El patrimonio de Sevilla es tan amplio que la visita no se agota a ras de suelo. Al alzar la vista, emerge todo un rico conjunto de torres, espadañas y otros detalles que hablan de la historia de los edificios que los integran, de tradiciones de la ciudad o de pujantes blasones.

Por ejemplo, las veletas. Y es que cuando el viento atraviesa Sevilla lo hace bajo incontables y férreas «miradas». No podía ser de otra forma en una ciudad cuyo símbolo es una giralda, término que recoge la RAE para definir a la «veleta de torre que tiene figura humana o de animal», y que por extensión terminó por definir al propio monumento.

Les proponemos una ruta por diez de las veletas más interesantes de la ciudad, o lo que es lo mismo, la experiencia de descubrir «los peines del viento» de Sevilla.

1. San Lorenzo

En la veleta, como en otros lugares de la iglesia de San Lorenzo, se aprecia la parrilla del martirio / Fran Piñero

En la veleta, como en otros lugares de la iglesia de San Lorenzo, se aprecia la parrilla del martirio / Fran Piñero

El viaje comienza en la céntrica plaza de San Lorenzo, donde la vista puede encontrar dos veletas distintas. Sobre la cúpula de la Basílica del Gran Poder se atisba, en hierro, los querubines y el escudo idefintificativo de la corporación de la Madrugá.

Pero la que nos interesa es la que corona la torre de la parroquia, ese segundo cuerpo de campanas añadido en 1757. Y lo hace no tanto por la destreza en su diseño sino por el elemento que representa: la parrilla.

La tradición sitúa el ardiente utensilio como forma del martirio del santo, y que se repite en más de una ocasión en este templo.

Sin ir más lejos, en la escultura de Lorenzo de Huesca en piedra que remata el acceso principal, en análoga disposición que la otra estatua del altar principal. Y en las lámparas que alumbran en cada pilar interior.

2. San Vicente

Un místico cuervo con tridente en el pico corona la torre de la iglesia de San Vicente / Fran Piñero

Un místico cuervo con tridente en el pico corona la torre de la iglesia de San Vicente / Fran Piñero

Tomando la calle Juan Rabadán en dirección al Guadalquivir se alcanzaría San Vicente, donde se encuentra la siguiente parada de esta peculiar ruta.

Precisamente sobre la torre de la iglesia del mismo nombre. Allí se puede contemplar lo que a priori parece ser una paloma, ave muy de Sevilla, incluso de la propia plaza Teresa Enríquez, recomendable mirador para la escena.

Hay una salvedad, que no es una paloma sino un cuervo, más impropio de la capital hispalense pero no de la historia de San Vicente Mártir. Y es que se dice que, una vez fallecido (con toda una intensa historia de martirio y «milagrosa» muerte), su cuerpo quedó abandonado en el campo.

Para que los animales carroñeros no se lo comieran, un sagrado cuervo fue enviado para ahuyentarlos, «armado» además con un tridente. No, no es una ramita de olivo lo que porta en el pico.

Así, un animal frecuentemente vinculado a la desgracia o la muerte se alza en Sevilla como solidario garante de la dignidad humana.

3. Capillita del Carmen

El sereno Marchena o «El veleta» son el remate en hierro de la torre de la Capilla del Carmen / Fran Piñero

El sereno Marchena o «El veleta» son el remate en hierro de la torre de la Capilla del Carmen / Fran Piñero

Llegados a la plaza del Museo, y buscando Marqués de Paradas y Reyes Católicos, la tercera veleta «nos habrá encontrado», pues para distinguir el motivo que representa aún habrá que cruzar el Puente de Isabel II.

Sobre la parte más alta y espigada de la Capillita del Carmen se descubre una figura históricamente ligada a Triana y a la ciudad entera: el sereno.

Más concretamente el sereno Marchena o el Veleta, que tantas noches veló por las calles nocturnas del arrabal. Así lo explica Francisco Hidalgo Aznar en «Viaje por las veletas de Sevilla».

El autor, además, apunta que la veleta «estaba ya en la anterior capilla, aproximadamente situada en el mismo sitio, que se derribó en 1918» para levantar la obra de Aníbal González.

