«Queda el último empujón». La Sevilla en sepia perderá en pocos días un establecimiento de referencia en el que el tiempo se detuvo un día de 1968. El próximo 30 de noviembre, sábado, el tabernero Pepe Yebra se jubila tras 53 años despachando Cruzcampo y «bebidas de caballero». La persiana de este mítico bar caerá dejando encerrados en el local de la calle Boteros esquina con Alhóndiga secretos clasificados y humedades en las que más de uno ha visto la cara de un cristo.

«Heredo el negocio de manos de mi padre, Daniel Yebra, quien fallece el 5 de noviembre de 1968, el mismo día que Richard Nixon se impuso a Hubert Humphrey en las presidenciales estadounidenses», recuerda Pepe Yebra, quien regenta esta casa de la Alfalfa. Ese día se pone tras la barra para iniciar una carrera que tendrá su punto final este sábado, fecha oficial de su jubilación.

Pepe Yebra«Ya hay ganas de jubilarse, de no tener obligaciones, de no tener horarios…», detalla Pepe mientras que sirve una Cruzcampo a uno de sus parroquianos. «¿Y ahora dónde vamos a ir?», se pregunta uno de sus incondicionales. «Lo echaremos de menos», le responde otro.

Pero Pepe esconde un as tras la manga. «Me gustaría arrendar el local», desvela. «Empezaré a gestionarlo en enero, pero quiero poner condiciones», advierte. «Me gustaría que el nuevo arrendatario no modificase la estética del bar, que quedase intacto, pero eso ya se verá, depende del tipo de público que quieran atraer», matiza.

La noticia de su jubilación, aparecida en el artículo de Felix Machuca en el diario ABC de Sevilla ha corrido como la pólvora y es la revelación más comentada en el local de la calle Boteros. Muchos preguntan que si es cierta. «Sí», responde Pepe. «Ya toca», añade este clásico tabernero de recio aspecto que alcanzó la edad de 65 años el pasado 20 de octubre. Un mes más para «arreglar papeles» y fin a una de las leyendas de la Sevilla rancia. «Aunque jugaré algún amistoso de vez en cuando», ironiza.

De momento ya plantea su vida tras el sábado 30 de noviembre. «Quiero viajar», afirma. «En septiembre viajaré a Liverpool, de peregrinaje a la Cavern Club porque yo soy ‘beatlefilo’», asegura.

- Pepe, si tuviese que definir su local con una canción de los Beatles, ¿cuál sería?

- Sin duda alguna, Yesterday. (Risas). Por lo de ayer.

Entrar en su taberna es volver atrás en el tiempo sin saber bien a qué fecha. La colección de botellas de Coca Cola comparte protagonismo con las barricas y varios cuadros de las Tres Caídas de San Isidoro o la Virgen del Rocío. En la casa de Pepe no se canta, como bien lo indican los carteles y está prohibido sacar vasos a la calle. Las paredes hace años que dejaron de ser acariciadas por la brocha y las telarañas son testigos mudas de las conversaciones. Las copas se sirven en vasos de Duralex y el cliente hallará en Pepe un trato seco pero respetuoso.

Pepe Yebra ABCNo encontrará ninguna referencia a ninguno de los equipos de la ciudad, aunque su dueño sea sevillista «moderado, ya que un bar no entiende de colores». En su bar no se sirve whisky, «porque esto no es una güisquería, aquí no hay mujeres», justifica. «Solo se ponen bebidas de caballero: ginebra, ron…», argumenta el tabernero.

Pepe, aunque vive en el mismo edificio que alberga su bar, nació en la calle Herbolario. Es hermano de las Tres Caídas de San Isidoro y del Gran Poder. Su familia llegó a Sevilla desde Zamora y entre sus parientes tiene al expresidente de la Junta de Andalucía, Rafael Escuredo, aunque sea «más bien lejano». Está, «como diría Cantinflas, soltero y sin peligro a la vista».

Por su local han pasado políticos, periodistas, toreros y artistas en general. Aunque su recuerdo es para Luz Casal. «Me visita cada vez que viene a Sevilla», detalla. «Me la presentaron a través del Garlochí», explica. «Ella es una persona muy tímida pese a su imagen de rockera y solía quedarse en el Hotel Imperial, a poca distancia de este bar», desvela.

La próxima vez que la cantante visite Sevilla se encontrará con las persianas echadas. «No pasa nada, no me gusta ser protagonista», relata Pepe, aunque lo sea de numerosas historias. De encuentros entre amigos que acabaron bebiendo ginebra en vasos de Duralex, de reuniones de cofrades, de políticos, de periodistas… Pepe Yebra se jubila y Sevilla se despide de uno de los espacios más auténticos y con más verdad que ha dado su historia reciente.