El parasol más caro de Sevilla, Metropol, da sombra a lo que un día, no muy lejano, fue el convento de La Encarnación. Los continuos ensanches que esta zona del casco antiguo de la ciudad han redibujado la planimetría de esta céntrica plaza. Unos jardines circulares, un mercado, un solar de aparcamientos… y unas «Setas» de madera.

El derribo de la manzana del convento de la Encarnación en 1810 integró en un mismo espacio varias zonas colindantes, como el acceso a la calle Regina, un tramo de José Gestoso o la plaza de Don Pedro Ponce. Esta gran zona se refundió en la reforma general del callejero de 1845  y pasó a llamarse plaza de la Encarnación.

Detalle de la plaza de la Encarnación

Demolición del mercado en 1973.

De trazado rectangular, por las continuas operaciones urbanísticas a las que ha sido sometida desde el siglo XVI hasta hace escasos cuatro años, el solar ha tenido un uso similar desde hace más de doscientos años. El mercado que se construyó en 1820 no sólo ocupó los terrenos de la manzana derribada, sino que incluso se extendió a parte de las primitivas plazas de Regina y sobre todo de la de la Encarnación, de forma que el espacio libre entre el mercado y la entrada de Puente y Pellón quedó reducida a una calle ancha.

La plaza de la Encarnación no va a experimentar grandes cambios morfológicos durante más de un siglo, salvo alineaciones en los años 1853, 1863 y 1879 y modificaciones en el sistema de pavimentación, sucediéndose empedrado de 1821 al 28, embaldosado de 1855 al 57, adoquinado y cemento -desde el último cuarto del XIX-, y la construcción del acerado, que se realiza a lo largo de las dos primeras décadas de este siglo.

En 1948, dentro del proyecto de creación de un gran eje de comunicación Osario a La Campana, se derribó el tercio meridional del mercado, y los terrenos resultantes se utilizaron para poner en comunicación directa entre la calle Laraña e Imagen y se urbanizó la plaza con la disposición y elementos que han llegado hasta hoy.

Plano de la plaza de la Encarnación

Plaza de la Encarnación en el plano de Lerena de 1788.

A partir de este momento se crea una clara división morfológica, que lo es también funcional, entre el sector de la plaza situado al norte del eje Laraña-Imagen, presidido hasta hace unos años por el edificio del mercado de abastos, y el que se sitúa al sur del mismo, la plaza propiamente dicha. El primero, el solar del antiguo mercado, que fue derribado en 1973, se encontraba rodeado de vallas publicitarias, aceras en mal estado de conservación y el espacio libre reproduce en tres de sus lados el antiguo viario de Correo, Regina y Aire, aunque alineados.

Y llegaron las «Setas»

El año 2004 es clave para la plaza de la Encarnación. El Ayuntamiento decide poner en valor este céntrico espacio y convoca un concurso de carácter internacional. Busca un proyecto que aunase un mercado de abastos, una plaza pública y un espacio destinado a museo arqueológico. Al concurso concurren 65 proyectos y el jurado se decanta por Metropol Parasol, del arquitecto berlinés Jürgen Mayer. El más caro de todos.

Las obras se inician el 26 de junio de 2005. Y, poco tiempo después, salta la noticia. La prestigiosa empresa Ove Arup & Partners remite un informe técnico al consistorio sevillano informando «que la construcción de la complejísima estructura del Parasol, tal y como estaba concebida no era realizable», pues el arquitecto únicamente había realizado un proyecto básico que excluía las pruebas técnicas, por lo que no había tenido en cuenta la inexistencia de una tecnología apropiada para llevarlo a cabo.

Pero la intención del Ayuntamiento sigue aunque haya que esperar hasta 2009 para que los ingenieros diesen con una solución al diseño de Mayer. Se sustituyó el metal proyectado por madera, lo que supuso un incremento en el presupuesto de 25,8 millones de euros. Las obras siguen. ‘Metropol Parasol’ se inaugura el 27 de marzo de 2011, con cuatro años de retraso y un sobrecoste de casi el doble de lo inicialmente proyectado. Las «Setas» costaron a los sevillanos 84 millones de euros.

Setas de la Encarnación

La estructura consiste en seis parasoles con forma de setas de grandes dimensiones, cuyo diseño se inspira en las bóvedas de la catedral de Sevilla y los ficus de la cercana plaza del Cristo de Burgos. En su conjunto dispone de cinco niveles. El nivel superior alberga una plaza mirador y un trayecto panorámico que sobre plataformas recorre la mayor parte del conjunto. En el interior de los parasoles centrales, a 22 metros de altura, se sitúa un restaurante de tapas y espacio para eventos. Bajo los parasoles se ubica una plaza elevada, umbría y diáfana (Plaza Mayor) diseñada para albergar eventos de distinto carácter. A nivel de suelo se encuentra el actual Mercado de la Encarnación, junto con locales comerciales y de restauración.

Finalmente, el sótano alberga el museo Antiquarium, en el que se exhiben los restos arqueológicos hallados en el lugar. Este Antiquarium fue proyectado por el arquitecto sevillano Felipe Palomino González, que participó en toda la dirección de obra del proyecto mayor.