La Navidad se deja sentir en Sevilla en múltiples formas y pieles. A las tradicionales visitas a los Belenes de Instituciones, a la compra de figuras que enriquezcan el Nacimiento propio y al paseo relajado bajo las calles iluminadas del Casco Antiguo se puede sumar otra ruta de mérito: la de los azulejos de la Natividad.

Los retablos cerámicos son conocida seña hispalense. Adornan y recuerdan la devoción a una imagen o advocación en los muros de las iglesias, los zaguanes de las casas o las paredes de los centros de trabajo.

Aunque los más habituales sean de esencia cofradiera, como ya se repasaron, según su singularidad, en dos reportajes de SevillaCiudad, también hay presencia navideña en numerosas piezas.

Por ejemplo, la fachada de la basílica del Santísimo Cristo de la Expiración (El Cachorro), alberga un azulejo que recoge Los desposorios de la Virgen María y San José, de José Escolar y Juan Antonio Rodríguez en la Fábrica de Montalván en 1973.

De hecho la portada recoge todos los momentos relacionados con la venida al mundo e infancia de Jesús, inclusive la Presentación en el templo, escena menos recurrente.

El experto Martín Carlos Palomo señala otro retablo similar, por la diversidad de misterios recogidos, en la parroquia de las Flores y San Eugenio, en la Macarena. Es creación de Cristóbal Rodríguez Fernández en 1999.

El misterio de la Anunciación es uno de los más representados. Destaca el de Gustavo Bacarisas, de 1918, y que se encuentra en la capilla de Los Luises, contigua a la iglesia del Sagrado Corazón, de la calle Trajano.

Es sólo una parte del completo zócalo que recorre toda la planta y que, según la web Retablo Cerámico, «podría ser uno de los mejores conjuntos realizados en Sevilla en el siglo XX».

Oratorio de los Reyes Católicos, con azulejos de la Anunciación y la Visitación / R. Cerámico

Oratorio de los Reyes Católicos, con azulejos de la Anunciación y la Visitación / R. Cerámico

Otra propuesta digna de mención es la que se encuentra en el altar del Oratorio de los Reyes Católicos, en los Reales Alcázares. Francisco Niculoso Pisano concluyó en 1504 una pieza dedicada a la aparición del Arcángel Gabriel, y otra a la Visitación a Isabel, prima de María.

Curiosamente, el pintor Alfonso Grosso replicó este último trabajo para un domicilio particular de la calle San Esteban.

El propio misterio de la Natividad se recoge, en una obra anónima de cerámica modelada y vidriada de la sacristía de la parroquia de San Gil y en uno de los tondos que rematan la portada interior del convento de Santa Paula, ejecutados por el círculo de Piero della Robbia en 1504. Dentro del mencionado conjunto de Los Luises también hay un paño dedicado al Nacimiento del Redentor.

Adoración

De nuevo un zócalo, aunque de otro templo. En la capilla sacramental de la iglesia del Santo Ángel hay muestra artística de la Adoración de los pastores, de Manuel García Cabrera en los años 20. Entre las piezas hay igualmente testimonio de la circuncisión de Jesús, momento poco representado.

En el convento de San Cayetano, Enrique Orce Mármol realizó en 1925 su versión inspirada en el cuadro de Jacopo Negretti «La adoración de los pastores», como indica la web Retablo Cerámico. El autor también plasmó la Huida a Egipto entre el conjunto.

La adoración de los pastores de San Cayetano se basa en la obra de Jacopo Negretti / R. C.

La adoración de los pastores de San Cayetano se basa en la obra de Jacopo Negretti / R. C.

El azulejo más llamativo, por el entorno y sus características, es el que se encuentra en la plaza de la Escuela de Cristo, ejecutado por Morilla Galea. Entre los pastores aparece representado «Juan de Palafox y Mendoza, confundador del Instituto».

La Adoración de los Magos tiene su mejor exponente en la portería del convento de Capuchinos, en una obra de José Gestoso de 1897, que ha sido replicada en un par de ocasiones.

Se pueden contemplar en la calle Hernando Colón, con Florentín, y en la zona expositiva permanente del Alcázar. En ambos casos, de autor desconocido y fechables en 1910.

Detalle de la Sagrada Familia, de Enrique Orce Mármol, para la parroquia del mismo nombre / Retablo Cerámico

La Sagrada Familia para la parroquia homónima / R.C

Por último, la Sagrada Familia en su conjunto ha legado obras imprescindibles en Sevilla.

En el convento Santa Paula hay una pieza anónima del siglo XVII, y en el de las Mercedarias Descalzas, otra que data de la siguiente centuria. Sólo por citar algunas.

Enrique Orce Mármol dejó su impronta en el azulejo que corona la fachada de la parroquia de la Sagrada Familia, precisamente con dicha escena, en 1931.

La producción cerámica relativa a la Virgen con el niño, a San José y al propio Niño Jesús es sensiblemente más cuantiosa, aunque se aleja del momento actual recordando otras devociones con análoga destreza artística.