Ser joven, tener una idea de negocio y disponer de un espacio a buen precio en pleno centro de Sevilla nunca ha sido tan fácil. La calle Cuna acoge a La Libélula, un nuevo modelo de negocio impulsado por una empresa sevillana que ofrece un escaparate a marcas emergentes en una gestión «todo incluido». El emprendedor crea los productos, ellos los venden.

El local, la reforma, el personal, la publicidad, los permisos, los gastos fijos, luz, agua, contribución… Abrir un nuevo negocio en pleno centro de Sevilla requiere de una inversión que se hace inasumible para un joven empresario en los primeros compases de su actividad. Hasta ahora. Por solo 400 euros y un porcentaje de las ventas que no supera el 15 por ciento, unos sevillanos ofrecen un estante de unos cinco metros cúbicos para vender todo tipo de productos.

Alicia García y Pepe Rubio, responsables de La Libélula.

Alicia García y Pepe Rubio, responsables de La Libélula.

Ropa, complementos, elementos de decoración, golosinas… La Libélula «es un espacio multidisciplinar en el que convive desde una floristería a una cafetería a una galería de arte y mucha moda», explica la coordinadora general y socia, Alicia García Pereira. «Y todo con un denominador común, que los productos que ofrecemos en nuestros escaparates deben ser de tendencia y que se vendan», añade Pepe Rubio, otro de los socios.

Actualmente, a escasos meses desde su puesta en funcionamiento, el espacio tiene ocupados los ochenta expositores que posee. El éxito es tal que ya tienen a más de cuarenta emprendedores en lista de espera. «Y esto es una de las ventajas que posee la idea de negocio: la rotación», afirma Rubio.

«La Libélula firma con cada marca un contrato de seis meses, revisable, habrá a quien le interese quedarse o a quienes les convenga irse», detalla Rubio. «Pero con esto conseguimos que haya movilidad, dinamismo y se favorece la rotación con lo que se crean nuevas oportunidades para nuevos diseñadores», confiesa este socio. «El negocio vive de la lista de espera», agrega. «Es fácil entrar y también fácil salir», cierra.

Este nuevo espacio de la calle Cuna «es un híbrido en continua búsqueda del equilibrio, siempre se adapta a la situación, a los picos de demanda o la falta de esta y pocas tiendas lo hacen tan rápido como nosotros», argumenta Rubio. De momento, unas quince personas trabajan La Libélula.

En este espacio de unos 750 metros cuadrados, las marcas de los diseñadores emergentes comparten protagonismo con otras de firmas consagradas. Hay expositores de Uruguay, Londres, Bali, Toledo, Murcia, Madrid, Málaga… y Sevilla.

«Como anillo al dedo»

La LibélulaJuan Antonio Romero, a sus 32 años, ha puesto fin a la situación de desempleo en la que se encontraba. Este diplomado en Empresariales llevaba tiempo madurando una idea que ha eclosionado en 2013. «Siempre me gustaron las camisas y llevo mucho tiempo pensando cómo poner en marcha un negocio de ropa de caballero», explica. «Hice mi plan de negocio, contacté con los proveedores  y les propuse el negocio a mis tres hermanos, que aceptaron poniendo unos ahorrillos», detalla. Así nació Crabe, una marca de camisas.

Él lo vio claro. «La Libélula me ha venido como anillo al dedo», asegura Juan. «Pensé en montar mi propio negocio pero tenía que hacer una inversión mínima de unos 4.000 euros iniciales y un coste mensual de 2.000 euros; algo imposible para mí», recuerda. «Afortunadamente en La Libélula me está yendo genial, no me esperaba esta repercusión», confiesa el sevillano.

Tras el éxito en la pasada campaña de Navidad se plantea su expansión a otras ciudades buscando un modelo de negocio similar. De momento piensa llevar sus camisas de edición limitada y hechas en España a Madrid.

La idea de expansión también es compartida por Alicia y por Pepe, los responsables de La Libélula, quienes ya ven en otras ciudades de España la oportunidad para exportar su modelo de negocio. «Estamos ya en negociaciones con Málaga, Valencia, La Coruña, Madrid, San Sebastián, Córdoba o Granada», explica Rubio. «En algunos la expansión se hará con capital propio y, en otros, se buscará a inversores», detalla. «La Libélula no existe en otros sitios, hay cosas parecidas en Madrid y en Barcelona, pero no igual», defiende Alicia.

Y, si con la moda funciona, ¿Por qué no con el arte? Apenas diez días después de abrir las puertas de La Libélula inauguraron un local colindante que pretende ser una plataforma de lanzamiento a artistas siguiendo un modelo de negocio similar al de la tienda. Además, este nuevo espacio, de 350 metros cuadrados «también se puede usar para organizar cualquier evento, tanto showroom, talleres, cursos, presentaciones, desfiles, cenas temáticas, catas de vino…», enumera Alicia. «Ofrecemos cualquier servicio a medida o solo el alquiler del espacio», añade.

Y es que las posibilidades del local, que de manera conjunta supera los mil metros cuadrados, fueron las que definieron el proyecto. «Nos llamó la atención que en la calle cuna hubiese este espacio sin uso», recuerda Pepe. «Era tan grande que tuvimos que pensar una forma para hacerlo rentable así que, en nuestro caso, el local vino antes que el negocio», asegura Rubio.

De momento, con apenas dos meses de actividad, están pensando en sumar los servicios de una personal shopper y en añadir una marca propia de cuyas ventas puedan beneficiarse el resto de arrendatarios. La Libélula es algo más que un escaparate para marcas emergentes en una gestión «todo incluido»