Tan pronto el Rey Baltasar recoge su carroza, y pone rumbo a oriente, da comienzo una nueva cabalgata que, un par de veces al año, lleva a miles de sevillanos por el circuito de los comercios.

Aún en horas bajas por la dilatada situación económica, las rebajas continúan siendo el paraíso del que quiere comprar, y que le cunda más el escaso presupuesto, y un revulsivo para los negocios.

Ofertas publicitadas como «el no va más», promociones puntuales, campañas que se adelantan… Cualquier estrategia de venta hunde sus raíces tiempo atrás, en esa época de los grandes almacenes que hoy sólo son recuerdo en Sevilla.

Aunque la reducción de precios en España, como la conocemos hoy, llegó en los cincuenta de la mano de El Corte Inglés y Galerías Preciados y su recurrente lucha por conseguir la clientela del otro, el origen real se situaría en la Gran Depresión americana, como fórmula para dar salida a los productos tras una drástica caída en las ventas.

Postal de la Sedería Iñiguez, en Sierpes

Postal de la Sedería Iñiguez, en Velázquez

De hecho, lo que se impulsó fue fijar un tiempo, tras las navidades, para las ‘Rebajas de Temporada’, pues los recortes en el montante ya se hacían en Sevilla desde los años treinta.

Liquidación

Comercios como Ciudad de Londres liquidaban «a mitad de su valor, abrigos de piel para señora, chales afelpados, kachá, gabardinas de caballero… a 10 y 20 céntimos», según anuncios de 1929.

Meguerry, hoy tapicerías, entonces tienda textil en Chapineros, en Francos; la tienda de mantones y sedería Íñiguez, en Velázquez, o los almacenes de tejidos de los Hermanos Algarín, en la calle Lineros, aplicaban las primeras «rebajas» en 1930.

Al igual que la galería comercial de Peyré y Camino, el comercio más antiguo de Sevilla, de 1790, y propiedad de la familia desde 1889. Eso sí, se producían en diciembre, y no después de las fiestas.

Junto a los descuentos, y ya avanzado el siglo XX, surgen los eslóganes para parejos a las distintas tiendas, como «Confecciones Edlitam, siempre caen bien», «Semengar es bien vestir, vista prendas Semengar» o «El mejor calzado que conozco, el de Carmelo Orozco».

Otra habitual de los medios de comunicación era Galerías San Sebastián y Almacenes Puente y Pellón, muy presente a través de sus ingeniosos anuncios como el que abre este reportaje, de 1963.

El comercio en el Duque

El desembarco de la entonces empresa de Ramón Areces en la plaza del Duque, en 1968, supuso una revolución comercial que instauró definitivamente, entre otros cambios no siempre positivos, las rebajas hispalenses.

Un «Zafarrancho». Así definían los grandes almacenes Vilima sus rebajas durante los años 70 y 80.

Un «Zafarrancho». Así definían los grandes almacenes Vilima sus rebajas durante los años 70 y 80.

Si en la actualidad, los descuentos son «inmejorables», o «los más grandes de la historia», como rezan algunas campañas, en 1970 se hablaba de «Drásticas rebajas». Por supuesto orientadas a las «amas de casa», aunque también se expusieran prendas de caballero.

Era la época dorada de grandes establecimientos como Vilima, que se vendía como «cuatro plantas con los precios más bajos de Sevilla». Un auténtico «Zafarrancho», su icónico mensaje durante las dos décadas posteriores a su apertura, en 1963.

Los pantalones de campana eran la estrella en La Meca, en Martín Villa

Los pantalones de campana eran la estrella en La Meca, en Martín Villa y O’Donnell

Cerrados definitivamente en 2011, estos almacenes de la calle Lagar llegaron a contar con una plantilla de 150 trabajadores en las distintas secciones. Además de lo textil, en Vilima hubo perfumería, cristalería, electrodomésticos, bisutería…

Los setenta supusieron también el esplendor del medio comercio, como la cadena Gicos, en San Jacinto y Marqués de Pickman, los almacenes Flomar en Sagasta o La Meca de los pantalones, que llegó a tener dos «sucursales», en Martín Villa y O’Donnell, y dibujaron en la plaza del Duque cierta sensación de competencia.

Allí se encontraba Lubre, en el antiguo palacio de los Cavalieri, desde 1963. donde se podían conseguir, «con suerte» y entre otros productos, abrigos a 40 pesetas, zapatos a 5, trajes de caballero a 10 y discos a 1.

Décadas después sería absorbido por la empresa gallega, que lo emplearía para colocar precisamente discos. Y libros, electrónica, fotografía…

También figuraba Simago, una importante cadena que llegó al medio centenar de establecimientos en España y que aseguraba «luchar incansablemente por conseguir los mejores precios», otro eslogan que, con matices, está muy presente en nuestros días. Sufrió el mismo destino que Lubre, aunque primero albergó la firma Marks & Spencer.

Cambios en el modelo

La camisería Idígoras poco antes del cierre, en 2005

La camisería Idígoras poco antes del cierre, en 2005

En los años ochenta y noventa se afianzan las tiendas que hoy se reparten el mercado, en especial el grupo Inditex, y comienzan a echar el cierre los negocios de toda la vida, por mucha rebaja que aplicasen a sus precios.

El último en hacerlo fue Almacenes Siete Puertas, en 2010, tras 133 años de negocio. En 2005 le ocurría a Idígoras, de referencia en la moda de caballero hispalense desde 1860.

En este caso se mantenía una clientela fija, pero la ausencia de vocación en las nuevas generaciones de esta camisería familiar causó el fin.

Se cerraba así la época más clásica de la moda en Sevilla. Esa en la que ya había rebajas. «Insuperables».