Cientos de «tesoros» aguardan a sus descubridores en las calles de Sevilla. No hace falta ser un sabueso para dar con ellos, solo hay que lanzarse a la aventura equipado con un móvil con GPS, conexión a Internet y estar provisto de grandes dosis de ingenio y humor. Trepidantes aventuras esperan a la vuelta de la esquina a los exploradores que se aficionen al Geocaching, un juego que cada día engancha a más adeptos en las ciudades de todo el mundo.

Geocaching o gymkhana GPS es un juego basado en esconder y encontrar «tesoros», también llamados «caches» en cualquier lugar, con la ayuda de un GPS. Por una parte, alguien esconde un objeto en cualquier parte de la ciudad o del campo, posteriormente apunta las coordenadas geográficas de ese punto mediante un receptor GPS y, por último, las hace públicas en páginas web especializadas para que otras personas puedan empezar su búsqueda. En Sevilla, hay centenares de caches escondidos en los lugares más inverosímiles, la mayoría situados en el Casco Antiguo.

Un cache de geocahing

Un cache de geocahing

En las web donde se publican las coordenadas, la gente puede entrar a consultar tesoros escondidos cerca de su casa o por alguna zona donde vaya a hacer un viaje. La etiqueta marca que quien encuentra uno de estos tesoros, puede llevarse un objeto de este pero a cambio tiene que dejar otro de igual o mayor valor para el siguiente visitante.

Los regalos generalmente consisten en objetos de poco valor, metidos en bolsas impermeables o fiambreras, y un cuaderno donde apuntar tu nombre para que quede registrado (logbook). Cada uno de estos contenedores con todo su contenido es a lo que se denomina «cache» o «geocache» en la jerga técnica, cuya interpretación al castellano puede ser «tesoro», o «geoescondite».

En la ciudad, los caches son de un tamaño más reducido para ganar en disimulo y pueden estar localizados en señales de tráfico, adheridos con imanes, en papeleras, en monumentos, setos… Cuanto más escondidos están, más apasionante resulta el reto.

En algunos casos, son del tamaño de estuches de minas o pequeñas balas, que esconden en su interior un papel doblado o enrollado en el que los exploradores escriben su nombre y la fecha en la que hicieron el hallazgo. También es posible crear geocaches encadenados (normalmente denominados multi-caches), donde el objeto anunciado contiene una nota con las coordenadas del regalo o de otras notas con otras coordenadas.

«Es una forma interesante de conocer tu ciudad, a veces, con las prisas o la costumbre no reparamos en monumentos o edificios porque han estado ahí toda la vida; al geocachear la ciudad se ve con detenimiento y se perciben más detalles, se explora hasta encontrar el cache», explica María, una jugadora que suma más de una veintena de hallazgos en las calles de Sevilla.

Las coordenadas de un cache de geocachingLos tesoros están repartidos por muchos lugares emblemáticos de la ciudad. Desde el barrio de Santa Cruz hasta el puente de Isabel II. En algunos casos también hay caches temáticos, como los que invitan a conocer la Sevilla del 29.

«Hay tardes que quedo con los amigos y nos ponemos a geocachear, es una buena actividad para hacer en pandilla; te ríes mucho y compartes los éxitos», detalla María. «A los que empiezan suelo dar un consejo, hay que ir provistos de guantes de látex, porque los caches están situados en sitios ocultos y hay que palpar mucho por lo que te sueles ensuciar bastante las manos», explica geocacher sevillana.

«La gente nos suele mirar mucho, sin saber muy bien si lo que estamos haciendo es un acto vandálico; tocamos por detrás de las señales, a veces tenemos que ayudarnos para buscar en las alturas… suele llamar la atención, y eso que tratamos de pasar desapercibidos para que la gente no vaya tras nuestros pasos y arrojen a la basura el cache», detalla. «En cualquier caso, se suele dejar un mensaje en el exterior del ‘tesoro’ explicando que se trata de un juego y que quien lo encuentre por error lo deje en el mismo sitio», asegura. «También es cierto que el jugador que coloca el cache es responsable de él y de su mantenimiento, si un jugador no lo encuentra da la voz de alarma en la web y quien lo ha escondido debe ir a reponerlo», desvela.

Un geocacher anota un mensajeEl Geocaching tuvo su origen en el grupo de noticias sci.geo.satellite-nav dedicado a los Sistemas Globales de Navegación por Satélite (GNSS). David Ulmer, asiduo de este grupo, decidió celebrar el hecho de que el gobierno estadounidense suprimiese la disponibilidad selectiva (SA) el 1 de mayo de 2000, la cual degradaba intencionadamente la señal de los satélites para evitar que los receptores comerciales fueran demasiado precisos. Propuso un juego al resto de miembros del grupo escondiendo el 3 de mayo un «cofre del tesoro» en los alrededores de la ciudad de Portland en Oregón (Estados Unidos) y enviando al grupo de noticias las coordenadas exactas de su ubicación. Para el 6 de mayo este tesoro fue visitado dos veces, quedando registrado en el libro de visitas del tesoro.

Lo que comenzó como un entretenimiento con un marcado carácter tecnológico se ha ido transformado con el paso del tiempo en una práctica extendida a multitud de países y con cientos de caches o tesoros en todo el mundo. A mediados de 2013 se superan los dos millones de tesoros activos en más de 200 países, con más de seis millones de geocachers (jugadores) en todo el mundo.