Le proponemos una manera de redescubrir Sevilla desde otros puntos de vista. De reparar en detalles que habitualmente se escapan a conseguir una omnipresente visión de conjunto. Una forma de lograrlo, de un vistazo, es subiendo a La Giralda. Desde la parte máxima visitable, a más de 50 metros de altura, Sevilla deja de tener secretos para quien la contempla.

Desde el arranque renacentista, sorprenden las dimensiones de edificios que se prejuzgan de menor envergadura, destaca la blanca apariencia de las fachadas, se aprecian los distintos pulmones de la ciudad y la vista llega a perderse por el cinturón metropolitano. Suena intensamente una de las campanas. Marca el inicio de esta «visita» por Sevilla a ras de cielo.

Al Oeste

Su primera impresión, conforme haya ascendido al campanario será hacia el oeste. Cómo es lógico, la vista se irá rápidamente a la Torre Pelli, que una vez abierta al público ofrecerá unas vistas a mayor altura aún que las de La Giralda, pero sin la ubicuidad que otorga encontrarse en el centro neurálgico de la ciudad.

Aunque la vista vuele hacia la Torre Pelli, en la instantánea también destacan la Plaza de la Maestranza y la calle Betis

Aunque la vista vuele hacia la Torre Pelli, en la instantánea también destacan la Plaza de la Maestranza y la calle Betis

Superado el impacto inicial, es momento de disfrutar con los detalles. Por ejemplo, con la arquitectura porticada de la plaza de la Maestranza, que por pocos metros no da para observar el propio coso.

Por ejemplo con la calle Betis, que se aprecia colorida casi en su plenitud. O con todo el barrio de Triana, desde San Jacinto hasta Chapina. O con la Torre del Oro, que aunque no aparezca en la instantánea también puede contemplarse desde el privilegiado mirador.

Por ejemplo con la fachada regionalista de la casa que hace esquina entre Castelar, Arfe y García de Vinuesa, obra de Antonio Arévalo Martínez, arquitecto que realizó el edificio del Laboratorio Municipal.

Por ejemplo, en lo lejano, las poblaciones que se van abriendo en la primera corona del Aljarafe. O, en lo cercano, la cúpula de la Iglesia del Sagrario.

Al Sur

La panorámica sur es la más verde y monumental, con pabellones de la Exposición del 29 inmersos en unos jardines que se entremezclan

La panorámica sur es la más verde y monumental, con pabellones del 29 y el conjunto Patrimonio de la Humanidad

Mirando al Sur queda la imagen más monumental. El espectador se lleva, de una vez, la visión de los tres monumentos considerados en conjunto como Patrimonio de la Humanidad. En la esquina inferior izquierda se observan Los Reales Alcázares, con el patio de Banderas incluido y, a la derecha, el Archivo de Indias. Entre ambos no es difícil distinguir el monumento a la Inmaculada de la plaza del Triunfo.

La tríada se completa con la Catedral, cuyas cubiertas pueden observarse desde prácticamente las cuatro caras de la Giralda, aunque en especial desde ésta, con las cúpulas de la Capilla Real y la Sacristía sobresaliendo entre los pináculos y arbotantes góticos.

Tras estos edificios sorprende una gran masa verde, que corresponde a los jardines del Alcázar, La Madrina, Prado de San Sebastián y Parque de María Luisa. De su interior emerge la plaza de España, o mejor dicho, sus torres y la techumbre de Capitanía, así como la parte alta de la antigua Fábrica de Tabacos, en un color más tostado.

Con cierta destreza localizarán vestigios de la Exposición del 29, como son el Pabellón de Portugal, Uruguay, Argentina, Perú y el Casino de la Exposición, muy cerca del Río Guadalquivir, que se muestra recortado entre la silueta del puente de las Delicias y del Centenario.

Por último, desde esta posición también puede contemplarse el Palacio de San Telmo, de nuevo entre el verdor que le confieren los Jardines del Cristina, y el majestuoso hotel Alfonso XIII.

Al Este

El Palacio Arzobispal abre esta visión del puro centro de Sevilla, del que destaca la esbeltez del templo de Santa Cruz

El Palacio Arzobispal abre esta visión del puro centro de Sevilla, del que destaca la esbeltez del templo de Santa Cruz

Los espacios verdes y abiertos dan ahora paso al auténtico centro de Sevilla. Un compacto conglomerado de calles sinuosas donde el mayoritario color blanco se entremezcla con detalles amarillo albero.