En una mano, un largo chuzo con el que defenderse o apremiar al incómodo, en la otra un farol para alumbrar en las largas noches. Así quedó «retratado» en esta pieza creada en la fragua de los Cagancho.

4. Archivo de Indias

Cinco pares de leones, avalanzándose sobre cinco torres castellanas, indican el viento en el Archivo de Indias / Fran Piñero - Raúl Doblado

Cinco pares de leones, avalanzándose sobre cinco torres castellanas, indican el viento en el Archivo de Indias / Fran Piñero – Raúl Doblado

El Paseo de Cristóbal Colón y la calle Dos de Mayo, incluido el paso por el Arco del Postigo, son el sendero natural para hallar la siguiente veleta, generalmente desapercibida por ser el remate del monumental Archivo de Indias.

Y eso que luce por partida quíntuple, en cada uno de los pináculos que embellecen la parte superior de la gran biblioteca.

Es el león el que, a pares, protagoniza el diseño, dos rampantes encaramados sobre una torre y con numerosas flores de lis en la cruz que culmina el conjunto. Símbolos de los Reinos de León, Castilla y los primeros Borbones, que llevan a Hidalgo a apuntar al siglo XVIII como origen de esta obra.

Eso sí, las piezas son recientes (a excepción del crucifijo y el vástago), por lo que probablemente sean réplica de una anterior.

Como curiosidad, y según recuento realizado por el autor de la publicación, 17 leones «rugen» al cielo sevillano, de lejos el animal más representado.

5. La Equitativa

Más habitual en localidades de mar, una nave surca la Puerta de Jerez sobre la Equitativa / Fran Piñero

Más habitual en localidades de mar, una nave surca la Puerta de Jerez sobre la Equitativa / Fran Piñero

En los cuatro puntos previos se ha podido observar que las veletas no son sólo útil adorno de templos. También son parte del patrimonio institucional y, como se detalla a continuación, de edificios particulares.

Así ocurre en el conocido como «La Equitativa», en la esquina en la que la calle San Fernando arranca desde la Puerta de Jerez.

El inmueble, adquirido por la empresa de seguros, fue actualizado al gusto regionalista por Juan Talavera y Heredia en 1937. Fue entonces cuando el antiguo palacio, de solo un par de pisos, ganaba altura y un mirador, sobre el cual se dispuso una inesperada veleta con forma de navío.

El motivo, que puede entroncar con el pasado de Indias, es más propio de zonas costeras como Cádiz (hay un ejemplo en La Caleta) o del norte de España (en Zumaia, Guipúzcoa, se aprecian varias).

6. Casa Rosa

Muy del estilo «fin de siecle» es la veleta dragontina de la emblemática Villa Eugenia / Fran Piñero

Muy del estilo «fin de siecle» es la veleta dragontina de la emblemática Villa Eugenia / Fran Piñero

Una vez cruzados los Jardines del Cristina, y enfilándose el Paseo de las Delicias, el visitante irá quedará tentado por diversos reclamos visibles hasta llegar al próximo destino, bastante más oculto por la vegetación.

Se trata de Villa Eugenia, más conocida como Casa Rosa, y que alberga sobre la emblemática cubierta afrancesada una peculiar veleta con forma de dragón.

Visitar los jardines, actividad que se pondrá en marcha a partir de septiembre, permitirá reparar con más detalle en la pieza, ejemplo del cambio estilístico vivido en el siglo XIX, que dejó atrás los habituales iconos heráldicos por diseños «de fantasía».

El dragón, admirado en China y en Eslovenia (símbolo de Ljubliana), tiene poca conexión con la tradición hispalense, más allá de las connotaciones bíblicas y el gusto personal de quien encargara la obra.

7. Fábrica de Artillería

El soldado de Artillería lleva ausente un año, cuando fue retirado por riesgo de desprendimiento / Fran Piñero - Fco Javier (Cofrades PS)

El soldado de Artillería fue retirado hace un año por riesgo de desprendimiento / Fran Piñero – Fco Javier (Cofrades PS)

Vaya por delante que esta ruta pretende tener una vigencia a largo plazo, tan largo como los edificios mantengan sus veletas como parte de su fisonomía.

Por ello, esta parada habría que obviarla de manera temporal, pues el Ayuntamiento retiró la veleta en cuestión hace ahora un año, ante riesgo de desprendimiento por inestabilidad, una actuación aprobada por la Comisión Provincial de Patrimonio.

