El atractivo turístico de un lugar queda descrito por diversos factores, no siempre controlables. El patrimonio artístico y natural, el clima, las tradiciones y la idiosincrasia de los pueblos juegan a favor, pero también, y de manera muy notable, lo hace su gastronomía.

Sevilla es el tercer destino urbano del país. Poco queda por añadir sobre su legado, su luz y temperatura, y aunque es célebre por la cultura de la tapa los nuevos tiempos han abierto infinidad de posibilidades en el sector culinario.

Según Food tourism 2014, estudio de The blueroom Project acerca de descubrir países a través de sus sabores, España queda por delante de países punteros en cuanto al turismo como son el Reino Unido, Italia o Francia. Es el momento de que Sevilla se posicione a la cabeza de las opciones nacionales.

Gastronomía sevillana / Juan Flores

Gastronomía sevillana / Juan Flores

Con tal objetivo, la ASET (Asociación Sevillana de Empresas Turísticas) ha celebrado un foro en el que debatir las posibilidades de Sevilla como destino gastronómico, en el que encontrar aquellos puntos en los que es posible implementar lo que terminará por marcar la diferencia respecto de otras capitales.

«La formación es la clave», ha asegurado Pedro Oliver, director de la Escuela Superior de Hostelería de Sevilla de la que han salido varios cocineros con Estrellas Michelín por todo el mundo.

«Un robot de cocina te saca un plato, y lo saca bien, por eso no basta con saber cocinar. Hay que trabajar la intención, la dirección, la pasión por lo que se está creando», ha añadido.

Oliver ha recordado los distintos tipos de turismo, y cómo cada uno exige unas nociones gastronómicas. Además del cultural, con su comida típica, existe el deportivo, «en el que cada disciplina exige una dieta distinta», o el familiar, «con especial atención al menú infantil».

También está el de mayores, «un público que no se conforma con cualquier cosa», y, con cada vez mayor presencia, el de las intolerancias.

Turistas disfrutando de la gastronomía sevillana en la calle Mateos Gago / Rocío Ruz

Turistas disfrutando de la gastronomía sevillana en la calle Mateos Gago / Rocío Ruz

«En Europa hay 2 millones de celíacos, que acuden a varios congresos en el año. Por lo general se celebran en capitales menos turísticas que Sevilla, pero que les ofrecen una amplísima oferta adaptada que aquí no hay».

Además, el turismo gastronómico es beneficioso para otros sectores. Ya no sólo para los transportes, alojamientos, ocio, boutiques o tiendas de souvenirs, sino para la propia industria agroalimentaria local.

Dos fórmulas

En tiempos en los que conceptos como Truck food (camioneta que sirve comida de calidad) o Street food (puesto ambulante con buena cocina) son reclamo europeo, el Foro presentó dos iniciativas sevillanas.

Una de ellas fue la de Gastrocouching, que busca fomentar la comunicación, el trabajo en equipo, la dirección por objetivos… a través del couching grupal, competencias básicas para el buen funcionamiento de cualquier empresa, pero en este caso aplicadas al sector de la gastronomía.

«Más allá de la tradición y el tipismo, Sevilla es creatividad, y eso puede lograrse también con la cocina», ha explicado la directora de EntrenArte y responsable del proyecto, Elena Baena.

«La idea me surgió en el Mercado de Triana, al que me acercaba cada sábado maravillada por el colorido y variedad del género, algo que seguramente no conozca el que visita Sevilla».

De izq a dcha: Pedro Oliver, Gustavo de Medina (presidente ASET), J. Luis Fernández, Elena Baena y Rafael Domínguez (director gerente ASET) / V.G.

P. Oliver, Gustavo de Medina (presidente ASET), J. Luis Fernández, E. Baena y Rafael Domínguez (director gerente ASET)

Justo en la orilla de enfrente se sitúa la otra iniciativa expuesta en el Foro ASET. Se trata del Mercado de La Lonja del Barranco, «prácticamente el único de España en ofrecer servicio de cóctel, terraza, copas y alquiler de espacios», ha comentado Juan Luis Fernández, su director comercial.

Con vistas al turismo de congresos, por ejemplo, con La Lonja del Barranco «la organización se asegura que ningún cliente se quede sin comer, al haber 16 tipos de cocinas, estilos y platos adaptados a las intolerancias».

Fernández ha recordado que todos los puestos (salvo uno) y la plantilla son andaluces. «El visitante que se asoma al Mercado, respira Sevilla, su acento, su guasa, sus sabores».

Y es que, ¿acaso cuando se recuerda un viaje, unas vacaciones, la imaginación no vuela en busca de la experiencia culinaria?. Para bien o mal, la cocina es expresión máxima de la cultura. Y de eso Sevilla no anda escasa.