Bueno Monreal, Cervantes, Cisneros, González, Ilundain, Lluch, Rodrigo de Castro, Sanz y Forés o Spinola. El callejero sevillano homenajea a hasta ocho cardenales. Del Casco Antiguo a Nervión o al distrito Sur, el nomenclátor de la ciudad repasa la historia de los purpurados que ejercieron en Sevilla.

El último cardenal en dar nombre a una calle sevillana es José María Bueno Monreal, que encuentra su sitio en el distrito Sur. Este zaragozano nacido en 1904 fue nombrado arzobispo de Sevilla en 1957. El 8 de abril, después de la muerte del cardenal Segura, es nombrado arzobispo de Sevilla y nombrado cardenal en el consistorio de 15 de diciembre de 1958, por el papa Juan XXIII. Es cardenal de la Iglesia católica desde el 23 de noviembre de 1958. Falleció en 1987 y sus restos se encuentran en la capilla de San José de la Catedral.

Su predecesor en el cargo, el cardenal Segura no posee calle en Sevilla, a buen seguro por la tensión continua que mantuvo con Franco. El que sí posee calle es el arzobispo número 124 de Sevilla, el también cardenal Eustaquio Ilundain y Esteban, una persona que también tuvo dificultades, en esta ocasión con los sevillanos. Entre las medidas más impopulares destacan la prohibición del cante de saetas, la presencia de mujeres en las cofradías y algún que otro traspiés con los hermanos de la Macarena, a quienes impuso un hermano mayor que nunca convenció a la feligresía de San Gil. La avenida Cardenal Ilundain fue inaugurada en 1948 a petición de Genaro Parladé, propietario de los terrenos, hoy distrito Sur.

De ahí a Nervión, donde tiene su calle el cardenal Lluch. Se rotula en 1949, como otras del mismo barrio, cuando su propietario las cede al Ayuntamiento, en memoria de Joaquín Lluch y Carriga (1816-1882), cardenal arzobispo de Sevilla, de la orden de los Carmelitas Calzados. En 1869, asistió al Concilio Vaticano I que estuvo presidido por el Papa Pio IX y está enterrado en la Capilla de San Laureano de la Catedral de Sevilla. También en Nervión se encuentra la calle Cardenal Rodrigo de Castro, que dio nombre a la calle 27, rotulada en 1949 en memoria del inquisidor general y cardenal de Sevilla.

PurpuradoSi hay un distrito con el mayor número de purpurados en sus calles ese es el Casco Antiguo, que suma cuatro vías dedicadas a cuatro cardenales: Cervantes, Cisneros, Sanz y Forés y Spinola. El primero le dio nombre a la que por el siglo XV era conocida como la calle del Hospital del Cardenal. Tras varios nombres, en 1900 se acuerda darle la denominación de Cardenal Cervantes, que ha conservado hasta la actualidad.

Otro de los prelados que poseen calle en el centro es el cardenal Cisneros. El purpurado dio nombre a una calle que durante la Primera República tuvo por nombre Progreso. Ya en 1869 se rotuló oficialmente Jiménez de Cisneros, en memoria del que fuera primado de Toledo, consejero de los Reyes Católicos y regente de Castilla a la muerte de Fernando el Católico; ocasionalmente es nombrada Cisneros; en 1917 se acordó que pasara a llamarse Cardenal Cisneros.Purpurado

En las inmediaciones del Palacio arzobispal de Sevilla se encuentra la calle dedicada al que otorgara el cargo entre los años 1889 y 1895, Benito Sanz y Forés. El prelado da nombre a una calle concurrida por los clérigos que vivían en la zona y que daban servicio a la Catedral, en las proximidades de Don Remondo y Abades.

Por último, desde 1913 la calle del Horno del Naranjuelo se conoce como calle Cardenal Spinola, en memoria de Marcelo Spinola y Maestre, que fue párroco de la cercana iglesia de San Lorenzo, y más tarde arzobispo de Sevilla; fue patrono de la Congregación de las Esclavas del Divino Corazón.