Leyendas infantiles o caprichosa planimetría. El origen del nombre de la calle Sierpes baila entre diferentes teorías, todas protagonizadas por un animal: la serpiente. Llamada Espaderos, el siglo XV trajo consigo el cambio de nomenclatura a la calle más transitada de Sevilla.

El primer nombre conocido que tuvo la calle fue el de Espaderos, así bautizada desde la reconquista cristiana de la ciudad por el rey Fernando III de Castilla (San Fernando) en 1248. Esta nomenclatura le vendrá posiblemente por la existencia de un hospital y hermandad que construían espadas, o tal vez y simplemente por la abundancia de establecimientos que existían de este tipo.

Calle Sierpes en la antigüedadNo obstante, años después, desde el siglo XV y por motivos inciertos, la calle fue rebautizada puede que, en un principio, con el nombre de calle de la Sierpe, y más tarde hasta la actualidad con el nombre de calle Sierpes. Hay quien justifica el nombre a su planimetría sinuosa.

Existen diversas hipótesis e incluso leyendas que tratan de explicar su nombre; desde que es debido a su serpenteante forma, hasta narraciones complejas que se antojan cuentos infantiles. Lo cierto es que algunos historiadores consideran que proviene de la Cruz de la Cerrajería (ubicada hoy día en la Plaza de Santa Cruz, e instalada hasta 1840 en la confluencia de Sierpes con la calle Rioja), ya que en otro tiempo y según la obra «El Cicerone de Sevilla» de Alejandro Guichot, pudo ser conocida como la Cruz de las Sierpes, o serpientes.

Pero también se dice que proviene de un supuesto caballero llamado Don Álvaro Gil de las Sierpes, siendo en un principio el ilustre escritor Luis Montoto quien lo atribuye, alegando que este caballero tenía su residencia en esta calle. El nombre podría simplemente provenir de alguna leyenda, como la que rondaba en aquellos años en la que se explica cómo una serpiente enorme que habitaba sus alcantarillas era la devoradora de muchos niños que comenzaron a desaparecer, y que aunque en un principio las culpas se dirigían a los judíos y sus prácticas sacrílegas.

Al parecer, cierto día un esclavo que ansiaba la libertad dijo que conocía la causa de tantas desapariciones, condicionando que sólo lo diría si a cambio le concedían el indulto, cosa que se le prometió, por lo que entonces les condujo a una alcantarilla cercana a la Cárcel Real donde mostró los restos de una inmensa serpiente muerta rodeada de cuerpos y esqueletos infantiles.