Hablamos del soldado de hierro que venía indicando la procendencia de los vientos sobre la techumbre de la Fábrica de Artillería de Sevilla, en la calle Eduardo Dato, lugar donde precisamente fue fraguada poco después de su fundación, a mediados del siglo XVI.

Si bien en sus orígenes estaba pintada según los colores del uniforme militar, en el pasado reciente se mostraba en hierro desnudo, con la beligerante postura rifle en ristre.

La propia Fábrica de Artillería, Bien de Interés Cultural, se encuentra en fase avanzada de un proceso de restauración, por lo que se prevé que el pequeño gran vigía regrese para coronar el remozado recinto.

8. San Roque

El gallo de San Roque llama la atención por presentar una rojiza cresta y barbillas / Fran Piñero

El gallo de San Roque llama la atención por presentar una rojiza cresta y barbillas / Fran Piñero

El último tramo de este paseo por la ciudad se concentra extramuros, zona que se alcanza tras haber callejeado por el barrio de la Calzada o, dada la ausencia del soldado artillero, a través de Menéndez Pelayo.

Sobre el rojizo chapitel de la iglesia de San Roque hay una veleta con un gallo de cresta igualmente granate, siendo este ave el emblema más representado en las alturas a nivel mundial.

No hay explicación clara del origen de este uso, pero bien podría tener que ver con el Misterio de las Tres negaciones de San Pedro (se trata de un templo), con la idea de que el gallo fuera lo primero que el fiel vería (y oiría) al despertar o con los valores de custodia y sacrificio que se le presuponen.

Francisco Hidalgo, a su vez, incide en la propia forma del animal: «su pico asemeja la punta de una flecha y su cola, el penacho. El gallo tiene un perfil flechiforme, aerodinámico».

El escritor va más allá y encuentra similitudes entre la morfología de la veleta de San Roque y su pasado: el propio color y los espolones afilados parecen indicar el viejo carácter proletario del barrio donde se inserta (la iglesia fue incendiada dos veces).

9. Los Negritos

La sede canónica de Los Negritos tiene, en honor a su titular mariana, un ángel por veleta / Fran Piñero

La sede canónica de Los Negritos tiene, en honor a su titular mariana, un ángel por veleta / Fran Piñero

Para compensar la búsqueda de las veletas 6 y 7, bastante más alejadas del conjunto, la siguiente puede observarse desde el mismo lugar en que haya contemplado el gallo de San Roque, pues está justo enfrente.

Se trata del pequeño ángel que parece dirigir la punta de flecha sobre la capilla que alberga a la Hermandad de Los Negritos, un templo que recibe el nombre de su dolorosa, la Virgen de Los Ángeles.

Una dolorosa que recibe dicha advocación por la inocencia y bondad de la raza que en ella se encomendaba. Inicialmente fue la Virgen de la Adoración de los Reyes, pero tras un pleito perdido, la corporación modificó el nombre por el actual (mediados del siglo XVI).

Eso sí, la veleta figura en la capilla desde 1964, cuando se restauró el templo.

No es el único ángel que culmina una torre en Sevilla, hay otro muy vistoso en el ex convento de Los Remedios, pero el que nos ocupa destaca por su fragil y orante apariencia.

10. Santiago

El implacable apóstol Santiago trota por los cielos del Casco Antiguo de Sevilla / Fran Piñero

El implacable apóstol Santiago trota por los cielos del Casco Antiguo de Sevilla / Fran Piñero

Ya desde cierta distancia, la característica cruz de Santiago indica que la iglesia blanca y albero, paralela y no lejana a la de los Ángeles, rinde honores al patrón de España.

Pero al observar con detalle, se aprecia que es el propio santo el que cabalga en la veleta, a lomos de ese caballo que se evoca blanco y en actitud guerrillera contra las huestes musulmanas.

La flecha que define la veleta es la propia lanza que porta el apóstol, una imagen cercana a la que recoge la leyenda de su vigorosa aparición en la Batalla de Clavijo, cuando «combatió» junto a los cristianos medievales.

Desde entonces se empleó (hasta la época moderna) la consigna «Santiago y cierra España», para motivar a las filas.