Hoy, 15 de septiembre, es el día de la Comunidad Autónoma de Cantabria, una fecha que a priori poco tiene que ver con la ciudad de Sevilla. Pero sólo a priori, pues en esta jornada, la capital hispalense está más presente que nunca en los fastos montañeses, tanto como banderas ondeen al cielo cántabro.

Observando con detenimiento, y cierta guía, el escudo de la región norteña, existen diversos elementos que hablan de Sevilla y su río: las cadenas, la torre y el agua. O lo que es lo mismo, el antiguo puente de barcas, la Torre del Oro, y el propio Guadalquivir.

Escudo de Cantabria

Escudo de la Comunidad Autónoma de Cantabria

Para entender los símbolos hay que «viajar» a la época de la Reconquista, pues fueron cántabros los buques que sirvieron de refuerzo al Rey Fernando III para contener y derrotar la resistencia musulmana. Un flota de hasta trece barcos, que queda representada en el velero del emblema heráldico.

Las cadenas son literales. Las que servían de sustento al puente de barcas, la única comunicación entre ambas márgenes del río en la época, y que quedaron despedazadas para eliminar el acceso de los asentados.

La Torre del Oro, a la que poco parecido guarda la sinuosa construcción del escudo, no sólo fue poético testigo del episodio bélico, sino parte integrante, pues según los archivos históricos, el puente se tendía desde el monumento, en diagonal, hasta el Castillo de San Jorge.

Una vinculación en el tiempo

Más allá de las buenas y convenientes relaciones entre los dos pueblos durante el siglo XIII, entre Cantabria y Sevilla, y Andalucía en general, se continuó tejiendo un vínculo especial, pues fueron las tierras sureñas el principal destino de la emigración montañesa a partir del siglo XV, y en especial durante el XIX.

Con una Sevilla pujante, tras la conquista del Nuevo Mundo, y un norte de España atravesando un importante estancamiento económico, multitud de cántabros decidieron emigrar a la capital hispalense, a localidades cercanas como Utrera, o a otras provincias como Cádiz.

Muchos de ellos echaron raíces, sustentados por una situación laboral estable, y terminaron por mimetizarse a la perfección con los andaluces, lo que llevó a acuñar un término, no sin cierta carga despectiva por ciertos autores, como José María de Pereda, para definir al colectivo: los jándalos.

Entre esas familias montañesas afincadas en Sevilla se destaca la del célebre pintor Francisco Pacheco, o la de los Rueda, propietarios desde 1860 del histórico «El Rinconcillo», que a lo largo de sus siglos de existencia complementó su función como «Casa de comidas» con la de tienda de ultramarinos. Ese fue, precisamente, el modelo de negocio que solían emprender los cántabros que emigraban a Sevilla.

No muy lejos del bar de la calle Gerona, en la fachada de «Los Claveles», se puede observar un azulejo que es ya seña de identidad sevillana, pero que alude a Cantabria. Al municipio de Liendo. A sus vinos.

Exterior de la Casa de Cantabria en Sevilla / C. de Cantabria

Exterior de la Casa de Cantabria en Sevilla

Según narran Miguel Ángel Aramburu-Zabala y Consuelo Soldevilla en «Jándalos. Arte y Sociedad entre Cantabria y Andalucía», los montañeses tuvieron un importante peso en la industrialización sevillana, resaltando como ejemplo la fábrica metalúrgica de Portilla, White y Cía.

Como curiosidad, si los cántabros ayudaron a romper las cadenas de aquel puente de barcas, también sería un montañés, Marcos Pantaleón, junto a Juan José Arenas, el que diseñaría uno de los símbolos de la Sevilla de la Expo 92: el Puente de la Barqueta.

Todas estas ligazones son las que se recuerdan y celebran cada día del año, pero en especial en este 15 de septiembre, en la Casa de Cantabria, establecimiento que se encuentra en la calle San Alonso de Orozco.

Como su propio lema reza, es el rincón por excelencia de «Cantabria en Sevilla». Pero no el único. Muchos otros fueron fraguados por esas «cadenas» que, paradójicamente, se unieron al romperse.