Si alguna vez ha entrado al compás de la iglesia de San Antonio Abad, en la calle Alfonso XII, seguro que habrá reparado en la ingente cantidad de velas rojas que, debidamente encendidas, ejercen de votiva antesala del templo.

Muchas personas quizás ni accedan. Puede que su destino no sea otro que una estatuilla a la que traen flores y le dirigen oraciones, a diario en «civilizadas» filas. Se trata de San Judas Tadeo, representado aquí en una talla de tamaño inversamente proporcional a los milagros que se le atribuyen.

Nada menos que de las causas desesperadas es patrón este santo que celebra su onomástica hoy, 28 de octubre, un día marcado en el calendario para muchos sevillanos, creyentes o no, que en cualquier época del año se dirigen a él para conseguir intercesión en asuntos laborales, personales y, como no, de salud.

La historia de este bienhechor no queda del todo clara por la ausencia documental de buena parte de su vida, llegándosele a situar tanto como familia directa de Jesucristo como hijo de María de Cleofás. De lo que no hay duda es de que fue uno de los doce apóstoles originales.

El reguero de peticiones a San Judas Tadeo no decae ningún día del año, manteniendo siempre encendidas las velas rojas en su honor / Juan José Úbeda

El reguero de peticiones a San Judas Tadeo no decae ningún día del año, manteniendo siempre encendidas las velas rojas en su honor / Juan José Úbeda

Tampoco es muy evidente su patronazgo. Algunas fuentes apuntan a la ferviente defensa de la doctrina cristiana que hace en su epístola, animando a los cristianos a mantenerse firmes pese a cualquier complicada situación y enfrentarse a las herejías.

Otras, a la recurrente confusión que entraña su nombre y el de Judas Iscariote. Por temor a rezarle «al traidor», los creyentes del medievo se encomendaban a otros santos pero, si la ayuda divina no llegaba, oraban a otros beatos hasta terminar en Judas Tadeo. La causa, a esas alturas, ya sería un imposible.

Velas y flores por una causa imposible / Juan José Úbeda

Velas y flores por una causa imposible / J. J. Úbeda

Leyendas aparte, la tradición y la fe han ratificado el poder inagotable de esta figura a nivel internacional, pero de un modo muy especial en la religiosa Sevilla. De hecho, no es el único «ritual» que los hispalenses atesoran en su acervo.

Protección divina

Sin ir más lejos, el Cristo de la Hermandad de San Esteban, conocido popularmente como el Cristo de la Ventana, fue durante siglos el «garante» de la salud y la protección de los viajeros que abandonaban Sevilla por la puerta de Carmona.

La costumbre terminó por darle su actual advocación de «Salud y Buen viaje». De hecho, su disposición aún permite contemplarlo a través del vental que da a la calle de San Esteban.

En el primer tomo de «Folk-Lore: Biblioteca de las tradiciones populares españolas», se apunta a la capilla de San José como otro importante foco de milagros.

En el capítulo relativo a las supersticiones populares, Alejandro Guichot explica que, si se rezaban cinco padrenuestros a un cristo de los que allí reciben culto, se cumpliría cualquier anhelo.

La Esperanza ampara a los marineros, desde Triana a la Esclusa

La Esperanza en Astillero / Web Retablo Cerámico

El libro data de 1883, por lo que queda descartado el devoto Cautivo y Rescatado, gubiado en la época de la posguerra.

Eso sí, la «ceremonia» solo puede tener lugar el Jueves Santo, y saliendo del templo cada vez que se termina la oración y volviendo a entrar al encadenar la siguiente.

El auténtico milagro sería mantener con fluidez el circuito quíntuple, dada la habitual aglomeración que se vive en el entorno de la calle Jovellanos el día de los Oficios.

Por su parte, en la torre de la fábrica de Astilleros Elcano, en la carretera de la Esclusa, luce un retablo cerámico de la Esperanza de Triana.

Su devoción marinera quiso ponerla cerca de quienes ejercían esta profesión en 1956, en la época de creación de los grandes buques de destino oceánico. Como suprema protección.

Más allá de la fe en las imágenes, fuente inagotable en Sevilla, existen otras maneras de «sentirse protegido».

Los trianeros de gran arraigo nunca olvidan santiguarse al pasar por la capillita del Carmen, ya sea en dirección al centro o de vuelta al barrio. A la ida lo hacen como «petición de fortuna». A la vuelta, en señal de agradecimiento.

Pero la lista no acaba aquí. Existe otra serie de «rituales» que garantizan la fortuna repartidos por diversos puntos de Sevilla y que podrá conocer en la segunda parte de este reportaje.