Existen varios modos de visitar y conocer Sevilla: a través de sus edificios, de su gastronomía, de sus tradiciones… Hoy les proponemos un circuito distinto, algo que podría llamarse la «Ruta de los metales» por la capital hispalense, sin que el nombre tenga que ver con aquellos viajes prehistóricas que llevaban a cabo los fenicios en busca del codiciado estaño por las costas del Mar Mediterráneo.

Hablamos de los mejores exponentes del hierro y del bronce en la ciudad —amén del Puente de Triana—, un compendio de diez elementos que buscan ser representativos de cada categoría, pues en esta ruta, totalmente gratuita encontrarán desde estatuas a farolas, pasando por elementos ornamentales y grandes monumentos.

1. Las farolas de Aníbal González

Las farolas de la Plaza de América responden al diseño del artífice de todo el espacio abierto: Aníbal González / Fran Piñero

Las farolas de la Plaza de América responden al diseño del artífice de todo el espacio abierto: Aníbal González / Fran Piñero

El punto de partida será la Plaza de América, donde el reclamo visual es tan rico y variado que habrá que centrarse en el primer integrante de esta lista, las farolas que delimitan el estanque central.

Se trata de un completísimo diseño de 1914 de Aníbal González, quien proyectó la plaza al completo, y ejecutado en hierro forjado por Juan Miró y donde se pueden apreciar desde una corona real a cadenetas de las que penden los puntos de luz, pasando por la propia filigrana del mástil calado.

Destacan por su belleza y estado de conservación, si bien podrían haber compartido espacio en este repaso con las oxidadas farolas de Talavera y Heredia para el Puente de San Bernardo, las de la pasarela sobre el antiguo cauce del Guadaira (de restauración urgente) o las clásicas farolas fernandinas diseminadas por todo el Casco Antiguo.

2. Bronce carriazo

El Bronce Carriazo, posible bocado de caballo de orígen tartésico que se custodia en el Museo Arqueológico de Sevilla / Terraeantiqvae

El Bronce Carriazo, posible bocado de caballo de orígen tartésico que se custodia en el Museo Arqueológico / Terraeantiqvae

Antes de abandonar la Plaza de América visitaremos el Museo Arqueológico, donde se encuentra el segundo de estos hitos, por lo que conviene no realizarla el lunes, día de cierre de las instalaciones.

Si al inicio del reportaje aclarábamos que ésto no era una expedición puramente prehistórica, en cierto modo sí que lo es «a la tartésica», e incluso «a la fenicia». Nos encontramos ante una de las piezas del conocido como «Bronce Carriazo» (por ser Juan de Mata Carriazo quien lo descubrió, curiosamente, en el mercadillo de El Jueves).

Todo apunta a que se empleaba como bocado de caballo (pieza de la brida que va en la boca del equino para guiar su dirección al tirar) por los Tartessos, pues data de los siglos VII-VI a.C. Eso sí, muestra a la diosa fenicia Astarté, pero con inspiración egipcia en el peinado junto a una pareja de aves de marisma, donde se le veneraba como divinidad.

3. La Verja de San Diego

Detalle del antiguo cerramiento parcial del 29, en el tramo que engloba al Casino de la Exposición / Fran Piñero

Detalle del antiguo cerramiento parcial del 29, en el tramo que engloba al Casino de la Exposición / Fran Piñero

No habrá que recorrer gran distancia hasta la siguiente parada, la glorieta de San Diego. Allí es donde se puede encontrar el único tramo del vistoso y robusto cerramiento perimetral que ha sobrevivido a las amplias ocho décadas que distan desde su colocación, de cara a la Exposición Iberoamericana de 1929.

La verja, encastrada en las bajas pilastras y el monumento de Vicente Traver a la alegoría de Hispania (anteriormente también conectaba las esbeltas torretas neobarrocas) pudo ser fundida y forjada (es de técnica mixta) en los talleres de Marvizón y responder al diseño en estilo regionalista del propio Traver.

Al igual que el Parque de María Luisa, esta reja está considerada como Bien de Interés Cultural, de esplendor recuperado tras una reciente intervención de limpieza, tratamiento, consolidación y reintegración parcial.

