Vigilantes de seguridad, limpiadoras, agentes de la policía… son los «afortunados» que más fantasmas han presenciado al amparo de la noche, momento proclive en el que, en un buen número de incidentes, hacen su aparición pública. La calle Arguijo, la facultad de Bellas Artes, el antiguo teatro Álvarez Quintero, los almacenes Vilima, el Ayuntamiento de Sevilla, la Capilla de San Onofre, la Catedral de Sevilla, el Hospital de las Cinco Llagas, el Hogar Virgen de los Reyes o la calle San Luis conforman un decálogo de fantasmas [amplíe con detalle estas historias en esta noticia] que destacan en el centro de la ciudad. Aunque esta lista deja otros que a día de hoy asustan a sus vecinos.

Aparición arriba, visión abajo. Unos 400 fantasmas han presentado sus credenciales ante el investigador y experto en el tema José Manuel García Bautista. Una cifra nada alocada. «En 3.000 años de historia de Sevilla y contabilizando los millones de habitantes que han pasado por ella, los espectros tan solo suponen el 0,01 por ciento de la población».

Facultad de Relaciones LaboralesUno de ellos reside en la Facultad de Relaciones Laborales, justo al lado del Instituto Británico, el actual edificio del CICUS. La historia, que recoge este reportaje de Aurora Flórez en ABC de Sevilla, la contó uno de los vigilantes de seguridad, blanco como la pared, que vió que en el piso de arriba se encendía una luz. Apagó, echó un vistazo y volvió a su sitio, donde escuchó que una voz femenina lo llamaba. Volvió a subir y vió a alguien marchándose, miró hasta en los servicios y no encontró a nadie. «Me fui —contó— y a mitad de escalera me vuelvo y veo a una mujer que seguía bajando, que venía hacia mí». Muerto de miedo, el hombre se dirigió a la conserjería y cogió las llaves de la entrada. «Sentí algo detrás, no me atrevía ni a mirar, pero alguién estaba respirando detrás de mí. Me volví y era una mujer que me miraba. Caí redondo».

El Hotel Alfonso XIII también protagoniza historias de fantasmas. Se cuenta que en la penúltima planta hay un «huésped». Algunos clientes contaron haber visto a alguien vestido de frac mirándole desde los pies de la cama. Se rumorea que lleva vagando por las habitaciones y atemorizando a todo el mundo.

Casa FabiolaEn la Casa Fabiola —sede municipal de Servicios de Recaudación y edificio en el que nació el arzobispo de Westminster— también era conocido que pasaban cosas extrañas. En testimonio recolectado por el investigador, una tarde empezaron a temblar las luces «será la instalación eléctrica, se dijo el testigo, que al rato oyó que lo llamaban por su nombre desde el patio. «¿Será una broma», pensó. Ante esto se decidió a subir a la tercera planta, donde dice haber visto a un ser sombrio, oscuro, sin rasgos. Una neblina difusa que se introdujo por una puerta simulada en la pared. Fue detrás hasta una especie de cripta usada como bodega. El frío le asaltó y notó «como si le zarandearan».

La siguiente visión es la de un lugar desolador: el Sanatorio de los Muertos, antiguo y prácticamente derruido Hospital Militar de San Pablo, donde es habitual jugar al pinball. Dos de estos jugadores se separan y a mitad de partida ven aparecer a un individuo con bata corta de paciente paseando. Dobla una esquina y desaparece donde sólo hay un muro. Varios grupos de personas han visto también, además de a un alto ser sombrío, a una niña que habría falleció allí. Incluso un aficionado a la aeronáutica dice haber a esta fantasmagórica niña, pálida y vestida de blanco, que le dijo : «Te he llamado, ¿acaso no me has escuchado?».

Sanatorio de los muertos

El actual Rectorado de la Universidad de Sevilla, la antigua Fábrica de Tabacos, también es otro escenario de apariciones. Las limpiadoras y el personal de seguridad del edificio conocen bien la leyenda del fantasma al que llaman popularmente «el profesor». Un caso que, no por más repetido está bien documentado.

El último caso, también nuevo, ha sido bautizado por el investigador como la «Cuna maldita» y es espeluznante. Ocurrió en 2011 en la calle Muñoz y Pabón, en una casa a la que se había mudado una familia con un niño recién nacido. El marido adquirió en el Jueves una preciosa cuna blanca, que limpiaron y montaron en el tercer piso. Mientras la madre estaba abajo, en la cocina, controlaba por medio de un intercomunicador al bebé, en el tercer piso. Un día cualquiera comenzó a llorar. Subió y el niño estaba tranquilo. Igual sucedió varias veces más. Hasta que lo escuchó llorar con más fuerza, se volvió y la cuna con el niño estaban detrás, en el piso bajo, en el distribuidor que daba a la misma cocina. Se deshicieron de la cuna y no pasó nada más extraño en aquella casa.