Siempre ha habido formas de hacer frente a los azotes del mercurio que década trás década ha «asfixiado» a Sevilla. Antaño muchos dormían a la intemperie con los colchones en el patio para conseguir conciliar el sueño aprovechando el leve descenso de las temperaturas nocturnas. Otros se bañaban en albercas, tiraban de búcaros para beber agua fresca o compraban las barras de hielo en los famosos «carros de nieve» que distribuían el tan preciado producto por toda la ciudad.

Y aunque hoy día contamos con frigorífico, congelador o aparatos de aire acondicionado para sofocar las altas temperaturas, quienes se quedan cerca del asfalto en época estival optan por buscar alivio a este sofocante calor cerca de «nuestra playa» particular: el río Guadalquivir. El Muelle de la Sal se ha convertido en un refrescante «balcón» a Triana donde, además de contemplar un hermoso paisaje con el arrabal enfrente, permite a los sevillanos sobrellevar mejor la canícula.

El Muelle de la Sal, un refrescante «balcón» a TrianaPrueba de ello es que cuando anochece, aún sobrepasando los termómetros los 35º grados, se convierte en un agradable oasis donde permanecer al aire libre sin morir en el intento. El puente de Triana iluminado, la capillita del Carmen o la parroquia de Santa Ana, son algunos de los monumentos que destacan en el retrato paisajístico que se observa desde la otra orilla del arrabal. El «rostro» de Triana se refleja sobre las aguas del antiguo río Betis ofreciendo al espectador una estampa única. Y, por qué no, se convierte en un bálsamo reparador en las calurosas noches de verano.

Por ello, no es de extrañar encontrar entretenimiento nocturno a los pies del Guadalquivir -incluso diurno para los que desafían al termómetro y se atreven a darse a pleno sol algún que otro chapuzón-. Parejas que pasean, deportistas que evitan las horas de sol para practicar «running» o montar en bicicleta, familias que disfrutan del horizonte mientras sus hijos juegan al aire libre… Es el caso de Javier, que aprovecha cuando el calor da una tregua para caminar junto al río. «A partir de las 22.00 horas es la hora perfecta para mí, aprovecho para correr o caminar por aquí, ya que además vivo en Triana y estoy a un paso de este maravilloso espacio para hacer deporte. Continúo por Marqués de Contadero hasta llegar al Muelle de Nueva York y luego regreso por el mismo sitio. La vista y la brisa alguna que otra noche acompañan», explica.

Otros, como Pepe y Carmen, aprovechan para pasear en familia y degustar sentados en el poyete de alguna bebida refrescante y frutos secos. «Solemos venir de vez en cuando porque nos relaja bastante, y te quedas embobado nada más contemplando este paisaje», aseguran.

Un espectáculo de luces y colores que no deja indiferente y que hace «digerir» mejor cada verano en plena ciudad de Sevilla.