Hoy se cumplen 512 años de una institución de gran peso en la ciudad, aunque ya extinta. Hablar de ella es recordar la pujante Sevilla de Indias, pues surgió para gestionar el cada vez mayor volumen de transacciones comerciales con el «Nuevo Mundo».

Se trata de la Casa de la Contratación, organismo impulsado por los Reyes Católicos en 1503, a raíz del segundo regreso de América de Cristóbal Colón.

Extracto de la Real Cédula de 1503

Extracto de la Real Cédula de 1503

La sorpresa y el exotismo habían quedado atrás. Ahora se valoraba la riqueza que podría generar establecer relaciones comerciales en firme y la situación de puerto interior del Guadalquivir hacían de Sevilla la mejor sede administrativa.

Por ello, todo aquel castellano que quisiera emprender viaje hacia las lejanas tierras tenía que cumplir, exclusivamente en este lugar, con la función burocrática. Papeleo, pago de tasas, impuestos… también para las importaciones, que eran rigurosamente controladas.

Las inspecciones se realizaban igualmente en los buques que iban a surcar el océano, a los cuales se aprovisionaba con todo lo necesario, desde aparejos a víveres. La Casa de la Contratación se encargaba también de las relaciones con mercaderes y navegantes y, por supuesto, registrar cualquier expedición.

Prestigiosos nombres de la navegación sevillana quedaron ligados, pues, a la también llamada «Casa del Océano». Juan de la Cosa, Magallanes, Elcano, Alvar Núñez Cabeza de Vaca o Américo Vespucio, que se convirtió en el primer Piloto Mayor, en 1508.

Como recuerda Alfonso Pozo, de la Universidad de Sevilla, esta figura era la encargada de «examinar a los pilotos que deseaban hacer la carrera, y de trazar los mapas o cartas de navegación y el Padrón Real o mapa-modelo del Nuevo Mundo, hasta 1519 en que se crea el puesto de Cartógrafo».

Este lienzo atribuido a Alonso Sánchez Coello muestra Sevilla en tiempos de la Casa de la Contratación

Este lienzo atribuido a Alonso Sánchez Coello muestra Sevilla en tiempos de la Casa de la Contratación

Se puede tomar conciencia de la grandiosidad de la institución a partir del diario ABC del 19 de octubre de 1929, que recogía lo siguiente: «Decía un historiador del siglo XVI que si se aplicara al empedrado de las calles sevillanas todo el dinero que había entrado en la Casa de Indias desde el Descubrimiento de América, los ladrillos serían no de barro sino de perlas, oro y plata».

O al conocer que, ante la epidemia de peste de 1649, Felipe IV nombró una comisión «de crisis» compuesta por el asistente, el regente de la Audiencia, el arcediano y el presidente de la Casa de la Contratación, dada la dignidad del cargo.

Varias décadas después, paradójicamente, la entidad se trasladaba a Cádiz, ciudad a la que llegó en 1717.

Las distintas «Casas»

La actual plaza de la Contratación recibe su nombre por la señera entidad en 1845, pues aunque el edificio que hoy alberga la Delegación del Gobierno de la Junta de Andalucía se siga conociendo como Casa de la Contratación, en realidad es solo un  homenaje a la desaparecida sede.

Tabla de la Virgen de los Mareantes, de Alejo Fernández / Fran Piñero

Tabla de la Virgen de los Mareantes, de Alejo Fernández / Fran Piñero

Realmente, formaba parte de los Alcázares. Aún se conservan algunas dependencias, a las que se puede acceder desde el Patio de la Montería (en la imagen que abre este reportaje), y que corresponden al llamado «Cuarto del Almirante» y la sala de Audiencias.

También se mantiene la tabla de la Virgen de los Mareantes, parte central del retablo de una desaparecida capilla.

Incluso se conserva un desconocido patio almohade con pasarelas, desniveles, cuatro albercas en las esquinas, una fuente central, motivos de sebka… Incluido en la propiedad autonómica, fue redescubierto a mediados del siglo XX. El resto es historia, y no precisamente exenta de contratiempos

Sufrió incendios en 1563, 1604 y 1691, el terremoto de 1755 y una reconstrucción de 1805 que cambió la fisonomía del conjunto, añadiendo la fachada que da a la plaza, cuando ya se dedicaba a otros menesteres, también burocráticos. A mediados de los sesenta se demolían, para verse reconstruidas por Rafael Manzano a partir de 1973.

Como curiosidad, éste no fue el primer emplazamiento sino las Reales Atarazanas, con un aspecto más cercano al de un castillo que al que conocemos hoy.

Grabado de las Atarazanas de Sevilla en la época de la Casa de la Contratación

Grabado de las Atarazanas de Sevilla en la época de la Casa de la Contratación

La proximidad del río, traducida en humedad para las mercancías y mayor impacto de las riadas, forzaron una pronta mudanza.

Otra sede fue el actual Archivo de Indias, que precisamente conserva, entre otros documentos, más de 43.000 legajos. Conocido como Lonja de Mercaderes o Consulado, a partir del siglo XIX, fue creado en 1543 para asumir la jurisdicción civil de sus miembros.

«Hasta esa fecha, los juicios y pleitos entre mercaderes se celebraban en la Casa, pero los mercaderes, deseosos que se les reconociera su jurisdicción, solicitaron permiso para constituir una asociación similar a la de Burgos o Valencia», explica Alfonso Pozo.

Cabría añadir, por último, la etapa gaditana, en un edificio análogo al Palacio de la Aduana, en el que la Casa de la Contratación permaneció hasta 1790.