Estrecha y ligeramente serpenteante, la calle Alcaicería no puede negar su pasado árabe. Vía de conexión entre la Plaza del Pan y la Plaza de la Alfalfa, esta callejuela ha sido sede de comerciantes desde tiempos inmemoriales. Su nombre, designa un espacio de tiendas dedicadas a perfumes, esencias y otros productos de especias; una modalidad de comerció relegada a favor de los muchos establecimientos de ropa.

Conocida popularmente como Alcaicería, su nombre va seguido de De la Loza al abundar en sus orígenes vendedores de estos artículos según un acta capitular de 1634 en el que se citan la Alcaicerfa Baja y la Especierfa como dos espacios diferenciados, ésta última más próxima a la Alfalfa, y aislables mediante puertas.

CALLE ALCAICERÍAEn relación con dicha denominación hay que decir que, desde el siglo XV por lo menos, un espacio inmediato se denominaba la Ollerfa, porque allí se vendían artículos de barro. A partir de mediados del siglo XIX, una vez que ha desaparecido el topónimo Alcaicerfa de la actual Hernando Colón, se la suele designar con el nombre simplemente como sigue ocurriendo en la actualidad. Calle con pendiente ascendente y estrecha, característica esta que se acentúa por la proliferación de anuncios del tipo banderola.

Su trazado es ligeramente serpenteante, carente de alineación, sobre todo en los impares, a pesar de los proyectos del pasado siglo para regularizada y ensancharla. En el XVII se cerró en esta acera una calleja, que la comunicaba con Siete Revueltas, sin que prosperasen los intentos de reabrirla en la siguiente centuria.

Tras la conquista castellana siguió desempeñando esa función comcrcial, como revela la toponimia, la existencia de un guarda o alcaide que se encargaba de la vigi lancia y control, y, en fin, el hecho de que todos los edificios fuesen pequeñas tiendas. Estas y los artículos que se exponlan en las fachadas se defendfan de la intemperie mediante guardapolvos o velas. Dichas prácticas contribufan a estrechar aún más la calle, por lo que, en diversos momentos, dcsde el siglo XVII al XIX, se prohibieron. El tipo de comercio se fue diversificando con el tiempo, hasta que en el XVIII predominó el de objetos de loza y barro.

Sin duda, esta actividad en la calle Alcaicería se ha visto potenciada por el hecho de servir la calle de nexo entre dos zonas de gran importancia económica, las de la Alfalfa y del Salvador. Las alusiones a su condición de la muy transitada se reiteran a lo largo de los siglos.

Por eso, cuando en 1820 se trasladan todos los mercados de abasto a la Encarnación, la zona se hundió económicamente, y los pequeños comerciantes de esta calle lo denunciaron a las autoridades, buscando algún remedio a las dificultades. Con el tiempo se superaron, y en la actualidad presenta una notable animación a las horas del comercio.