Han dicho adiós. Los más de 40 años de trabajo en el obrador Osuna apenas caben en dos bolsas. Un cuadro con las manos del Cristo de la Sentencia, el recorte de una publicación en ABC o una pluma de un armao de la Macarena. José Manuel del Río, pastelero de toda la vida, se despide de lo que ha sido su vida hasta el 31 de octubre por un contrato de alquiler no renovado.

Obrador Osuna

«Solo sé hacer pasteles», afirma con cierta resignación José Manuel, a sus 41 años y después de una vida entregada al mundo de la repostería está en paro. Todavía luce la bata blanca de trabajo. Su época de confitero ha finalizado abruptamente. Hace semanas le comunicaron que no le renovarían el contrato de alquiler del local en el que se encuentra el obrador Osuna, en la Alameda de Hércules.

Tras muchas noches sin dormir, el día señalado en los papeles ha llegado. «Es muy duro saber que todo por lo que tu has luchado en la vida se termina un 31 de octubre de 2013», explica José Manuel. Junto a él está Rocío, su empleada. También irá al paro. «Durante los últimos 20 años no he descansado dos días seguidos», confiesa el pastelero. «Ahora, a empezar de cero», lamenta.

El obrador Osuna empezó su actividad en 1974 de la mano de Rafael Osuna, dos años después se incorporaría Enrique del Río. «Mi padre se quedó con el negocio pero el local es de Rafael -relata José Manuel- que ahora ha decidido no seguir alquilándolo». Pero esta confitería no cierra, mantendrá el nombre aunque los Del Río no estén tras el mostrador.

La cruz es, en este caso, para José Manuel y Rocío. «No puedo montar un nuevo obrador en suelo urbano porque lo prohibe la ley, tendría que irme a un polígono industrial y tener un despacho en el centro; algo inviable dadas las circunstancias», explica el pastelero. «Esto es el fin de los obradores artesanos, en los que una misma persona elabora y vende», destaca José Manuel.

José Manuel del RíoLa opción. Buscar trabajo en otra confitería, algo no exento de dificultades. «No sé hacer un currículum pero puedo recitar de memoria las fórmulas pasteleras», afirma José Manuel. «Todo lo que sé hacer lo aprendí de mi padre, Enrique; no tengo un título que diga que sé hacer pasteles, solo sé hacer pasteles», argumenta.

Los huesos de Santo el 1 de noviembre, los mantecados del día de la Purísima, el roscón de Reyes del 6 de enero, las torrijas del Miércoles de Ceniza… La repostería sevillana pierde, de momento, a uno de sus fieles defensores. El fin de una saga de pasteleros, los Del Río, llega un 31 de octubre de 2013.