La sombra del cierre se cierne sobre la taberna Gonzalo Molina, la de las codornices y las alitas, la del Barco, la de la cerveza negra o, desde hace unos años, la de los puntales -de obras para sostener la frágil estructura-. Una sentencia obliga a Manuel Molina a abandonar este espacio de la calle Parras que se remonta al siglo XIX y que su familia regenta desde hace 80 años. El propietario del inmueble tiene otros planes para el edificio y en ellos ya no está el conservar este reducto de poetas, pintores, cantautores y gentes de la cultura en general, que se han unido en una plataforma para evitar el adiós de tan típico enclave del barrio de la Macarena.

Recogida de firmas en apoyo a la taberna GonzaloUna sentencia ha alterado el día a día de Manuel Molina, su mujer y su hijo Gonzalo. El veredicto, contra el que ya se ha registrado un recurso, dictamina el cierre de la actividad que la familia Molina lleva desarrollando en esta esquina de la calle Relator con Parras. Una taberna, una de las más antiguas de Sevilla, corre el riesgo de desaparecer, dejando atrás las veladas de flamenco, las discusiones sobre poesía y los encuentros entre cineastas.

«El local es muy íntimo y personal, llama a la cultura», explica Manuel, que a sus 62 años aqueja problemas de salud, agravados por la tensión que vive con su bar. «Aquí rara vez se habla de fútbol y nunca he oído voces, las conversaciones son interesantísimas ya que el público que frecuenta la taberna está muy apegado al mundo de las artes», desvela.

Ese vínculo del bar que heredó de su padre con la cultura viene del pasado profesional de Manuel, que en su juventud fue actor de la compañía Tabanque, que dirigió Joaquín Arbide y llegó a tener teatro estable en la Sevilla de los años setenta. En la actualidad, la taberna Gonzalo Molina sigue acogiendo actuaciones musicales, encuentros flamencos y recitales de poesía, como el que tuvo lugar el pasado jueves.

La cita estuvo organizada por la «Plataforma Taberna Gonzalo no se cierra» y a ella acudieron una decena de poetas que leyeron sus versos e improvisaron otros tantos loando la taberna y las vivencias que en ella han tenido lugar. «Si se cierra el local, la pérdida sería indudable para la ciudad», destaca Manuel. «Hasta aquí vienen franceses, japoneses, estadounidenses… gentes de todas partes del mundo porque la taberna aparece en muchas guías sobre Sevilla», enumera.

Piano de la taberna GonzaloEl recital poético es una más de las actividades diseñadas por el vecindario para evitar el que Manolo, al que le quedan tres años para jubilarse, y su hijo Gonzalo, en paro y con 29 años, tengan que echar la persiana de forma permanente. Aunque será el juzgado el que deba manifestarse al respecto.

«Una sentencia de la sección octava de la Audiencia Provincial de Sevilla ha decidido que el tiempo de la taberna de Gonzalo se ha terminado. Revoca otra anterior del juzgado de primera instancia número 22 que había decidido lo contrario», explica la petición para evitar el cierre realizada por los amigos de la taberna de Gonzalo, que han llevado la propuesta a la plataforma Change.org y a Facebook. Además, unas dos mil personas ya han firmado en una recogida de firmas en el propio bar.

Versos taberna Gonzalo

«Hay mucho movimiento social que está presionando para evitar el cierre», confiesa Manuel. Según estima la última sentencia, sobre la que ya hay recurso, la familia Molina lleva demasiado tiempo arrendado, causando por ello a la propiedad un daño abusivo.

Y mientras llega una decisión final, Manuel sigue luchando para defender este negocio del barrio de la Macarena. «Quiero ver abierta la taberna, ya sea conmigo o con mi hijo», desvela Molina. «No es un bar frío, tiene vida y una historia muy bonita», añade. El bar «apenas da para sobrevivir, no para hacerse rico», pero es una opción de futuro para la familia Molina, que apenas tiene otro recurso para seguir viviendo.