Venden humo. Pero no uno cualquiera. Su embriagador aroma evoca a solos de corneta o a rachear de alpargatas. Es al olfato lo que la torrija al gusto, embajadores de la Semana Santa. Incienso. Una resina que en Sevilla, la familia Fiances trabaja y mima para hacer de ella un elemento imprescindible de la liturgia cofrade.

Hay quien lo prefiere en columnas o cual niebla tenebrosa. Porque en el incienso hay muchos factores que controlar. «Del color al aroma, pasando por la densidad o la altura del humo», explica Santiago Fiances, un joven de 19 años, que gestiona un puesto de venta en la calle Córdoba, a los pies de la torre del Salvador. Junto con sus hermanos y su madre ejercen esta profesión, herencia de su padre, Adolfo Fiances, quien montó ese conocido puesto de venta de incienso seis años antes de la Expo 92, año a partir del cual empieza a gestarse la fama entre los cofrades sevillanos. Después llegarían otras tiendas, como la que tienen en la Plaza del Pan.

Puesto de incienso En apenas tres metros cuadrados ofrecen hasta una treintena de variedades de incienso. «Todos tienen el nombre de la hermandad para la cual se hace», puntualiza Santiago. Así, el cliente puede adquirir el incienso de Santa Genoveva, el de Montesión, el de Pasión o el de Cristo de Burgos. Aunque el más vendido «es el cofrade, que es el típico de la Semana Santa y la mezcla más antigua que hay», detalla. «Sevilla marca tendencia a nivel nacional, también en el ámbito del incienso», afirma.

Desde primeros de noviembre hasta el Domingo de Resurrección. El reclamo se percibe desde decenas de metros. El público se acerca mientras que los quemadores echan humo. Los turistas preguntan. «Aunque nuestro cliente principal es el sevillano, el turismo también se nota, pero sobre todo vendemos a gente de aquí; de hecho, hay una clientela fiel», confiesa Fiances.

En su puesto de la calle Córdoba se pueden vender unos 200 kilos de incienso durante la Cuaresma, la época del año en la que se vende el 70 por ciento de las ventas de todo el año. «Una Semana Santa tardía nos beneficia porque alargamos nuestra temporada de negocio», confirma.

El boca a boca ha hecho que sus productos se comercialicen en localidades de toda España. También en ciudades extranjeras como la francesa Lyon. Su catálogo llega hasta los 150 tipos diferentes de incienso. Algo que no es de extrañar dado que cada año se sacan nuevas fórmulas respondiendo a modas o tendencias.

«En nuestra profesión hay mucha innovación», destaca Santiago. «Hay obras más rancias, más arraigadas y otras más arriesgadas, que nos demandan más las hermandades de fuera de Sevilla», añade. «Este año estamos trabajando olores cítricos de la naranja amarga, el clavo o el romero», apostilla. «Y el que nunca falla es el de Cristo de Burgos, que ya tiene 14 años y que es insuperable», defiende. «Es al que más cariño le tenemos», agrega.

El ingrediente principal, la resina, llega hasta este puesto de tres metros cuadrados desde puntos tan dispares y lejanos como el Líbano, la Península Arábica o Méjico. También desde Andalucía. A partir de ahí, años de experimentación para dar con la fórmula correcta.

Tipos de incienso«Mi padre estuvo hasta cuatro años para definir el incienso para la virgen de la Merced de la hermandad de Pasión y cuando lo terminó, siguió trabajándolo porque no lo convencía del todo», explica Santiago. «Lo cuidamos mucho, le damos mucho cariño», advierte. «El buen incienso es como el vino, hay que dejarlo madurar y que sude», desvela. Este amor a la profesión los ha llevado a diseñarle el incienso a hermandades como Omnium Sanctorum, Los Javieres, El Carmen Doloroso, aunque sus fórmulas no pueden ofrecerlas al gran público.

En Sevilla, trabajar estas resinas es un arte más que está a la altura de bordadores, doradores o imagineros. No hace falta gubia para tallar en la mente de los sevillanos un mapa de emociones que se desatan al acercarse un poco de calor al incienso. Venden humo. Pero no un humo cualquiera.