Con la llegada del otoño cobran especial interés las rutas que incitan a la melancolía y la reflexión. Una curiosa manera de visitar las ciudades es a través del «Necroturismo», es decir, conocer a conciencia los cementerios y panteones locales. Y Sevilla es una buena muestra de ello.

Aunque pueda parecer macabro en primera instancia, estos lugares son zonas de alta riqueza arquitectónica, escultórica y, sobre todo, cultural. Más allá del camposanto de San Fernando y del «de los Ingleses», una interesante, a la par que desconocida opción en la capital hispalense es la del «Panteón de Sevillanos Ilustres», que tras el impás del verano recupera hoy su doble sesión de visitas guiadas los viernes.

Vista general del Panteón de  Sevillanos Iustres / V. Gómez

Vista general del Panteón de Sevillanos Iustres / V. Gómez

El gran mausoleo se encuentra bajo la iglesia de la Anunciación y destaca por su planta de cruz latina, la presencia de un pequeño crucificado, atribuido tanto a Juan de Giralte como a Roque Balduque, y por ser propiedad de la Universidad Literaria desde 1771, tres años después de que Carlos III expulsara a la Compañía de Jesús, sus dueños originales. Eso sí, no con el presente aspecto, que le llegó tras unas obras de ampliación en los años 70.

Sin embargo, lo realmente interesante son las personalidades que se «dan cita» en esa cripta, protagonistas de la Sevilla de antaño y nombres propios en el arte e intelectualidad hispalense. ¿Sabe a quiénes nos referimos?

Los ilustres

Una de las lápidas más llamativas del recinto corresponde a sus «moradores» más notorios, los hermanos Bécquer. Tras un intimidante ángel tenante, obra de Eduardo Muñoz, yacen Gustavo Adolfo y Valeriano. No falta la simbología de su obra más conocida, el libro de Rimas, las Golondrinas ni tampoco los rasgos neogóticos, habituales en las sepulturas de los siglos XIX y XX.

La lápida de Gustavo Adolfo Bécquer suele recibir muestras de cariño, poesías o flores / Vanessa Gómez

La lápida de Gustavo Adolfo Bécquer suele recibir muestras de cariño, poesías o flores / Vanessa Gómez

El panteón también procura descanso eterno al cordobés Amador de los Ríos, reconocido poeta, historiador, crítico y literato decimonónico. De similar perfil, aunque posterior, fue la figura de José Gestoso, igualmente versado en la arqueología, que llegó a restaurar importantes edificios sevillanos como los Reales Alcázares. Su memoria perdura en los subterráneos de la calle Laraña.

Del mismo modo, «habitan» este mármol personalidades de otra época. Por ejemplo, Rodrigo Caro, que falleció en 1647. En esa fecha el panteón aún no existía, no como lo conocemos hoy. Sus restos descansaban la Iglesia de San Miguel de la plaza del Duque, derruida en 1870, poco después de ser desacralizada con La Revolución Gloriosa.

A la derecha, la tumba con relieve de Benito Arias Montano / José Galiana

A la derecha, la tumba con relieve de Benito Arias Montano / José Galiana

Otro caso es el de Arias Montano, aún previo en la cronología, pues fue consejero de Felipe II, aunque su principal mérito sea la edición de la «Biblia Políglota de Amberes». Extremeño de nacimiento, su fin le alcanzó en Sevilla en 1598. De ahí que fuese enterrado en el Convento de Santiago de la Espada e incluso en la Catedral de Sevilla, entre 1810 y 1840. Después pasó a la iglesia de la Anunciación en el tiempo de las obras en la cripta.

Alberto Lista, los Ponce de León, Mateos Gago, Martín Villa, José María Izquierdo, Federico Sánchez-Bedoya… Personalidades homenajeadas en el nomenclátor hispalense y que se encuentran sepultadas en el Panteón, que alberga más de una veintena de lápidas.

Entre tanto caballero una dama: Cecilia Bohl de Faber. El juego de palabras es de lo más acertado al conocerse que esta escritora decidió adoptar un pseudónimo masculino para poder desarrollar su labor intelectual en un mundo de hombres: Fernán Caballero.

Acceso al panteón desde la Facultad de Bellas Artes / J. Galiana

Acceso al panteón desde la Facultad de Bellas Artes / José Galiana

No es la única mujer que descansa en el panteón, aunque si la más «temida». Y es que la leyenda cuenta que un fantasma se pasea por la actual Facultad de Bellas Artes de manera recurrente, y que todo apunta a que el espíritu sea el de Cecilia.

Seguro que este relato le habrá suscitado preguntas. Nada mejor para resolverlas que realizar la visita (más información aquí), que bien a través de personal universitario en la mañana, o bien en palabras de los alumnos del colegio Buen Pastor, en horario de 16:30 a 19:30, le hará conocedor de esa Sevilla oculta, de tradiciones pretéritas, que paradójicamente yace bajo la zona más vanguardista de la ciudad.