¿Se imaginan que le direan un día de fiesta en el trabajo para recibir a un jefe de Estado? No, ¿no? Pues sucedió en la Sevilla de 1947. La capital se preparaba para recibir a Eva Duarte, Evita, la esposa del presidente de Argentina, Juan Domingo Perón. La Delegación Provincial de Trabajo declaró día de descanso para facilitar la afluencia de público al recibimiento de la primera dama argentina. Fue una de tantas anécdotas de un viaje que quedó para la historia.

Evita visitó Sevilla el lunes 16 de junio de 1947. Según cuentan las crónicas de la época, la ciudad se volcó con la mujer de Perón de forma multitudinaria. «Evita correspondió cal calor del pueblo de Sevilla con muestras de cariño y solidaridad», narraba el ABC de Sevilla en sus crónicas.

Evita en la muralla de la Macarena

«¡Sevillanos! Que la ciudad que goza de justa fama por su generosa hospitalidad corresponda con las mejores expresiones de su fino espíritu a la preferencia que por Sevilla siente la ilustre dama que viene a horarios con su visita dispensándole el más fervoroso y entusiasta homenaje en el acto de su llegada», dictaba el bando que firmaba el alcalde, Rafael Medina, duque de Alcalá. Y tanto que lo fue.

Horas antes de que el avión Iberia de la primera dama aterrizase en el aeropuerto de Tablada ya se agolpaban los coches. Los sevillanos se contaron por miles durante toda la comitiva, que condujo a Evita, que vestía un traje grana rateado, obrero negro y zapatos y bolsos del mismo color.

Himnos, salvas, desfiles militares y aplausos aparte, Evita se dirigió al hotel Alfonso XIII, donde se hospedaba. Al paso de la comitiva, además de vivas y oles, se oyeron las sirenas de los buques atracados en el puerto. Apenas media hora y un cambio de vestuario después, la primera dama argentina pasaba revista a las puertas del Ayuntamiento a los militares que le rendían honores.

«Pueblo de Sevilla, agradezco profundamente el cariñoso recibimiento que me habéis tributado. Yo lo trasladaré al presidente Perón, que en estas horas críticas del mundo, trabaja por la paz y el bienestar de los pueblos», improvisó Evita en su discurso pronunciado en el salón Colón, adornado con sus mejores galas. Puesto el punto y final a las declaraciones, los presentes en la plaza Nueva pudieron disfrutar de un castillo de fuegos artificiales, «que constituyó unas de las notas sobresalientes de la jornada», según narran las crónicas.

Evita, frente a la MacarenaEvita frente a la Macarena

En su segundo día en Sevilla, la primera dama argentina tuvo de nuevo momentos para encontrarse con los sevillanos. Destacan dos, el primero, en la catedral ante la Virgen de los Reyes, donde también ofreció una corona de laurel al rey San Fernando; y el segundo en San Gil, con la Esperanza Macarena.

«Evita se postró ante la venerada imagen y, tras orar unos minutos, prestó juramento de hermana», relata ABC. Desde ese momento, la esposa de Perón ostenta el título de camarera de honor. Como correspondencia, la primera dama obsequió a la hermandad con un donativo de 30.000 pesetas para sufragar el mantenimiento de la basílica, que se encontraba en obras.

El punto y final a los actos públicos tuvo lugar en la antigua Fábrica de Tabacos, donde las cigarreras regalaron a Evita con un mantón de manila. Paseo por Santa Cruz, fiesta en el Alcázar y fin de la visita. Sevilla se despedía de Evita. Fin a dos días para la historia.