«¡Ay, Sevilla de mi alma!», cantaba Francisco Palacios en una sevillana que el artista dedicaba a las cigarreras. Pero, ¿cuál es la Sevilla de «El Pali»? La de Tomás de Ybarra, la del Postigo, la de la Macarena y San Lorenzo o la de Triana. Fue diseminando su arte por muchos rincones de la ciudad, lugares que hoy rinden homenaje a, por fin, uno de sus Hijos Predilectos, su trovador, el de Sevilla.

La primer parada en este itinerario en el recuerdo está situada «indiscutiblemente» en la calle Güines, situada en La Casa de la Moneda, lugar en el que nace un 22 de mayo de 1928. De hecho, la calle en la que se crió «El Pali» tomó su nombre en el año 1992 -cuatro años después de su fallecimiento-, con motivo de la Exposición Universal de Sevilla; pero apenas sumó 18 años ese rótulo «que fue cambiado de nuevo por Güines por una ley que sacó el ex alcalde Alfredo Sánchez Monteseirín», explica José Antonio Palacios Ibáñez, sobrino nieto del artista. «De rebote, la calle se la pasan a Triana, a un lugar sin vinculación con mi tío», aclara. En la Casa de la Moneda queda un azulejo certificando el lugar del nacimiento del cantaor.

El Pali en la casa de la Moneda

Hasta que publica su exitoso disco, «Añoranzas sevillanas», El Pali vive de alquiler junto a su familia y trabajando como «confronta» en el muelle y llevando los artículos del ABC al censor para que aprobase la publicación. Todo cambia en el año 1974 y con «el pelotazo» del disco se muda a Tomás de Ybarra número 28. «Su templo», explica su sobrino. «Allí se sentaba, con su silla del revés, apoyándose en el respaldo para poder escribir y con esa postura, en la puerta de su casa, llegó a escribir muchas sevillanas, entre ellas, el clásico ‘Sevilla tuvo una niña’», detalla Palacios Ibáñez.

En la actualidad, dos azulejos recuerdan al artista en esta calle, uno inaugurado en 1989, un Miércoles Santo al paso de la hermandad de Baratillo, de la cual era devoto; y otro que data de 2008 e impulsado por la asociación del Centro Histórico Monumental y barrio del Arenal, que lo nombró vecino de honor a título póstumo.

Azulejo de El Pali

La siguiente parada tiene límites difusos pues no se podría afirmar categóricamente si es en Triana o en la Macarena. La disyuntiva radica en los vínculos familiares de El Pali: su madre, de la Macarena, de San Lorenzo; y su padre, de Triana; del corral de la Cercahermosa, al final de la calle Alfarería.

En ambos sitios se recuerda a Francisco Palacios con sendos azulejos. En Triana, el cantaor tiene uno en la plaza Clara de Jesús Montero, en el antiguo hotel Triana. Una placa cerámica que no pudo ser inaugurada por la por entonces alcaldesa del arrabal, Susana Díaz, al coincidir el acto con los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid, que tiñeron de luto el país.

Azulejo de El Pali en Triana

Por su parte, el azulejo colocado en la plaza de San Lorenzo puede presumir de ser el primero que se inauguró, tan solo unos meses después del fallecimiento de «El Pali», en junio de 1988. Pues bien, en noviembre de ese mismo año se culminó el esfuerzo desarrollado por los miembros de la tertulia del Homenaje y por el presidente y muchos socios de la extinta Peña Bética Lorenzo Serra Ferrer, Manuel Gallego, precursor de esta iniciativa que se alcanzó «por suscripción vecinal», detalla el sobrino de Francisco Palacios.

Más allá de azulejos, los lazos de «El Pali» con Sevilla se alargan a zonas como el barrio del Arenal, por su vínculo con las hermandades del Baratillo y la Carretería o con la Pura y Limpia del Postigo; o con la Alameda de Hércules, por su madre y sus muchos amigos entre los que se conectara Manolo Caracol o Gabriela Ortega; o en el Cerro del Águila, donde compartía charla con Luis Montoto, cronista del barrio, y sobrino de Santiago y Luis Montoto.

Calle El Pali

Aunque los vínculos de «El Pali» también van más allá de los límites de la ciudad, como en Sanlúcar de Barrameda, donde veraneaba y donde fueron esparcidas sus cenizas. «Mi tío llegó a decir que a él lo concibieron en Bajo de Guía», explica José Antonio Palacios Ibáñez. Y allí mismo, frente a la capilla de la Virgen del Carmen, tiene una plaza con una placa que recuerda una de sus composiciones: «Entre Sevilla y Sanlúcar no sabría cual elegir, pues las dos yo prefiero para vivir y morir».

La provincia de Sevilla también esconde homenajes a «El Pali». En Tomares, donde tiene una calle, por la sevillana de la barca; en Utrera, cerca del santuario de Nuestra Señora de Consolación; en Bonares, por cantarle a sus cruces; o el Villamartín, con un azulejo que conmemora la coronación de la Virgen de la Montaña.

Lo último, el acuerdo alcanzado por la Junta Municipal del Distrito Norte de rotular un parque con el nombre situado en el polígono El Higuerón, como Francisco Palacios «El Pali»; y un azulejo que recuerde el nombramiento como Hijo Predilecto de Sevilla que está buscando su sitio en alguna fachada del barrio del Arenal.