En la primera parte de este reportaje les apuntábamos algunas de las ceremonias más arraigadas y curiosas que Sevilla esconde en materia de «protección divina». Con la oración y ofrenda a San Judas Tadeo a la cabeza, el sevillano y creyente conseguiría desde la petición más nimia hasta la más desesperada.

Sin embargo, si la causa imposible son los sentimientos, la ciudad ofrece numerosos «lugares amuleto» relacionados con el amor, en general, y el matrimonio, en particular. El caso más evidente se halla en la parroquia de San Pedro, donde un mimético jilguero plantea un ¿divertido? juego.

Un «escurridizo» jilguero se esconde entre «Las ánimas de San Pedro» / Vanessa Gómez

Un «escurridizo» jilguero se esconde entre «Las ánimas de San Pedro» / Vanessa Gómez

Aquí el sevillano no logra alivio o beneficio del «talismán», sino evitar la supuesta fatalidad amorosa, pues quien no sea capaz de avistarlo, dentro del retablo cerámico que representa las «Ánimas de San Pedro», no pasará por el altar.

Tampoco tendrá usted boda si se atreve a cruzar el arquillo del Ayuntamiento. Así, sin reservas.

Imagine aquel «osado» que lo cruce y que además se tope con un trabajador de Lipasam que le «barra» los pies.

En positivo hay otros tantos. A lo largo del siglo XIX se extendió entre las señoritas casaderas de Sevilla la costumbre de pegar siete golpes con el tacón en la cara de un difunto para encontrar marido. Nada menos que en el interior de la Parroquia de Santa Ana.

Hay matices. Se trataba de un paño de azulejo que representa a un hombre yacente, «el Negro de Triana», pero que además resulta ser la primera obra de Niculoso Pisano en España.

Credulidad aparte, lo incívico de la propuesta llevó a colocar una verja que impidiera agravar el tremendo desgaste que estaba sufriendo la pieza.

Más reciente es la creencia de que toda aquella muchacha que consiga tocar la flor que porta Ofelia Nieto, en la glorieta que lleva su nombre, conseguirá casamiento en un año.

La representación de la soprano, sobre azulejo pintado, se encuentra dentro del Parque de María Luisa desde 1935. No es físicamente sencillo lograrlo, por su disposición en el interior de una fuente.

Situación de la Glorieta de Ofelia Nieto, con el pabellón de Argentina al fondo / Jesús Spínola

Situación de la Glorieta de Ofelia Nieto, con el pabellón de Argentina al fondo / Jesús Spínola

Una vez cumplido todo lo anterior, y con las nupcias «aseguradas», sólo queda afinar la meteorología para el enlace. Más allá del lucimiento, la tradición no daba buen augurio a días plomizos y lluviosos, de ahí que se extendiera la práctica de ofrendar una docena de huevos al convento de clarisas Franciscanas más cercano. Como el de la calle Águilas.

Agasajar a Santa Clara, a quien muchos consideran la patrona del buen tiempo, no es una costumbre exclusiva de Sevilla, pero sí que cuenta con gran arraigo.

Oración a los santos

Continuando con lo sagrado, y para cerrar el círculo, que también es muy de «ritual», hay otros dos santos que también conceden aquello que se ansía. Desde el amor a otras necesidades espirituales y físicas.

Por una parte, San Expedito, que recibe culto en la iglesia del Santo Ángel, en la calle Rioja y que se le considera el abogado de las causas urgentes.

La tradición cuenta que se trataba de un oficial romano que recibió la llamada de Dios, a la que abrazó con total seguridad.

Tres lunes tendrá que cruzar el dintel de este templo para lograr el favor de San Nicolás

Tres lunes tendrá que cruzar el dintel de este templo para lograr el favor de San Nicolás

Un cuervo (representación del mal) se le apareció para convencerle de que retrasara su conversión, pero Expedito lo aplastó con tanta decisión como recibió la doctrina cristiana.

Lo curioso de esta petición es que, además del preceptivo rezo, el anhelo se debe anotar en un papel, que se deja en una urna colocada para tal fin.

Por último, San Nicolás de Bari. En este caso se precisa un mayor esfuerzo en la petición. El triple, sin ir más lejos. Para conseguir el deseo planteado hay que visitar al santo, que en Sevilla se encuentra en la iglesia que lleva su nombre, en la calle Muñoz y Pabón, durante tres lunes seguidos.

Tras rezarle un «Padre Nuestro», un «Ave María» y un «Gloria», en el primer lunes escuchará. En el segundo, protegerá. Y en el último, rogará «por nosotros», o lo que es lo mismo, se concederá la necesidad.

A este «ritual» se le conoce como «La caminata de los tres lunes», y es que hay que dirigirse andando desde el domicilio al templo.

Ya lo sabe, ahora que entra noviembre, el mes de la superstición por excelencia, tiene diversas posibilidades de buscar la suerte o huir de la desgracia. Una vez más la religiosidad, la tradición y, sobre todo, la fe en el sentido más amplio de la palabra, velarán por usted.