4. El Cid Campeador

Curiosa instantánea del Cid de Sevilla con globos negros, de los que se desconoce su objetivo / J. José Úbeda

Curiosa instantánea del Cid de Sevilla con globos negros, de los que se desconoce su objetivo / J. José Úbeda

No es desde luego Sevilla una ciudad parca en adornar sus calles con esculturas, y mucho menos con aquellas hechas de bronce. Naturalistas, como la de Curro Romero en La Maestranza, conceptuales, como la de Belmonte en Triana o simplemente enaltecedoras, como San Fernando en la Plaza Nueva.

La que aquí consignamos, a escasos metros del anterior hito, tiene el exclusivo privilegio de haber sido replicada en varias ocasiones, y «llevada» a América.

Hablamos de la estatua ecuestre del Cid Campeador, obra de la escultora estadounidense Anna Hyatt Huntington, creada para la Exposición Iberoamericana por expreso regalo de la Sociedad Hispánica de América.

Tras crear un prototipo, que hoy se encuentra en Carolina del Sur, surgió el conjunto sevillano, que pasaría de la glorieta de San Diego a San Diego ciudad, Nueva York, San Francisco, Buenos Aires y la Valencia española.

5. Cruz de Cerrajería

La barroca Cruz de Cerrajería, marca el centro de la plaza que resume la esencia del barrio / Fran Piñero

La barroca Cruz de Cerrajería, marca el centro de la plaza que resume la esencia del barrio / Fran Piñero

Atravesando los siempre agradables Jardines de Catalina de Ribera y Murillo se llega a la siguiente parada, la Plaza de Santa Cruz.

En el centro, destacando más que nunca tras la reciente restauración, se alza la conocida Cruz de Cerrajería, que no es que esté conformada a base de elementos de dicho oficio, sino que mantiene el sobrenombre que le dio la ciudad cuando marcaba la intersección de Sierpes con la calle Cerrajería.

El crucifijo, del que penden cabezas de serpiente (por su anterior ubicación) y ángeles, fue creado en estilo barroco por Sebastián Conde en 1692, y llegó al espacio que ideara Talavera y Heredia en 1918, tras cuatro décadas en el Museo de Bellas Artes.

Sería el máximo exponente de una categoría en la que merecen ser consideradas las cruces de San Isidoro, la de La Retama, en San Antonio Abad, y la que, inesperada, luce en la fachada del convento de las Hermanas de La Cruz que da a Doña María Coronel.

6. Puerta del Perdón

A la izquierda, la copia del aldabón original que pende de la Puerta del Perdón, «lienzo» que recoge dos mensajes del Corán / Rocío Ruz y J.M. Serrano

A la izquierda, la copia del aldabón original que pende de la Puerta del Perdón, «lienzo» del Corán / Rocío Ruz y J.M. Serrano

Callejeando por el barrio de Santa Cruz la ruta se encamina hacia Mateos Gago, que se recorrerá hasta alcanzar el templo metropolitano por su parte «de mezquita», la que da a la calle Alemanes.

Allí nos detendremos en la Puerta del Perdón, acceso original al antiguo patio de abluciones musulmán, que aunque fue enriquecida con una espadaña, yeserías, esculturas y un altorrelieve («Expulsión de los mercaderes del templo») en el siglo XVI, ostenta elementos de gran valor para este paseo. El propio conjunto data, como mínimo, de 1182.

Para empezar, la puerta en sí, de madera de cedro, está revestida de bronce, siendo dicha superficie transmisora de dos mensajes coránicos: «el poder y la eternidad pertenecen a Alá», debidamente escritos en caligrafía árabe medieval. Y, más concretamente, sus aldabones, del mismo material, con decoración vegetal. Aunque en este caso se trata de réplicas, pues los originales se atesoran en el interior de la Catedral.

En ese sentido cabría destacar otros «aldabones», los llamadores de los pasos procesionales que en el caso de la Quinta Angustia, el Misterio de La Amargura y El Cachorro (Cristo) son de bronce, dorado y plateado en los dos últimos casos.

7. La lonja gourmet

Unas «desnudas» Naves del Barranco, durante la presentación del proyecto gourmet que es una realidad desde 2014 / Juan Flores

Unas «desnudas» Naves del Barranco, durante la presentación del proyecto gourmet, realidad desde 2014 / Juan Flores

Al amparo de la revolución industrial, el hierro se convirtió en uno de los principales materiales constructivos. Sevilla no escapó a la tendencia, dejando principalmente tres ejemplos de espacios públicos con el metal como protagonista.

Las dos estaciones de tren, de Córdoba y de San Bernardo, reconvertidas en centro comercial (Plaza de Armas) y puntual mercado, respectivamente, quedarían al margen por incluir grandes tramos en piedra para su acceso y zona de taquillas y espera.

