Al repasar la vida del recientemente desaparecido Isidoro Álvarez, existe un conjunto de fechas necesarias para comprender la trayectoria del empresario. La principal, 1989, supuso el momento de tomar las riendas de El Corte Inglés tras el fallecimiento de su tío, y fundador, Ramón Areces. La otra, 1966, le preparaba para su destino al ser elegido vicepresidente.

Pero además, esa fecha es clave para la historia de Sevilla, pues se iniciaba la cuenta atrás para la modernización comercial hispalense, o lo que es lo mismo, la apertura del Corte Inglés de la plaza del Duque en 1968.

La prensa de la época, en concreto el diario ABC, lo definió como «un fabuloso parque comercial donde la necesidad de comprar se convierte en un agradable quehacer».

Expectación popular en la inauguración del Corte Inglés del Duque

Expectación en la inauguración del centro del Duque

Lo era ya desde sus propias dimensiones, un total de 30.508,90 metros cuadrados, y por la plantilla con la que arrancó su actividad: mil trabajadores «con formación moderna». La selección se hizo primando al candidato sevillano, al cual se formó siguiendo el nuevo estilo de atención al público «europeo».

Particularmente llamativa resultó su dotación técnica, desde el sistema de escaleras mecánicas y ascensores, hasta la climatización, buscando ofrecer siempre una temperatura «de primavera». Los dispositivos de respuesta ante incendios también eran último modelo.

Más allá del revolucionario concepto, aglutinando 200 departamentos especializados, supermercado, zonas de esparcimiento como la cafetería y aparcamiento asegurado para los clientes, la auténtica novedad vino por sus escaparates, que rompieron con la clásica apariencia de las boutiques y tiendas de principios del XX, poco arriesgadas y renovadoras.

Si bien no fue esta empresa quien introdujo el cambio, pues ya en 1957 y 1959, Galerías San Sebastián y Galerías Preciados, respectivamente, habían sentado las bases del establecimiento «moderno», fue el Corte Inglés la que dio el espaldarazo definitivo. Con horarios más amplios y que contemplaban aperturas en festivos.

Romper con el patrimonio

El 9 de marzo se inauguraban los grandes almacenes, los primeros de toda Andalucía, a manos del exalcalde Félix Moreno de la Cova y del director de Comercio Interior del Gobierno de España, Leopoldo Zumalacárregui. Se dio la curiosidad de que fueron bendecidos por el entonces arzobispo, el cardenal Bueno Monreal.

Faltaba la «bendición» popular, pues un amplio sector de la Sevilla de antaño no terminaba de comprender cómo, en pos de edificios comerciales, se habían demolido palacios y construcciones con solera en la plaza del Duque.

Nos referimos concretamente al fastuoso Palacio del Duque de Medina Sidonia, el que realmente dio nombre a la plaza, y que tras la invasión francesa pasó a manos de los Marqueses de Palomares, que recuperaron su antiguo esplendor, entonces ruinoso. La fortuna se acabó, y los aristócratas vendieron la propiedad, que se convirtió en 1879 en almacenes textiles, los «Almacenes del Duque». Una señal del destino.

La plaza del Duque en los años 60, con los dos Palacios aún intactos / Diccionario histórico de las calles de Sevilla

La plaza del Duque en los años 60, con los dos palacios aún intactos / Diccionario histórico de las calles de Sevilla

Por otra parte a la Casa Palacio de los Sánchez-Dalp, de principios del siglo XX, y de marcado estilo regionalista, que destacaba por su profusa decoración interior. Otro palacio, el de los Cavalieri (actual tienda de ocio y electrónica) incluso una iglesia, la de San Miguel, desaparecieron de una plaza que llegó a ser la principal de Sevilla en cuanto a vida social y cultural, aunque en estos dos últimos casos, el motivo no vino dado por la llegada de El Corte Inglés.

Aunque según Ramón Areces, «El Corte Inglés llegaba a Sevilla trayendo el progreso, buscando una expansión económica en beneficio común», también hubo una actuación «de desagravio». La empresa adquirió la Casa Palacio de Los Pinelo, en la calle Abades, y la cedió para uso público de los sevillanos, tras una necesaria y profunda restauración que también asumió.

Sevilla terminó entregándose a los grandes almacenes, que en 1985 abrieron un nuevo centro, el de Nervión, que nacía como «el centro más moderno de Europa y el más dotado», en palabras de su director Dionisio Sánchez Bernal.

Cinco años antes habían hecho lo propio con Hipercor, el primero que se abrió en toda España. La fórmula, pues, se había consolidado en Sevilla, esa fórmula que tanto cuidó y ayudó a expandir el malogrado Isidoro Álvarez.