El ideal de turismo está cambiando. Son muchas las personas que no se quieren quedar en las visitas a los principales monumentos y emblemas de la ciudad de destino sino que quieren vivirla como un local. Una de esas ciudades que los turistas ansían vivir es Sevilla y como para poder vivir hay que comer ¿qué mejor que sentar a un turista a nuestra mesa y sumergirnos en un intercambio cultural con un garantizado buen sabor de boca?

Una caldereta de la abuela, la tortilla de patatas de una madre o la receta familiar de las croquetas son ese tipo de regalos para el paladar que debería poder estar al alcance de todos. El ritual gastronómico de cada rincón del mundo habla mucho de la cultura y de la riqueza de materias primas. Algo en lo que Sevilla es buen ejemplo ya que, muchos estarán de acuerdo, es una de las ciudades del mundo donde mejor se come.

Bajo esta premisa, han surgido en Sevilla varios proyectos de turismo alternativo que ofrecen este servicio. «Cuando quieres probar la comida de un país te vas a un buen restaurante, pero te saldrá muy caro y además es muy probable que no esté como la verdadera comida casera» cuenta David Ciudad impulsor de «Not just a tourist», uno de estos proyectos turísticos que muestran a los visitantes una Sevilla diferente.

«Entrar en la casa de una familia de otro país, hablar con ellos, comer lo que comen ellos de la manera en la que se cocina en una casa, enriquece mucho un viaje y la visión de la forma de vida que tienen en un lugar» explica David que ha probado esta actividad en otros países que ha visitado. «Hace unos años, en Londres me apunté a una actividad como esta. El hecho de que un total desconocido le abra la puerta a otro desconocido al que le ha preparado la cena, ya dice mucho de esas personas. La experiencia cambia por completo la forma de ver las costumbres de un país».

Porque en el fondo es eso, experiencia. Lo importante de sentar a un turista a tu mesa es intercambiar tu rutina por la cultura extranjera que ellos aportan al menú de esa noche. Lo fundamental para el visitante es conocer cada tradición desde los más tradicionales, los locales del país destino.

La comunicación intercultural

Al tratarse de una actividad contratada en su mayoría por extranjeros, es fundamental que las «familias de acogida» sepan inglés. «Como requisito fundamental hay que saber inglés, pero inglés de conversación. Que las dos partes no se entiendan con soltura impiden que la experiencia sea plena ya que se perderían la parte más importante: la comunicación». Dentro de este factor se incluye que el «host» sea local «o al menos uno de ellos, esta experiencia la pueden disfrutar familias que sean mezcla de un local y un extranjero» explica David.

Si a esto se le suma un poco de arte culinario en los platos más típicos, ya se puede ser un anfitrión perfecto. «Hay mucha gente que ha acabado siendo muy amiga y siguen en contacto y es que la experiencia es enriquecedora para ambas partes». Lo importante de todo esto es que todos se sientan como en casa, tanto los que acogen, por una cena, a un extraño como los que se introducen en la vida de unos auténticos desconocidos. El anfitrión establece el menú, 100% tradicional, pone el precio a pagar, pero también pone esa confortabilidad casera que ningún restaurante tiene pero que ofrece la mejor visión de la cotidianidad sevillana.

 

Foto principal: Javier Esquivias

Foto interior: Manu Trillo