como autor de la imagen durante varios siglos y el tener una calle en Sevilla junto al lugar donde se rinde culto al imponente crucificado. Ambos compartían oficio, ambos formaron parte de expediciones a las Indias y conocían bien Italia, coincidieron en tiempo y lugar y, sobre todo, tenían un nombre parecido que pudo llamar al error. El misterio que esconde Marcos Cabrera se va desentrañando con los últimos estudios. La clave está en el Archivo de Indias.

Documento del Archivo de Indias donde se cita a Marcos Cabrera

Documento del Archivo de Indias donde se cita a Marcos Cabrera

Allí, en el lugar donde está registrado todo lo escrito sobre los viajes al Nuevo Mundo desde Sevilla, aparece el nombre de un pasajero, de nombre Marcos de Cabrera, que viajó a la provincia del Espíritu Santo con el gobernador Francisco de Cáceres, un 19 de mayo de 1581. Aquel hombre, escultor discípulo de Jerónimo Hernández, cruzó el océano acompañado de albañiles, capitanes, labradores, plateros… con el objetivo de repoblar estas tierras indígenas. En México permaneció previsiblemente dos años, aunque nadie sabe la fecha de regreso ni tampoco si el escultor hizo la carrera de Indias años atrás.

Sin embargo, el halo de desconcierto que rodea a Marcos Cabrera aumenta si se tiene en cuenta la biografía que en el registro de pasajeros de la Casa de Contratación viene sobre el escultor: «natural de Sevilla, soltero, hijo de Francisco Núñez de Cabrera y Ana de Ribera». Y es que, según consta en los archivos de la parroquia de San Vicente, Marcos Cabrera se casó en 1565 –quince años antes de esta partida a América–, y donde coinciden los nombres de sus padres. ¿Por qué quiso Cabrera ocultar su estado civil antes de embarcar? Otro misterio de la vida de Marcos Cabrera del que no hay una hipótesis clara.

¿Un Cristo azteca y del Renacimiento italiano?

Seis años antes del documento que aparece en el Archivo de Indias, un 7 de diciembre de 1575, la Hermandad de la Expiración de Cristo, actual del Museo, encargó a Marcos Cabrera «la hechura de un Cristo de pasta», como consta en el contrato que tiene la hermandad en su poder.

Así, el imaginero cogió la gubia inspirándose en un boceto de un Cristo expirante que Miguel Ángel Buonarroti regaló a su gran amiga, y amor imposible, Vittoria Colonna, la marquesa de Pescara. Como buen manierista, conocía muy bien las obras que procedían del Renacimiento. Precisamente este boceto de Miguel Ángel representa un Cristo cuyo violento escorzo está basado en la figura griega del Laoconte con sus hijos.

Sin embargo, el halo especial que guarda el Cristo de la Expiración del Museo no sólo proviene del enigma de su escultor, ni de su influjo italiano, sino que hay quien cree que está realizado con técnicas aztecas. Aunque de Marcos Cabrera sólo consta de forma oficial que viajó a tierras indígenas ese año de 1581, no existe ningún documento que descarte que el autor del Cristo de la Expiración hubiera viajado a las Indias con anterioridad. En caso de que fuera así, Marcos Cabrera pudo aprender la técnica del papelón que utilizaban los aztecas para tallar a sus ídolos y, así, servirse para hacer algunas de sus obras, como relató el periodista de ABC de Sevilla, Félix Machuca.

Cepeda, su alter ego

La firma de Marcos Cabrera en el contrato del Cristo del Museo

La firma de Marcos Cabrera en el contrato del Cristo del Museo

Pero la verdadera estela legendaria que envuelve a Marcos Cabrera está en su nombre. ¿Fue realmente Marcos Cabrera el autor del Cristo del Museo? ¿Existió? ¿Quién fue el capitán Cepeda? ¿Fueron la misma persona?

