Antes de que Starbucks, una multinacional del café, pusiera sus ojos en la avenida de la Constitución, ya había allí un sevillano sirviendo torrefacto desde hace dos siglos. Se desconoce su nombre y quienes fueron sus propietarios, solo se sabe que fue el primer café de Sevilla y que abrió sus puertas en el año 1758 en la extinta calle Génova, frente a la conocida Punta de Diamante.

No busquen en el callejero, esta vía se demolió para dar vida a uno de los ensanches por el que transitan numerosos autóctonos y forasteros, la avenida de la Constitución. En ese enclave nace la historia de los cafés en Sevilla. La ciudad fue «desde 1758 ciudad de muchos y buenos establecimientos para beber café, que bien pronto se convirtieron en lugares de esparcimiento, en punto de reunión de amistades, en mentideros, en centros de negocios, en logias, clubs y conciliábulos políticos, en tertulias de gentes de letras y en descansaderos de gente desocupada, léase vagos y caballeros de industria», explica Santiago Montoto en un artículo publicado en ABC de Sevilla en el año 1958, cuando se conmemoraba el segundo centenario del primer establecimiento.

Página de ABC de Sevilla«Se fundó en el año de 1758 y su apertura supuso una señal del renacimiento de la población, del lujo que empezaba a extenderse en la clase media y de la aceptación de ciertas costumbres de países extranjeros. Este café se estableció frente a la Punta del Diamante: en la esquina de las antiguas calles de Génova y de la Mar, en unos soportales. En el establecimiento se expendía, a más del café, refrescos, esponjados, té y el delicioso soconusco, al que tan aficionados fueron nuestros abuelos», enumera este articulista e investigador de temas de historia que fue miembro de la Real Academia Sevillana de las Buenas Letras fallecido en 1973.

«Algunos años después de fundarse el café, cuyo nombre ignoro, surgió otro similar en la misma calle de Génova. Este se tituló de ‘San Fernando‘, y alcanzó larga y próspera vida, llegando hasta la restauración del ‘Deseado’. Fue establecimiento de lujo, y en el se reunía la gente distinguida… En la parte alta había una fonda, y en el patio, mesas donde se jugaba al ajedrez, al dominó y a las damas», explica Montoto. «Tenía honores de casino -en Sevilla en aquellas calendas no los había- y, entre otros alicientes, en determinados días de la semana se leía en voz alta para la clientela las noticias de la ‘Gaceta’», detalla.

‘San Fernándo’, ‘Caballo blanco’, ‘La paz’, ‘Vista alegre’, ‘Julio César’… Todos siguieron la estela del primer café del que no se recuerda el nombre. Él tiene el privilegio de ser el primero de una larga lista que establecimientos que llega hasta la actualidad, con el permiso de multinacionales.