Por ello destacamos las llamadas Naves del Barranco, erigidas en 1883 por Portilla, White y Cía como sede de la lonja de pescadores, un espacio de 700 metros cuadrados a base de hierro galvanizado, columnas de fundición y cristal. A ellas llegaremos tomando por García de Vinuesa y Adriano.

También siguiendo la tendencia de mutar plazas de abastos en lugares de restauración, el pasado 2014 «El Barranco» estrenó nueva etapa como Mercado Gourmet, tras ser punto de información turística y, sobre todo, un edificio vacío al final de la calle Arjona.

8. El mundo según el 92

La Esfera Bioclimática en la actualidad, sin su añorada microaspersión de agua / Fran Piñero

La Esfera Bioclimática en la actualidad, sin su añorada microaspersión de agua / Fran Piñero

Calificar esta construcción de prodigio a estas alturas es algo muy osado, pero seguro que en su momento, con su recién estrenado pase de temporada o con la fascinación de la primera visita a la Expo 92, le resultó toda una creación.

La bola del mundo, la unión entre los continentes y también el recuerdo del Descubrimiento y en cierto modo la circunnavegación de la tierra, que ahora volverá a ser homenajeada entre 2019 y 2022. Y el alivio ante la canícula de aquel verano.

Más de 500 micronizadores «ocultos» bajo la retícula férrea, conocida como Esfera Bioclimática, fueron símbolo de la Muestra y del propio avance tecnológico hispalense, pues esa técnica de refrigeración fue pionera en los noventa.

Basta con cruzar el río y adentrarse en la Isla de La Cartuja para llegar a este hito, si bien el paisaje poco se corresponde con el de la emblemática Expo 92.

9. El sepelio de Joselito el Gallo

El Rey Alfonso XIII contempla el mausoleo de Joselito el Gallo aún en el estudio de Benlliure

El Rey Alfonso XIII contempla el mausoleo de Joselito el Gallo aún en el estudio de Benlliure

Hay quien opina que los cementerios, cuanto más lejos, mejor. Sin embargo, otra corriente, seguro más reducida, encuentra en ellos una gran dosis de antropología y cultura, sobre todo del Romanticismo.

El circuito que les proponemos les lleva allí, para descubrir, entre los primeros bloques de mausoleos, la tumba de Joselito El Gallo. Mariano Benlliure, más conocido como pintor, gestó esta escena paradójicamente llena de vida, triste, pero captando las expresiones de todos aquellos que quisieron acompañar al diestro (incluso algunos ya fallecidos, como Eduardo Miura).

Sobre la expresiva y broncínea comitiva, donde incluso se recoge su venerada Esperanza Macarena en miniatura, el difunto en llamativo mármol de Carrara, todo fechado en 1922.

10. «El nacimiento del hombre nuevo»

Imponente instantánea del «Huevo de Colón» / Vanessa Gómez

Imponente instantánea del «Huevo de Colón», monumento en bronce de Zurab Tsetereli / Vanessa Gómez

Si la lista comenzaba al Sur, en un parque vinculado a una exposición internacional, el reportaje culmina en otra zona verde, al Norte, derivada de la Expo 92.

Hablamos del Parque de San Jerónimo, donde se halla, desde 1995, el megamonumento en bronce con el que el georgiano Zurab Tsereteli representó los viajes colombinos del Descubrimiento, dentro de una carcasa que le confiere ese apelativo de «Huevo de Colón» (su nombre real aparece al comienzo de esta entrada).

Virtuosismo aparte, es una realidad que la instalación pesa 450 toneladas y supera los 40 metros de longitud, lo que la posiciona como la estatua más alta de España y el necesario cierre de esta «ruta de los metales» de Sevilla.

 

 Iconos

La presente lista se ha confeccionado buscando cierta novedad para el visitante, optando por ejemplos más «desconocidos». Sin embargo, cerrar un circuito sobre prodigios del hierro y el bronce en Sevilla sin mencionar el Puente de Isabel II o El Giraldillo le quitaría bastante aliciente.

Poco se puede añadir ya sobre estos dos elementos, uno el puente de hierro más antiguo de España (1852) otra una colosal veleta de bronce de Bartolomé Morel. Ambos símbolos indiscutibles de Sevilla.

Puede incluirlos junto al punto 7, en el caso del Puente de Triana, y antes del punto 6, en el caso de la escultura renacentista.