Las casualidades del destino hicieron que en el mismo tiempo, en el mismo lugar, con el mismo oficio, y con el mismo destino, dos hombre viajaron a América. Marcos Cabrera y el capitán Álvaro de Cepeda y de Ayala –cuyo viaje consta en el Archivo de Indias a la isla La Española en 1561– fueron confundidos por la Historia y, de esa confusión, nació una leyenda que José María de Mena publicó en la publicación «Cristo andando por Sevilla».

Para complicar aún más la historia, la duda es quién fue realmente el capitán Cepeda, porque no sólo este Álvaro de Cepeda y Ayala hizo las Américas, ya que en el Archivo de Indias también consta como pasajero un tal Marcos de Cepeda —cuyo nombre aparece en la portada de este reportaje—, del que sólo se sabe que viajó acompañado por su familia en 1578 y era natural de Palomas.

No fue hasta 1946, en la revista «Calvario», cuando Celestino López Martínez devolvió a Marcos Cabrera el honor que nunca debió perder de ser el autor del imponente crucificado de la Expiración. Y es que, durante siglos, constaba que el imaginero que lo talló fue Marcos de Cepeda, el «capitán Cepeda». ¿Con quién confundieron, entonces, a Marcos Cabrera?

Este lío histórico tuvo su cenit con la publicación del «Diccionario» en 1800 por parte de Ceán Bermúdez, donde cuenta que la hermandad de la Expiración contrató a un artista que respondía al nombre de capitán Cepeda –un hombre «que había aprendido la escultura en Italia como siendo soldado de los Tercios»– y que, al finalizar la imagen, quedaron tan satisfechos que obligaron al escultor a romper los moldes y tirarlos en el Guadalquivir.

¿Italia? Como se sabe, Marcos Cabrera se inspiró en un cuadro de Miguel Ángel para tallar al Cristo… Dado el vacío histórico que rodea al escultor, la duda está en si el soldado del que habla Ceán Bermúdez era Marcos Cabrera o, por el contrario, el capitán Cepeda, del que está claro que eran dos personas diferentes que coincidieron en espacio, tiempo, nombre o apellido similar, la carrera de Indias y hasta oficio.

Como cuenta José María de Mena, el escultor que realizó al Cristo del Museo «se escapó de su casa y se alistó como soldado en los Tercios. Destinado a Italia, tuvo ocasión de conocer en Roma y en Florencia, las obras de arte que dichas ciudades atesoran, y habiendo recibido clases de modelado y escultura durante varios años de permanencia en Roma, decidió abandonar la carrera de las armas, cuando ya ostentaba el grado de capitán».

Y continúa con la leyenda que creó Félix González de León en su «Noticia Artística» de 1844, que indica que tras arrojar el molde al río desde el Puente de Triana porque la hermandad no quiso que pudiera haber otra igual en Sevilla, «poco a poco el escultor fue cayendo en una melancolía que acabó por convertirse en locura y, cierta noche, desde el puente de Triana se arrojó al río para buscar en sus profundidades los trozos del molde, aunque lo que encontró fue la muerte».

La calle… ¿Cepeda?

Hace unos años, la hermandad del Museo solicitó hacer justicia con el verdadero autor del Cristo de la Expiración y darle su nombre a la calle que, desde 1869, lleva el nombre de Cepeda. Incluso, en el año 2005 el Ayuntamiento de Sevilla planteó, a petición del periódico ABC, con motivo de su centenario en 2004, rotular la calle con las tres letras del diario, tal y como se denominaba antes la cercana calle Bailén.

En este embrollo de nombres para esta calle que pasa tan desapercibida para los sevillanos, hay que sumarle el antiguo nomenclátor. Allá por el siglo XV, se le denominaba «vuelta de la Merced», en relación al convento que hoy en día es Museo de Bellas Artes. De «vuelta», con los años, pasó a denominarse «calle» y, más adelante, como «plaza», por la zona amplia situada en la trasera de la capilla, donde hoy en día siguen formando los nazarenos cada Lunes Santo.

En 1840 pasó a denominarse «calle del Museo», tras la ubicación de la pinacoteca sevillana en el antiguo convento y, a partir de 1869, recibió su nombre actual de Cepeda, el personaje desconocido.