El callejero de Sevilla está conformado por personajes históricos que, en muchos casos, son completamente desconocidos a pesar de que son vías, en algunos casos, principales y famosas. En Sevillaciudad.es, durante el mes de septiembre, desempolvaremos del cajón del olvido a muchos de estos hombres y mujeres que dan nombre a las calles de la capital hispalense. En esta primera entrega, contaremos la historia de la calle Gravina, antigua Cantarranas, que une la Puerta de Triana con la Puerta Real, y en el linde de la muralla, hoy ya desaparecida a la vista desde el exterior, pero cuyo lienzo se conserva entre los edificios.

Según el «Diccionario de calles de Sevilla» editado por la Consejería de Obras Públicas y el Ayuntamiento de Sevilla, en el documento municipal de 1408 aparecía ya con el nombre de Cantarranas, cuyo nombre, según González de León, provenía del espacio pantanoso por el que discurría calle, contiguo a la muralla, que estaba repleto de ranas. También hubo quien le atribuía el nombre a los caños y husillos que tenía, por donde se limpiaba la ciudad, según el «Recibimiento que hizo la muy noble y leal ciudad de Sevilla a la C.R.M. del Rey Don Phelipe N.S.», de Juan Mal Lara.

La calle Cantarranas, actual Gravina, en el plano de Lerena (1788)

La calle Cantarranas, actual Gravina, en el plano de Lerena (1788)

Según el Diccionario, fue en el siglo XIX cuando se le cambió el nombre a esta vía, «muy probablemente en 1868, pues aparece en la planimetría de finales de siglo», aunque también se piensa que pudiera haber mantenido los dos topónimos: Cantarranas hasta el cruce de San Pedro Mártir y Gravina para el resto de la calle, hasta San Pablo. Y ya, en 1935, se acordó ampliar el nombre a Almirante Gravina, «acuerdo que pronto fue revocado para volver de nuevo a la simple formulación del apellido».

¿Quién fue Gravina?

Dijo Napoleón de él que «Gravina es todo genio y decisión en el combate. Si Villeneuve hubiera tenido esas cualidades, el combate de Finisterre hubiese sido una victoria completa». Federico Gravina y Nápoli fue un marino y militar español, que nació en Palermo en 1756 y falleció en Cádiz en 1806. Capitán general de la Armada Española, se hizo famoso por su participación en la Batalla de Trafalgar, de la que tomó el mando enarbolando el estandarte del navío Argonauta, con 80 cañones, el 15 de febrero de 1805.

En aquellos tiempos en los que Napoleón se propuso invadir Gran Bretaña, Gravina se puso al mando del almirante francés Villeneuve, quien dirigía a las tropas franco-españolas hasta el Caribe para despistar a la flora inglesa. De esa forma, intentaban alejar a la flota inglesa del Canal de la Mancha para permitir cruzar los hombres de Napoleón.

El engaño, en principio, surtió efecto pero la flota franco-española se encontró con la inglesa en el Cabo de Finisterre, donde perdió dos barcos y hubo de refugiarse en Cádiz, por orden de Villeneuve, contradiciendo a Napoleón. Ya en Cádiz, Gravina junto a otros mandos mantuvieron una confrontación con los franceses por la estrategia a llevar a cabo. Finalmente, la flota zarpó el 20 de octubre de 1805, encontrándose al día siguiente en el Cabo de Trafalgar con los ingleses, quienes derrotaron a las tropas aliadas.

Allí, Gravina perdió un brazo, herida que acabó costándole la vida tan sólo unos meses después. No obstante, con su navío Príncipe de Asturias logró llegar a Cádiz, donde alcanzó la más alta dignidad militar y se convirtió en leyenda para la Armada Española. Sus restos reposan en el Panteón de Marinos Ilustres de San Fernando y Sevilla le dedicó una calle importante de su Casco Antiguo décadas después.

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