En primer término se encuentra el Palacio Arzobisbal, con sus dos patios interiores. A partir de ahí, hay que afanarse realmente para distinguir las construcciones. Una de las que resulta más llamativa es la iglesia de Santa Cruz, en la zona superior derecha de la instantánea, por su alta cúpula y por la esbeltez de su espadaña, que prácticamente iguala la altura de la linterna.

Tras ésta, se encuentra la torre mocha de San Bartolomé, y la de San José, en la calle del mismo nombre, y algo más retranqueada, la espadaña historicista del convento de la Visitación de las Salesas, en la plaza de las Mercedarias.

A la «espalda» de los cuatro templos se recoge el barrio de Nervión, con la Estación de Santa Justa como cierre de una sucesión de altos bloques de viviendas, entre los que se puede intuir parte de Sevilla Este, Alcosa o Torreblanca.

No obstante, aún quedan detalles del casco antiguo en los que reparar. Como son las torres pareadas de San Ildefonso, las cubiertas de Santa Catalina, la espadaña de Los Terceros, el campanario de San Román y, si usted tiene vista de lince, el templo de Los Gitanos y el Santuario de María Auxiliadora de la Trinidad.

Al Norte

En la Sevilla que se extiende al norte se puede ver desde el Ayuntamiento  hasta el recinto de la Expo 92

En la Sevilla que se extiende al norte se puede ver desde el Ayuntamiento hasta el recinto de la Expo 92

Desde esta nueva situación, la ciudad se despliega totalmente. Poniendo la atención en la lejanía podrá ver cómo, en una franja horizontal, se presentan numerosas construcciones emblemáticas de la Expo 92: los puentes del Alamillo y la Barqueta, los antiguos pabellones de América, Andalucía, Cruzcampo (puede que por poco tiempo), Europa y del Futuro, así como el Auditorio, hoy de Rocío Jurado, el Teatro Central, el colorido del parque de atracciones y hasta el Estadio de la Cartuja.

Pero hasta llegar a ese horizonte hay mucha Sevilla que describir. Empezando por la Torre de los Perdigones y, casi en línea, el templo de la Anunciación y la iglesia Colegial del Salvador, gallardos entre el conjunto. Una buena manera de ver estos edificios con mayor cercanía es el mirador de las Setas de la Encarnación, que también se puede apreciar desde esta perspectiva.

Volviendo al Salvador, podrá ver muy cerca la torre medieval del Palacio de la Condesa de Lebrija, y los picudos chapiteles gemelos del asilo de San Juan de Dios que también desemboca en la céntrica plaza.

Además de lo protuberante se aprecia lo ausente, es decir, el espacio vacío que corresponde a la calle Laraña, por su parte, y a la plaza de San Francisco, calle Hernando Colón y avenida de la Constitución, además de la Plaza Nueva, algo más parecido a una arboleda desde las alturas.

En la parte izquierda de la fotografía podrá deleitarse con las líneas del Ayuntamiento, y la manera en que sobresale su espadaña, así como el edificio del Banco de España y, más en el fondo, la envergadura de la Parroquia de la Magdalena y las características chimeneas de los viejos hornos del antiguo Monasterio de Santa María de las Cuevas.

Descenso gradual

El tramo del Guadalquivir con más solera, con el puente de Triana en el centro, desde la antigua Torre Schindler

El tramo del Guadalquivir con más solera, con el puente de Triana en el centro, desde la antigua Torre Schindler

Entre el cielo y el suelo hay escalas. Una de ellas es la torre mirador del Pabellón de la Navegación, que ofrece una vista diferente, y más cercana, del Río Guadalquivir en su tramo de mayor solera.

El puente del Cristo de la Expiración y el de Isabel II se encuentran aquí al alcance, al igual que la parte de Triana que entronca con Los Remedios. Desde aquí es posible ver la cubierta de Santa Ana, y certificar la envergadura de altura, la envergadura de la torre de la Jefatura Superior de Policía de Andalucía Occidental en Blas Infante.

La segunda ya se ha mencionado. Hablamos del Metropol Parasol, que da detalle de aspectos cercanos que suelen pasar desapercibidos, como la espadaña de Santa Inés o la del exconvento de la Paz, la altura de la torre de San Pedro, el chapitel de la Hemeroteca municipal, la majestuosidad de la desacralizada iglesia de San Luis, del Archivo de Protocolo o una impresión de toda la zona de la Expo’92 con mayor detalle.

Y del «cazador cazado». Qué mejor manera de concluir esta ruta de altura que contemplar el punto de partida: La Catedral y La Giralda. Y ahora sólo imagine que «verá» el Giraldillo a más de 104 metros de altura. ¿Envidia o vértigo?