El capirote de cartón tiene los días contados. Las innovaciones, tan poco frecuentes en el ámbito cofrade, destierra a este imprescindible hasta hace poco de la Semana Santa. El plástico se postula como su sustituto. El cono de rejilla pesa menos, tiene mejor ventilación, se ajusta con comodidad, soporta las lluvias y perdura en el tiempo.

«Hace dos años vendíamos 1.500 capirotes de cartón por 300 de rejilla de plástico», explica la responsable de El Rincón del Nazareno, María José Moro. «La evolución ha sido rapidísima y en esta Cuaresma estimamos que la proporción puede ser mitad y mitad», detalla. «La rejilla está desplazando al cartón a mucha velocidad», añade.

Capirotes de cartón y rejilla

La leyenda atribuye el invento al torero Francisco Rivera que usó por primera vez el capirote de rejilla de plástico en una Semana Santa de hace unos ocho años. «Es lo que se oye por ahí», relata María José, que comparte el negocio con su marido José Ramón Martínez, cuarta generación de esta saga que lleva haciendo capirotes desde el año 1921. «Llevaré 45 años haciendo capirotes», afirma Mora.

Las ventajas son muchas. Para los nazarenos de terciopelo «es ideal porque la rejilla favorece la ventilación» y los de ruan, que suelen tener antifaces de más de un metro de alto, «agradecen el poco peso». En ambos casos, el plástico ha desbancado al cartón en su práctica totalidad. «Es muy cómodo, quien lo prueba, ya no vuelve al de cartón», puntualiza María José.

Además, el capirote de rejilla «se puede ajustar al ancho de la cabeza, algo muy útil en los niños que no se ven obligados a cambiarlo cada año». Cada cono de plástico va acabado con una badana suave y un forro; mientras que esta terminación es opcional en el de cartón.

Diferencias inapreciables desde el exterior

Desde fuera, apenas hay diferencias. «En el terciopelo y en el ruan no se percibe si se lleva rejilla o cartón; sí se puede apreciar en las telas blancas, porque se trasparentan», asegura. «En la Paz la tela es más fina y sí se nota; en San Gonzalo o Amargura se nota un poco pero no mucho», advierte. «Yo aconsejo, ya el cliente elige», matiza la responsable del Rincón del Nazareno.

La gente que opta por el cartón, además de por el problema con la tela ya mencionado, esgrime argumentos ligados a la tradición y, en algunos casos, por pura economía. El capirote de rejilla ronda los 25 euros mientras que el de cartón se puede adquirir por apenas 12 euros.

«Creo que el capirote de cartón va a desaparecer y me produce pena porque el de cartón tiene cierto sabor», reivindica María José. «Pero hay que ir avanzando con los tiempos».