12.00 horas. Agustina, a sus 79 años, pide la vez en la frutería Durán. El kilo de chirimoyas está a 1,80 euros. Lo mismo cuesta un kilo de peras; el de melocotones, a 2,50. Detrás del mostrador está Mari Ángel, que suma 23 años despachando a los clientes delMercado de la calle Feria. En la calle llueve, el trasiego es constante en los agostos pasillos de la plaza de abastos más antigua de Sevilla.

«Me gusta el género y el trato siempre amable de los dependientes», confiesa Agustina mientras que pide cincuenta céntimos de euro en plátanos. Sí, cincuenta céntimos. Le corresponden dos plátanos que guarda en su bolso. Uno para ella y otro para su hermana, con la que vive en un piso de la calle Feria desde hace medio siglo. «Me gusta venir a comprar al mercado; echo el rato y de paso, ando un poco», relata.

Mercado FeriaCon prisas, se despide de Mari Ángel y emprende su rápida marcha. «Voy al Cachorro, que me espera mi hija», espeta Agustina. Ella es asidua del mercado de toda la vida . Compra cada dos días, pocas cantidades. «Los nuevos suelen llevarse grandes cantidades y suelen venir los fines de semana», explica Rafael Durán, marido de Mari Ángel y propietario de la frutería. Echó los dientes detrás del mostrador, no conoce otra forma de vida.

12.10 horas. El olor a galleta recién hecha guía a los clientes del mercado a un coqueto y nuevo negocio de repostería y panadería. Frente a Mamá InésValentine Cornetti, una parisina de de 18 años ojea el expositor junto a su familia. Los bizcochos, mantecados o dulces de almendra comparten protagonismo con los bollos, las barras o las baguettes.

El trasiego de turistas es notable. «Normal, el mercado de la calle Feria es el más antiguo de Sevilla y aparece en las guías de viaje», explica Inés Delgado, que emprendió este negocio junto con su hermana Montse. La familia Cornetti, cinco simpáticos franceses, siguen sin levantar sus ojos de los dulces. Valentine se decide y pide una de las exquisiteces. Habla tímidamente español, aunque sobradamente mejor que lo que sus interlocutores lo hacen en francés. Cuando la palabra se encasquilla, mejor en inglés.

«Lovely -encantador-, very very lovely», describe. «Es muy interesante, la gente, los productos…», amplía. Eso sí, «en Sevilla los precios son más bajos que en París». Educadamente, con un andar lánguido y con la mirada perdida en los muchos colores que se atropellan en la cuadrícula ortogonal en la que se distribuyen las calles de mercado, la joven Valentine Cornetti y su familia se despiden de la boulangerie sevillana.

12.15 horas. Inés mete el dinero en la caja. De momento, las cuentas salen en su negocio. Llevan un año y apenas dos meses. «Llegamos al mercado por un golpe de suerte», explica Montse. «Siempre es más económico y así se evitan trámites de licencias de aperturas», detallan. «El mercado tiene ventajas, pero también inconvenientes; si los clientes no entran, no te ven; en la calle estás más expuesto», argumentan. «Además está la limitación de los horarios», añaden.

Mercado Feria12.20 horas. El kilo de costillas ibéricas cuestan 4,95 euros; la cinta de lomo, a 16,80; y el cuarto de chicharrones, tres euros. Antonio Franco, el dueño de la carnicería, corta filetes de ternera para Chari, una octogenaria de la calle Relator. «La cosa está muy mal, dentro y fuera del mercado», apunta la cliente.

La crisis obliga a adoptar cambios para adaptarse a las nuevas costumbres de los clientes. «Algunos están probando a abrir por la tarde», confirma Antonio, que acumula más de 43 años despachando. Empezó a los 15. «Aquí tengo compañeros y, sobre todo, amigos», defiende.

12.25 horas. Chari mira el reloj y emprende su marcha. «Tengo que hacer la comida», advierte. De camino a la salida se topa con el puesto de pasta fresca de Yolanda Sánchez, una de las últimas incorporaciones a la nómina de placeros. «En Sevilla no hay un mercado como el de la calle Feria, aquí se une los puestos tradicionales con los más modernos», explica. Pasta, lasaña… todo fresco y para todos los públicos. «Me quedé alucinada al comprobar cómo la gente mayor empezó a comprar mis productos», desvela Yolanda.

12.30 horas. La lluvia sube de intensidad. Los viandantes de la calle Feria se refugian en el mercado. El tic tac sigue su curso, las cajas siguen cantando y los flashes de los turistas destellean. El tiempo sigue pasando para el mercado más antiguo de Sevilla.