«Sí, sí, soy Juan Carlos, el Rey». Los atónitos ojos de Manuel Casablanca y su familia se toparon en los prolegómenos de la Expo 92 con la imagen de Sus Majestades entrando en el restaurante Casablanca, en la calle Zaragoza. Nadie los esperaba. La sorpresa también se extendió a los clientes que despachaban viandas en la barra. Rápidamente, tras salir de la conmoción inicial, Manuel sirvió a Don Juan Carlos una media de manzanilla de Sanlúcar. Era el inicio de una relación que se repetiría en más de una ocasión.

La anécdota sigue asaltando a los curiosos clientes de este restaurante sevillano. Esta vez el que la recuerda es Tomás Casablanca, hijo de Manuel Casablanca Heras, quien falleció a los 73 años de edad hace algunos días en Sevilla.

Manuel CasablancaLa saga Casablanca lleva deleitando paladares desde hace ya tres generaciones. Valentín Antonio Casablanca, padre del difunto, regentaba el bar La antigua sacristía, situado en la Alameda de Hércules. Detrás de esa barra aprendió el oficio Manuel, hermano de Los Gitanos, Currista, sevillista y Macareno.

«Tendría siete u ocho años cuando mi padre se inició en este negocio», recuerda Tomás Casablanca, hijo de Manuel. «Se escaqueaba de clase para despachar en el bar», detalla. Su afición por el oficio se vería pronto recompensada. A los 14 años empieza a trabajar en el parque de María Luisa, en el restaurante Alfonso.

Su periplo vital lleva a Manuel a distanciarse de Sevilla. La exuberante Marbella de la época dorada ofrecía más opciones para un joven con ganas de aprender. En la costa malagueña empieza a trabajar en el restaurante Don Pepe. Unos derroteros que duraron poco tiempo, el justo para que Manuel se enamorara de María Hidalgo, una joven un año menor que él nacida en Dos Hermanas. En la ciudad nazarena contraerían matrimonio a los 17 años. Fruto del enlace nacieron tres varones, Manuel, Antonio y Tomás; y una mujer, Nieves.

Ya de vuelta en Sevilla. Manuel se pone a trabajar en Los Navarros, que tenían locales en la calle Sagasta y Sierpes. Tras eso, al Hotel Macarena y después, en el año 1979, a Enrique Becerra, donde permanece diez años hasta que en 1989 decide montar un bar en Matalascañas, la Bodeguita Los Barriles. «Era un lugar familiar, donde trabajábamos primos, tíos, hermanos…», recuerda Tomás.

Un año después, monta en la calle Zaragoza número diez el bar Manzanilla de Sanlúcar y cierra el de Matalascañas. Aunque el éxito en la profesión se confirma en 18 de julio de 1991 cuando se inaugura Casablanca, el restaurante de la calle Zaragoza, 50. «El lugar al que le gusta tapear al Rey», ironiza Tomás. Allí permanece hasta los 64 años, edad a la que se jubila tras estar casi 60 años detrás de una barra.

Cuando la matrona Rafaela Guisado ayudó al parto de Manuel en la sevillana calle González Cuadrado número 23 debió decirle a su madre. «Señora, ha tenido usted un gran hostelero».