«Nadie le quitó el Don. Rafael era Don Rafael. Y nunca conocí a nadie que se enfadase con él». Este dúo de virtudes definen la calidad humana de Rafael Martínez Domínguez, Don Rafael, secretario perpetuo de honor de la Real Academia de Medicina y Cirugía de Sevilla, que falleció el pasado domingo día 23 de febrero a la edad de cien años.

«Don Rafael tenía una serie de características que lo separaban de lo normal», explica el doctor José Luis Serrera, vicepresidente de la Real Academia de Medicina y Cirugía de Sevilla y amigo del fallecido. «Era un gran clínico y, además de mantener su consulta en la calle Muñoz y Pabón, ejerció como profesor adjunto de Terapéutica Física en la Facultad de Medicina de Sevilla», enumera.

Don Rafael Martínez DomínguezLa relación de Don Rafael con la medicina empieza justo antes de que estalle la Guerra Civil. En esos años, el futuro médico debe dejar los libros para ejercer la profesión movilizado en un hospital médico militar. Tras la guerra fratricida, Don Rafael entró en la Cátedra del doctor Don Pedro Rodríguez Zabalete, una eminencia en su campo. Por unos años, dos legislaturas, compagina su trabajo en la facultad con el cargo de secretario del Colegio de Médicos de Sevilla.

Poco más tarde, acomete un trabajo que le granjearía multitud de amigos y la admiración de su profesión, el de representante de los médicos del Seguro Obligatorio de Enfermedad, un puesto que también llegó a desempeñar a nivel nacional y con el que representó a todos los médicos de España. Su labor en este cargo «fue muy meritoria», detalla el doctor Serrera.

Para desglosar la vida de Don Rafael hay que mencionar irremediablemente su faceta como académico de número de la Real Academia de Medicina y Cirugía de Sevilla, puesto que ocupaba desde el 19 de noviembre de 1974. En el momento de su defunción, Don Rafael era el número dos de esta institución, la más antigua de las civiles, no religiosas, de Sevilla por detrás de la Real Maestranza de Caballería.

Homenaje a Don Rafael Martínez Domínguez

Homenaje a Don Rafael Martínez Domínguez

En la Real Academia de Medicina y Cirugía de Sevilla ostentó el cargo de secretario general desde hace 28 años y, el día de su cien cumpleaños, le dieron el título de  secretario perpetuo de honor de esta institución. «El último documento que firmó como secretario lo firmó dos días antes de morir», recuerda Serrera.

Siempre vivió en Sevilla, con su sobrinas, sus sobrinos nietos y sus sobrinos biznietos. Era soltero aunque nunca le faltó el calor de los suyos, quien los llamaban cariñosamente como «el tito». Veneró especialmente al Cristo del Buen Fin, de la hermandad de Los Estudiantes, de la que fue hermano. Y entre sus aficiones destaca la de ser «un conversador extraordinario y un hombre entrañable», afirma el vicepresidente Serrera.

El pasado 23 de febrero fallecía en su casa, lúcido hasta última hora, aquejado por un problema cardíaco. Un punto y seguido en la historia de la medicina sevillana.