De existir un imperio de la cultura en Sevilla, este tendría su capital en el número 25 de la calle Sierpes. Ocupado en la actualidad por la librería Beta Imperial, el espacio ha ido mutando su oferta conforme han pasado los años. El 25 de noviembre de 1906 se inauguró en la misma casa el Salón Imperial, que tiempo después se convertiría en Cine Imperial y que, allá por los 90, acogería diversos espectáculos bajo el nombre de Teatro Imperial. Ahora, más de cien años después y con el anuncio de cierre del local por parte de la cadena de librerías sevillana, vuelve a bajar el telón.

Estrellita Castro recibió su bautismo escénico en el Salón Imperial, una sala de espectáculos nacido con idea de convertirse en un café cantante. El edificio ocupaba el espacio de un contiguo convento desamortizado en el siglo XIX y constituyó, durante la primera mitad del siglo, uno de los más atractivos lugares de diversión de la noche de su tiempo. Su oferta destacaba entre los numerosos cafés abiertos hasta la madrugada que jalonaban la calle Sierpes y la Alameda de Hércules.

Entrada de Casablanca en el Cine ImperialEn su programación alternaban los espectáculos de variedades con proyecciones de cine mudo. «Combate naval por la escuadra inglesa» inauguró el ciclo de proyecciones, que en algunos casos sucedía a otras actuaciones en la misma noche. Tal es el éxito de esta faceta del negocio, que la novedad llegó a eclipsar a las bailarinas, canzonetistas, cantaores y vedettes. El 10 de enero de 1916 cesa la actividad teatral y el espacio se convierte en el Cine Imperial.

Las obras, que coincidieron con la época de oro del cine norteamericano, sepultaron el antiguo convento para levantar en su lugar una moderna y suntuosa sala llamada Cine Imperial, que llegó a ser una de las mejores y más prestigiosas de Sevilla. La posterior crisis que padecieron las salas de proyecciones provocó su cierre.

Por la historia del Cine Imperial se cruza Juan Yébenes, un empresario que acumulaba experiencia en el sector gracias a su trabajo en el Teatro San Fernando y en el Teatro Álvarez Quintero. De su mano le llegaría al número 25 de la calle Sierpes la tarea de convertirse en un nuevo teatro de la ciudad.

Espacio multigénero

El patio de butacas del Cine Imperial

El 14 de enero de 1988 se alzaba por primera vez el telón del Teatro Imperial con la representación de la comedia «Cuando yo era niña». Drama, clásico, infantil, variedades, folclóricos, revista, zarzuela, danza, números de humor… la diversidad de géneros garantiza la supervivencia del nuevo escenario de Sevilla. Tras la reforma acometida para adaptar el espacio a un teatro, el aforo de la sala pasa a las 542 localidades en el patio de butacas y 347 en el piso principal. En comparación, el actual Teatro Lope de Vega tiene una capacidad para unas 750 personas.

Los textos de los hermanos Álvarez Quintero coinciden en el espacio con los de Shakespeare, los recitales de Manolo Escobar o la actuación de Los Morancos, Pepe Rubio, Arturo Fernández, Lola Herrera o Charo Reina. En su corta historia se convirtió en una alternativa a los teatros gestionados por las instituciones donde la comedia, el vodevil, la copla y otros géneros tienen menos cabida. Tanto para los muchos artistas andaluces como para otras tantas compañías foráneas, el Imperial se convierte en su única puerta de entrada en Sevilla.

La andadura del teatro Imperial finaliza en el año 1999. Tras abandonar su gestión la viuda de Yébenes y hacerse cargo de él la sociedad Proculsur, quien realiza obras de climatización y acomete una reforma de la instalación eléctrica. Por el escenario antiguamente ubicado en la calle Sierpes pasaron una media de treinta compañías y setenta mil espectadores por temporada, cifras importantes para el que fue el único teatro comercial.

En 2004, los libros llegan al 25 de la calle Sierpes de la mano de la cadena de librerías Beta, que agregan el apodo de Imperial a este espacio. El antiguo teatro se reconvertiría en librería, la segunda en todo el mundo que ocupa el lugar que en su día llenaron las artes escénicas. La otra referencia está en Buenos Aires, en el barrio de Recoleta: el Ateneo Grand Splendid, que destaca por situarse donde lo hiciera el teatro Grand Splendid y que el periódico británico The Guardian ha distinguido como la segunda librería más hermosa del mundo.

En 2014, con el anuncio de muda del espacio de los responsables de la cadena de liberías Beta, el Imperial vuelve a echar el telón. Café cantante, sala de cine, teatro, librería y… En el aire queda saber cuál será su próximo uso, algo que sus propietarios -los sucesores de Artacho- no revelarán como mínimo hasta que los libros se trasladen a su nuevo espacio, el edificio Burberrys.