La Campana, Sierpes, Feria, Baños, Susona, Alcaicería, Pozo Santo, Siete revueltas… ¿De dónde toman sus nombres las calles del centro de Sevilla? Algunas, de las leyendas; otras, por la actividad que albergaron. El repaso al nomenclátor supone un viaje por la historia de la ciudad.

La Campana

Este recorrido por las calles del casco antiguo empieza en el epicentro de Sevilla: la Campana es el punto cero en el que citarse. Su nombre evoca a dulce y a incienso. Sus aceras son testigos mudos de encuentros, tropezones, prisas y esperas que se eternizan. Epicentro oficioso de Sevilla, la plaza de La Campana es el mayor escaparate al que asomarse para ver y ser visto. Un espacio solemne al que entrar silente y con paso racheado o en rumor de algarabía con el izquierdo por delante. Pero ¿de dónde le viene el nombre al punto cero de la ciudad?

La CampanaDiversos autores, entre los que destaca la teoría de González de León, explican que «desde muy antiguo estaba en el enclave de la actual plaza el almacén donde el Ayuntamiento custodiaba todos los pertrechos para apagar y cortar los incendios públicos, en cuyo espacio estaba colocada una campana que era la que se tocaba en los casos de urgencia para convocar al pueblo y a los operarios para dar pronto auxilio y que, de esta campana, la calle tomó su nombre». (Lea más aquí)

Sierpes

En la Campana desemboca otra de las calles más notorias del callejero sevillano, la calle Sierpes. Leyendas infantiles o caprichosa planimetría. El origen del nombre de la calle Sierpes baila entre diferentes teorías, todas protagonizadas por un animal: la serpiente. Llamada Espaderos, el siglo XV trajo consigo el cambio de nomenclatura a la calle más transitada de Sevilla.

Existen diversas hipótesis e incluso leyendas que tratan de explicar su nombre; desde que es debido a su serpenteante forma, hasta narraciones complejas que se antojan cuentos infantiles. Lo cierto es que algunos historiadores consideran que proviene de la Cruz de la Cerrajería (ubicada hoy día en la Plaza de Santa Cruz, e instalada hasta 1840 en la confluencia de Sierpes con la calle Rioja), ya que en otro tiempo y según la obra «El Cicerone de Sevilla» de Alejandro Guichot, pudo ser conocida como la Cruz de las Sierpes, o serpientes. (Lea más aquí).

Feria

Calle FeriaSinuosa y recta. Apenas once minutos se necesitan para completar los 900 metros que hacen de la calle Feria una de las más largas del Casco Antiguo. Dicho tiempo, como siempre relativo, aumentará considerablemente de transitarla un jueves, cuando esta vía se llena de puestos como es tradicional desde el siglo XIII. El mercadillo, otrora feria de viandas, ascendió al nomenclator para denominar a una de las calles más macarenas.

Laneros, Cano Quebrado, Hurones, Lencería… Los nombres primitivos de la que es hoy la calle Feria han sido tantos como las actividades comerciales que en ella se han desarrollado. Eminentemente mercantil, esta importante vía acoge un importante mercadillo que data del 18 de marzo de 1254, cuando Fernando III de Castilla concedió dicha feria a la ciudad. Conocido popularmente como el Jueves, es el más antiguo de cuantos se celebran Sevilla. (Lea más aquí).

Baños

La actividad desarrollada también está detrás del nombre de la calle Baños. El origen del nombre de esta calle del Casco Antiguo son los Baños de la Reina Mora, unas instalaciones almohades del siglo XIII que se encuentran en la calle Baños de Sevilla a la altura del número 23. Tras la reconquista de Sevilla siguieron funcionando como baños hasta el siglo XVI. Su administración se cedió a principios del siglo XIV al Cabildo Catedralicio y en 1542 fueron vendidos. En 1551 Antonio Gerónimo de Montalván y Ana Enríquez cedieron la propiedad para el recogimiento de mujeres públicas de la comunidad de monjas agustinas y se convirtió en el Convento del Dulce Nombre de Jesús. (Lea más aquí).

Alcaicería

HerbolarioEn este orden de nombres con relación comercial también está la calle Alcaicería. Su nombre va seguido de De la Loza al abundar en sus orígenes vendedores de estos artículos según un acta capitular de 1634 en el que se citan la Alcaicerfa Baja y la Especierfa como dos espacios diferenciados, ésta última más próxima a la Alfalfa, y aislables mediante puertas. (Lea más aquí).

Siete revueltas

Cerca de esta está la calle Siete revueltas. Su nombre obedece a la pura geometría. Siete revueltas. Siete giros en la ciudad de las siete letras. Siete. Sevilla. En menos de 200 metros, siete esquinas que hacen de esta escondida vía del centro de la ciudad en una callejuela sui generis.

Sus reviradas datan de al menos 1429, recogidas en manuales que destacaban en irregular trazado de esta callejuela situada hoy entre la Plaza del Pan con Don Alonso el Sabio. Una vía que transcurre paralela y perpendicularmente, según el tramo por el que se transita, a la calle Puente y Pellón.

La calle acogió a un gremio de herreros desde 1460 y 1585, dándole el nombre de Herreros o Herrero Viejo al tramo más próximo a la calle Jesús de la Pasión. Una nomenclatura que se perdió en la reforma general del callejero de 1845. Se impuso Siete revueltas. (Lea más aquí).

Susona

Azulejo Susona

Ya en el terreno de leyendas, destaca la de la bella Susona. La Sevilla más macabra se cita en la calle de la Muerte, a los pies de la Judería. No busquen en los mapas esta vía por ese nombre, que desapareció de los callejeros en el año 1845. La traición está detrás del cambio de nomenclatura, que pasó a llamarse Susona por una bella judía que, según dicta la leyenda surgida en torno al hecho histórico de la conjura judeoconversa que tuvo lugar en 1480, traicionó a su familia para salvar la vida de su amado.

Ya en el plano de Olavide (1771) figura como de la Muerte que, junto con las colindantes Vida, Gloria, Ataúd (Doña Elvira) y Guadaña. Su actual nombre está relacionado con la leyenda medieval de la bella Susona y no con la de Miguel de Mañara, como por error se ha escrito. En 1845 se rotula como Susona en recuerdo de la bella judía, conocida como la «hermosa hembra» que, según la leyenda, vivió y murió en esta calle, cuya cabeza estuvo expuesta durante mucho tiempo colgada de una escarpia por voluntad propia y como expiación de sus pecados. (Lea más aquí).

Pozo santo

También hay lugar para los milagros en el callejero sevillano. Cuenta la leyenda que la intercesión milagrosa de la Virgen salvó de perecer ahogado a un niño que había caído al pozo público situado en pleno centro de Sevilla. Encomendándolo sus padres a una pintura de la Virgen existente a pocos metros, vieron cómo las aguas aupaban al zagal hasta el brocal. En este hecho, que el cronista Luis de Peraza incluyó en su «Historia de Sevilla», está el origen del nombre de la plaza del Pozo Santo. (Lea más aquí).