La calle Joaquín Guichot es una de las más literarias del centro de Sevilla. Y no solo por el cronista que da nombre a esta vía que desemboca a los pies del Ayuntamiento, también lo es por continuas referencias en obras como «Sermones del loco Amaro», «Diablo Cojuelo», «La orgía» o, la más popular, «Rinconete y Cotadillo» de Cervantes.

Denominada Tintores, por haber varios locales en los que se desarrollaba este oficio, desde 1498; la calle cambia de nombre en 1913, adoptando el definitivo de Joaquín Guichot en memoria de este cronista oficial de Sevilla, fallecido escasos años antes.

Su salto al callejero de la ciudad se produce gracias a la publicación de «Historia de la ciudad de Sevilla», su obra más importante y por la que el Ayuntamiento hispalense le concede el nombramiento de cronista de la ciudad en 1874. Ese mismo año, la Diputación de Sevilla aumentaría su consideración al resto de la provincia.

Sin embargo, Joaquín Guichot y Parody nace, en 1820, lejos de Sevilla: en Madrid. De ahí huye a su corta edad como consecuencia de la entrada de as tropas de la Santa Alianza en la capital. Sus padres, un francés y una malagueña, de ideas liberales emprenden una escapada a Gibraltar, Burdeos y Sevilla, donde se instalan en 1846.

Desde joven, Guichot compatibiliza sus estudios sobre monumentos como el tajo de Ronda o el Castillo de Alcalá con su labor como periodista en medios como El Porvenir o, en años posteriores, Diario de Sevilla, El Centinela de Andalucía, Galgo Negro, Ilustración Bética y El Eco de Andalucía. En 1850 empieza a dirigir El Artista y a fundar El Teatro. Gran conocedor de la política, a lo largo de su carrera da muestras de sus convicciones adquiridas de sus padres y se constituye defensor de la causa liberal.

En las letras, Guichot demuestra un vasto conocimiento en su primera obra «Historia General de Andalucía», después llegaría «Historia de la Ciudad de Sevilla» y su plaza en la Academia de Buenas Letras de Sevilla en 1879. El cronista muere en marzo de 1906.

Joaquín Guichot

Una calle comercial… plagada de veladores

«La calle es toda tiendas», según describió en su día el erudito Gonzáles de León; a lo que en la actualidad habría que añadirle la coletilla «y veladores». Comercial y bulliciosa, la calle Joaquín Guichot acogió desde tintores y puestos de pescados (que generaban protestas en el vecindario por los malos olores) a un casino de juegos prohibidos, pasando por la casa hermandad de San Onofre, de concepción regionalista proyectada por Juan Talavera y Rafael Arévalo. 

En la actualidad, la calle mantiene la actividad de restaurantes y bares. Y lo que en su día fue una calle angosta por mor de la planimetría, hoy lo es por lo saturada que está de veladores, que apenas ofrece un pasillo entre mesa y mesa para el tránsito de los peatones.